Memoria transmasculina: Félix, el estudiante de la masculinidad

Félix Endara comenzó a entenderse como hombre mucho antes de tener conciencia de que lo era. Fue tras migrar a Estados Unidos, en la década de los noventa, y luego de acercarse a referentes trans, que empezó a poner en palabras lo que sentía. Con los años fusionó su trabajo como artista con su activismo trans, lo que lo llevó a impulsar el proyecto Archivo de la Memoria Histórica Transmasculina de Latinoamérica.

Félix Endara creció en una familia migrante china y de clase media, en Guayaquil, Ecuador.  Su hogar era distinto al contexto más conservador que reinaba en ese país en la …

Christian Gutierrez

Félix Endara creció en una familia migrante china y de clase media, en Guayaquil, Ecuador. 

Su hogar era distinto al contexto más conservador que reinaba en ese país en la década de los setenta. Cuando tenía cinco años, cuenta que escondía las coletas que le hacían en su cabello bajo un sombrero de vaquero.

Cambiaba los vestidos por pantalones y chaquetas para convertirse en Jim West, el protagonista de una serie sobre agentes secretos en el Viejo Oeste. El personaje de Jim West se convirtió en su primer referente de masculinidad.

Más de cuarenta años después, ya no usa sombrero de vaquero. Cambió las chaquetas por una camiseta, pero aquellos recuerdos de infancia fueron sus primeros pasos intuitivos para nombrarse. 

Ahora su cuerpo, que representa el linaje de su familia china y su complexión atlética, son su hogar, pero también su escudo en contra de las violencias.

«Voy al gimnasio porque me ayuda, pero también mi cuerpo es mi armadura. No solamente es la presentación para verme lindo, sino porque me protege», asegura Endara.

En México, Brasil, Colombia, Honduras y Perú se registraron más de 1200 asesinatos de personas trans en 2024.

Según la organización Transgender Europe, los homicidios de personas trans en
Latinoamérica representa el 73 % del total mundial de los casos monitoreados.

Esos datos revelan que en América Latina, ser trans y sobrepasar los 35 años de edad, es un acto de sobrevivencia.

Asumir la vida como hombre trans

Félix cuenta que desde muy pequeño se rebeló ante su familia y se negó a volver a usar los vestidos que su madre le compraba, algo que sus padres aceptaron sin mucha resistencia.

«Si tú quieres ir a la escuela así, no hay problema», le dijo su madre. «Y yo estaba todo el día, desde la mañanita hasta las doce, con la chaqueta, sufriendo la masculinidad», asegura.

Al crecer, sus padres financiaron sus estudios universitarios en California y Nueva York, Estados Unidos. Fue durante su migración cuando comenzó un proceso lento para explorar su identidad. 

Leía libros a escondidas en la biblioteca, con miedo de que alguien lo viera y sospechara de un secreto que él mismo todavía no comprendía del todo.

Después de muchos años de identificarse como lesbiana, comprendió la transexualidad al conocer a dos compañeros de clase. 

Así comenzó su transición a los 30 años de edad, cuando ya no dependía económicamente de su familia, en una clínica comunitaria enfocada en la salud de personas LGBTIQ+, llamada Callen-Lorde, en Nueva York.

Un estudio que analizó los archivos del formulario de medicamentos recetados de los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid reveló que en Estados Unidos los gastos de bolsillo para la terapia hormonal de afirmación de género pueden ser considerables y van desde US$72 hasta US$3,792 dólares. 

En cuanto a las cirugías de afirmación de género (siendo la mastectomía el procedimiento más común), los costos rondan los US$6,927 dólares, US$45,080 dólares para la vaginoplastia y US$63,432 dólares para la faloplastia. 

Hombres trans frente a las «pantomimas de la masculinidad»

Felix comenzó su transición con una dosis baja de testosterona para que los cambios no fueran tan notorios. Sin embargo, tras la mastectomía y varios años de tratamiento hormonal, se volvió cada vez más difícil ocultarlo a su madre, incluso en llamadas.

«Cada vez que mi mamá me llamaba por teléfono y me decía: “Oye, ¿tienes alergia? ¿Estás con gripe? Te siento la voz diferente”, yo le decía que sí. Hasta que una vez me preguntó: “¿Estás tomando hormonas? ¿Te estás haciendo hombre?”».

Le sorprendió que ella conociera los términos. Comprendió que, así como él había investigado sobre la transición, su familia también lo había hecho.

Félix adapta la famosa frase de Simone de Beauvoir para decir: El hombre no nace, sino que se hace. Él mismo se ha hecho hombre.

Para lograrlo, se convirtió en lo que llama «estudiante de las masculinidades»: observó, imitó y analizó gestos, tonos y comportamientos que socialmente se leen como «masculinos».

Esto, para aprender y habitar su identidad transmasculina, para protegerse en espacios donde su seguridad dependía de saber camuflarse y para saber las «pantomimas de la masculinidad»

«Hay que caminar de cierta forma, hablar de cierta forma. Por ejemplo, enunciar es muy femenino. Hasta para orinar hay que tener un ritmo. Para mí, eso son las pantomimas de la masculinidad», asegura.

Félix puntualiza en que esa performatividad constante representa solo una de las muchas maneras de ser hombre que ha identificado.

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Carmen Valeria Escobar

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