Méndez Vides, el escritor que recorre su oficio sin perseguir medallas

Gilberto Adolfo Méndez Vides tiene claro que desde su papel como autor, le interesa más escribir que recibir premios. También es franco en reconocer que a través de esos reconocimientos, como el reciente Premio Nacional de Literatura 2025 «Miguel Ángel Asturias», se obtienen ciertos beneficios, donde destaca uno que le parece importante: «van a publicar una de mis novelas para que pueda llegar a más estudiantes»

Tras cerrar el 2025 en silencio, sin explicaciones y una especie de limbo administrativo institucional por parte del Ministerio de Cultura y Deportes, que demoró la entrega del máximo reconocimiento …

Christian Gutiérrez

Tras cerrar el 2025 en silencio, sin explicaciones y una especie de limbo administrativo institucional por parte del Ministerio de Cultura y Deportes, que demoró la entrega del máximo reconocimiento a la literatura nacional, en enero de este año se hizo público que Méndez Vides fue el ganador.

Para profundizar en ese hecho, pero también en su productiva trayectoria, que incluso lo llevó a escribir columnas de opinión que luego se convirtieron en una novela y ensayos, Agencia Ocote conversó, en enero de 2026, con Méndez Vides el autor que recorre su oficio de escribir sin perseguir medallas.

Además de agradecer a sus maestros y otros personajes con los que ha convivido a lo largo de su vida, Méndez Vides también es franco en dar detalles de aquello que puede o no cambiar cuando lo que llama «bulla» del reconocimiento se acaba, no sin antes destacar que eso le permite poner sus libros otra vez en las librerías y en manos de nuevas lectoras y lectores.

Autor de Las Catacumbas, también de Las murallas, galardonada con el Premio Mario Monteforte Toledo en 1997, Méndez Vides nació en Antigua Guatemala, en el departamento de Sacatepéquez. Su obra ha transitado entre la ficción urbana y la exploración de las tensiones sociales.

Luego de la publicación oficial que lo acredita como el ganador del Premio Nacional de Literatura 2025 «Miguel Ángel Asturias»  ¿Cómo interpreta el retraso del Ministerio para anunciar el fallo?

Eso es una cosa administrativa y en Guatemala todo funciona algo así, en todas las cosas que vemos hay retrasos, pero al final de cuentas lo que importa, en el caso mío, es que hubiese sido favorable. Si es una semana o es otra, es irrelevante a estas alturas del partido.

Cuando llega un premio así, ¿qué le mueve a usted como escritor? ¿Qué cambia y qué no cambia en su vida?

A uno como autor lo que le interesa es escribir, no ser premiado. Uno como escritor lo que espera es que la obra llegue a los lectores. La posibilidad de tener algún honor se da por añadidura, los premios llegan por añadidura. 

A mí me llegó y he tenido unos días de luz y esto es como un dulcito que me he puesto en los labios, pero sé que se va a acabar en unos 15 minutos. Esto también le da a uno varias ventajas. Una es que van a publicar una de mis novelas para que pueda llegar a más estudiantes.

¿Qué efectos concretos cree que puede tener este premio para su obra?

La bulla y la promoción nos hace estar vivos, nos hace estar presentes, hace que nuevamente las librerías y los promotores de la cultura se fijen,los clubs de lectura comienzan a llamar. 

Yo he tenido una reacción muy curiosa, siempre he estado sujeto a creer que este tipo de premios también genera contrariedad con personas que no les gusta lo que uno escribe. Pero ha sido muy satisfactorio ver que todo ha sido más positivo de lo que pudiera haber supuesto.

Usted ha dicho que «lo que importa son los libros y no los autores». Con esa idea, ¿cómo convive con un reconocimiento que al final es personal?

Los premios son a las personas. Uno puede pasar escribiendo toda la vida, morirse y que nadie lo haya editado ni leído, esa es una suerte que uno se juega en esto.

Yo sé que son los libros los que van a permanecer, no uno. Pero cuando se dan estos casos sí son personales. 

Cuando dan un premio como el Premio Nobel, generalmente es al autor y a alguna obra especial, ahí está usted dándole importancia a los dos. ¿Qué de los dos es lo más importante? Pues la obra. 

Yo esperaría que sean las obras las que a la larga permanezcan y no uno.

Usted ha escrito columnas de opinión durante décadas, y una parte importante salió en ElPeriódico que cerró en 2023. ¿Cómo dialoga esa escritura periodística con lo literario?

Yo empecé a escribir mis primeras columnas o mis primeros artículos en El Imparcial allá por 1978. Teníamos una página, un grupo que se llamaba «Cuerpo sin lugar»,  publicamos poemas, cuentos, comentarios y lo hicimos durante un tiempo, pero quebró en  1984.

Después entré a trabajar con José Rubén Zamora. Durante 26 años escribí dos columnas semanales. Luis Aceituno me llamó para una columna de libros y después José Rubén me dijo: «Mira, no quieres también tener una columna sobre la realidad nacional, tenés libertad de hacer lo que quieras». 

