Curve of The Earth: Un disco imposible de dejar atrás

Para Edgar Zamora, columnista de Agencia Ocote, cada inicio de año llega con su ritual: volver a los discos que marcaron una época y medir el paso del tiempo en canciones. Entre aniversarios obvios y recuentos previsibles, hay álbumes que no necesitan redescubrirse porque nunca se fueron como Curve of The Earth (2016), el sexto disco de Mystery Jets, que cumple 10 años.

Al iniciar el año algunas personas melómanas tendemos a ver hacia atrás para reencontrarnos con aquellos discos que cumplen 10, 15, 20 años y que fueron importantes para nosotros.  Quizá …

Al iniciar el año algunas personas melómanas tendemos a ver hacia atrás para reencontrarnos con aquellos discos que cumplen 10, 15, 20 años y que fueron importantes para nosotros. 

Quizá sea algo heredado de los clásicos recuentos que hacen los medios especializados o quizá un mero ejercicio para sentir la nostalgia de que aquella música que marcó nuestra vida, va quedando cada vez más lejos. 

Y en esa vuelta al pasado, me doy cuenta que el Ahí Vamos de Gustavo Cerati y el Memo Rex Commander y el Corazón Atómico de la Vía Láctea de Zoé cumplen 20 años. También que el último disco de estudio de David Bowie, el magnífico Blackstar, cumple 10 años, al  igual que el Heads Up de Warpaint y  el A Moon Shaped Pool de Radiohead. 

Seguro  estos discos aparecen en los recuentos  de varios de los medios especializados más importantes y con razón, son materiales con la suficiente calidad y relevancia cultural para ser recordados por siempre.

Y entre todos los discos que podría nombrar en mi propio recuento, el que más me resuena es el Curve of The Earth (2016) de la banda británica Mystery Jets, un material que en enero cumplió 10 años, pero que no he tenido que redescubrir, porque ahora me doy cuenta que, de hecho, es uno de esos álbumes que nunca he dejado de escuchar. 

Mystery Jets es una banda del distrito de Twickenham en Londres que empezó en 2003 como una suerte de experimento familiar cuando Henry y Blaine Harrison, padre e hijo, empezaron a hacer música. 

No es casualidad que la música haya sido un proyecto para los Harrison pues Twickenham tiene una cultura e historia musical de peso, empezando por su cercanía con Eel Pie Island, donde, por ejemplo, The Rolling Stones iniciaron su carrera; Además, el guitarrista “Fast” Eddie Clarke de la banda de Mötorhead es originario de este distrito. 

Varios músicos pasaron por las filas de los Jets a través del tiempo, pero ya desde su primer álbum Making Dens (2006), Blaine, quien es el cantante, tecladista y guitarrista asumió el liderazgo y el mayor peso en la composición. Su padre Henry dejó de ser músico activo de la banda, pero sigue siendo acreditado como parte del grupo pues aporta, sobre todo, en la composición de las letras. 

Los Mystery Jets encontraron su estilo “marco” dentro del pop rock, pero a medida que iban publicando discos, fueron inventando formas más creativas de moverse dentro de este género musical y de esta cuenta, en su constante búsqueda por no repetirse, en Curve of The Earth, su sexto álbum de estudio, la banda dio un giro a lo complejo de la música más progresiva y psicodélica, no es casualidad que sus integrantes siempre han citado como influencia a Syd Barrett, Pink Floyd y a Adrian Belew de King Crimson.

Y es justamente esa aproximación pop a la psicodelia lo que hace de Curve of The Earth un álbum especial: melodías que enganchan para luego intensificarse en una espiral de caminos inesperados, muchas veces llevados por armonías vocales o elementos electrónicos algunos muy a lo Kraftwerk y todo con letras que abordan, desde una perspectiva surrealista, el amor, el odio, la pérdida y el miedo. 

El disco no fue necesariamente el éxito más grande de Mystery Jets, pero quizá sí sea su más arriesgado hasta la fecha: desde la guitarra que lleva punzante el tema de apertura Telomere, pasando por la melodía de Blood Red Balloon, y las armonías vocales de Saturnine, el álbum va construyendo una narrativa sonora que deja un humor especial en quien lo escucha, aún mucho después de la última canción The End is Up.

Y quizá sea por ese sentimiento especial, por ese humor que deja al escucharlo que, aún diez años después de su lanzamiento, sigo volviendo a este álbum una y otra vez. Aunque, como canta Blaine en Bubblegum: “Deep down I know I should leave the past behind”… pero luego también responde: “Maybe in time”.

Edgar Zamora Orpinel

Soy un buscador nato de tesoros musicales, un impaciente coleccionista de discos y un oído siempre dispuesto a escuchar música chilera. A veces hago el podcast Superorganismo y casi siempre soy comunicador social.

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