Por una y otra columna siempre me pagaron, salvo cuando ya empezó a quebrar ElPeriódico y  yo lo seguí haciendo porque ya era una tradición y un hábito. Yo le tengo mucho cariño.

También escribí en Prensa Libre, publicaba cuentos los domingos. Ahí mismo estuve escribiendo por fragmentos lo que fue más tarde mi novela Las Catacumbas. 

En ese recorrido hay dos nombres que usted coloca como maestros —Tito Monterroso y Mario Monteforte Toledo. Cuéntenos más de ellos, quienes también recibieron el premio «Miguel Ángel Asturias»

Después de escribir para Prensa Libre, me quedé encerrado escribiendo esa novela hasta terminarla, del 84 al 86 más o menos. Cuando tenía lista la novela, me contaron que había un premio en Nicaragua, lo mandé y gané el premio, ahí conocí a Tito Monterroso.

Tito Monterroso de pura voluntad agarró mis primeros cuentos y los llevó a México donde los publicaron y  se aseguró de que me pagarán los derechos de autor.

Luego escribí Las Murallas y tuve la suerte de ganar el premio de Mario Monteforte Toledo, y ahí también me hice su amigo. Apenas nos conocíamos cuando  Monteforte Toledo va a hablar con el editor a México y le convence de que publiquen Las murallas en Alfaguara en México y así empieza mi carrera ya con editoriales formales. 

Puedo decirle con gran orgullo que fueron mis dos maestros y los dos recibieron el mismo premio, a mí me llena de gusto poder compartir con ellos ese honor. 

¿Qué rol han tenido los editores y las editoriales en su trabajo?

Cuando empecé no había tal cosa. Mis primeros cuentos fueron publicados por un proyecto que se llamaba Rin 78, que eran 16 amigos que ponían dinero para hacer ediciones pequeñitas y era lo único que había. 

Aquí en Guatemala tenemos un montón de trabajos muy buenos. Aquí está F&G, está Luis Méndez Salinas, que tiene una editorial -Catafixia- con su librería en el centro y las ediciones que hacen son increíbles. 

Hay un montón de sellos, aparte de los internacionales, a mí me publica Alfaguara, me publica Santillana,y todas son muy respetuosas, su trabajo es increíble.

Si tuviera que identificarse con un género, ¿con cuál se quedaría: novela, cuento o poesía?

He tenido diferentes épocas. Lo que puedo decirle es que ya los últimos 30 años me he concentrado en la narrativa: novela y/o cuento, los manejo indistintamente. Es narrativa la palabra. Yo lo que trato es de contar historias, soy un contador de historias.

¿Hay temas que le obsesionan o motivos principales que le empujen a seguir escribiendo?

Mientras uno está vivo, uno está creando y estamos inventando. La realidad se nos impone y nos da los temas. Uno no sabe de qué va a escribir nunca,surge de las circunstancias que uno vive, del mundo en el que uno habita, de la problemática que uno siempre tiene a su alrededor.

Sobre sus personajes: ¿hay hilos que se comunican entre ellos, o bien, entre usted y los personajes que crea?

Yo creo que en literatura el autor siempre está presente de alguna manera porque inventamos a partir de la realidad. Lo que yo soy, lo que yo siento, lo que a mí me preocupa va a aparecer en mis libros; la mirada que tienen los personajes pasa por mi mirada, aunque yo quisiera sentir que no, ahí estoy.

En mi primer libro hay un personaje que se llama Méndez Viedes  y aparece por China, Francia, Madrid, y en esa época yo no había salido más que a El Salvador. Después me di cuenta que el gran error era querer estar uno presente, desde entonces me salí de eso.

En los libros siguientes aparecen historias de personas comunes y corrientes: un migrante que se va a probar suerte en Nueva York, Estados Unidos, la aventura urbana de personas que luchan, obreros, contadores, policías. Los personajes tienen que salir de afuera, pero la vista de quien los ve siempre es la de uno.

¿Cuáles son sus referentes literarios, en general y en Guatemala?

Yo leo todo el tiempo de todo y de todos lados. Si me hablan de preferencias es casi imposible porque cada día que pasa uno tiene una preferencia distinta. Para mí, ahora Robert Musil es la gran referencia del mundo contemporáneo. Pero tampoco puedo apartarme de la cultura griega, soy un fanático lector de la Ilíada, la Odisea, la Divina Comedia… son las que no fallan.

Guatemala tiene muchos autores muy buenos como Rodrigo Rey Rosa, Eduardo Halfon, Dante Liano, y hay otros que lamentablemente ya no se mencionan tanto pero para mí siguen siendo vitales como César Brañas, Luis Alfredo Arango, Luis de Lión. 

¿Cree que el premio que logró este año puede acercar a más gente a su obra?

Seguramente. Ya me llamaron de las librerías, había gente preguntando y pidiendo libros. Una editorial me contó que estaban haciendo pedidos de ejemplares porque no había mucha presencia de mis libros en la librería. 

Eso da la oportunidad para que alguna persona por curiosidad se sume y vaya a ver qué es lo que yo he estado escribiendo. Es un impulso, por supuesto.

María Olga Domínguez Ogaldes

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