Las mujeres migran más aún con los riesgos que eso representa

En la anterior dinámica de la migración, las mujeres eran quienes se quedaban en su país cuidando a sus hijos. Ahora, las mujeres migran más en busca de mejores oportunidades de trabajo y estudio o para reencontrarse con su familia, a pesar de que en el trayecto se ven expuestas a grandes riesgos.

El mito de Penélope, la esposa de Odiseo, relata que cuando su marido partió a la Guerra de Troya, ella estaría esperándolo en Ítaca durante mucho tiempo (La Odisea de …

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  • En Guatemala más mujeres buscan migrar en la actualidad, según un estudio realizado por la organización Diálogos entre población del área Metropolitana y del Altiplano Occidental.
  • A pesar de los riesgos por tanta criminalidad y la violencia de género, las mujeres se arriesgan a migrar ante la necesidad económica de su familia o la necesidad de superación personal.
  • Según la antropóloga Lisbeth Gramajo, a partir de la década del 2000 las mujeres empezaron a migrar por la oportunidad de trabajos que, por su naturaleza, no eran dados a los hombres.

El mito de Penélope, la esposa de Odiseo, relata que cuando su marido partió a la Guerra de Troya, ella estaría esperándolo en Ítaca durante mucho tiempo (La Odisea de Homero).

En el mito, tras años de que Odiseo no regresara, Penélope tuvo muchos pretendientes, quienes aseguraban que su marido había fallecido en la guerra.

Penélope decidió esperarlo y ganaba tiempo prometiéndoles que escogería a uno cuando terminara de tejer un tapiz.

Sin que nadie la viera, durante las noches deshacía lo que había trabajado en el día. Esto le dio tiempo hasta que Ulises regresó.

Esta historia la vivieron miles de mujeres guatemaltecas esposas de migrantes. Su papel era como el de Penélope, esperar.

Sin embargo, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), cada vez más mujeres migran de forma independiente. 

Actualmente, las mujeres representan el 48% de las personas migrantes a nivel mundial, según la OIM.

En Guatemala, de enero a octubre de 2024, la OIM registró que de cada 3.9 personas adultas retornadas, 1 es mujer.

Fuente: Elaboración propia con datos del Instituto Guatemalteco de Migración.

Para Lizbeth Gramajo, antropóloga y politóloga y coordinadora de la Red Jesuita con Migrantes de Centroamérica, en los orígenes de la migración guatemalteca eran los hombres quienes lo hacían.

A partir de la década del 2000, los mismos hombres migrantes notaron que había una brecha de oportunidad para las mujeres, según Gramajo.

«Los hombres en Estados Unidos empezaron a decirle a las mujeres que emigraran porque había oportunidades de trabajo que normalmente no se las dan a ellos».

«Eso tuvo que ver con que las mujeres guatemaltecas empezaran a migrar, algo que no era costumbre en Guatemala», afirma la investigadora social.

Gramajo recuerda que las primeras migrantes fueron las esposas, encontrando trabajos como cuidando de niños o ancianos. 

Al estar allá en pareja se podía conseguir dinero más rápido y eventualmente regresar más rápido al país. 

La antropóloga indica que ahora ya no sólo las esposas emigran, también hay mujeres jóvenes que buscan oportunidades.

Indica que estos trabajos pueden ser en labores de cocina, cuidado de niños o incluso trabajos agrícolas como recolección de frutas. 

Pero, ¿por qué migran las mujeres?

Según el estudio Cruzando Fronteras sobre las motivaciones para migrar en el área metropolitana y el altiplano occidental de Guatemala, realizado por la organización Diálogos, las mujeres tienen un mayor índice de motivación para migrar, pero un menor índice de seguridad y bienestar que los hombres.

Gráfico: Razones por las que hombres y mujeres entrevistados han pensado migrar durante el último año.

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Fuente: Elaboración propia con datos de la Encuesta de Migración y Violencia en el Área metropolitana y Altiplano Occidental.

El estudio de Diálogos, presentado el pasado noviembre, indica que dicha motivación está relacionada con las condiciones de vida en su comunidad.

También por tener menores oportunidades económicas en el ámbito familiar y menor seguridad en el ámbito familiar, en comparación con los hombres.

En conjunto, por dificultades económicas y de empleo, problemas ambientales, y la percepción comunitaria de inseguridad y violencia, las mujeres ahora aspiran más a migrar.

Las esposas de migrantes dependen económicamente de ellos o de apoyos del Estado.

Gráfico. Porcentaje de hogares que reciben remesas o bonos sociales según el sexo del jefe del hogar.

 

Fuente: Elaboración de Diálogos con datos de la Encuesta de Migración y Violencia en el Área metropolitana y Altiplano Occidental.

Sus vidas están marcadas por la inequidad, la desigualdad y la exclusión. Esta problemática las ha privado de sus derechos y de su desarrollo personal y colectivo. 

Aunque la mayoría de las encuestadas no está de acuerdo con migrar, una de cada cinco en el altiplano occidental (mayas y mestizas) lo consideraron en el último año, según el estudio.

De igual forma, en el área metropolitana un porcentaje similar de mestizas lo consideró, pero la cifra se duplica en el caso de las de origen maya. 

Gráfico: Porcentaje de mujeres que ha considerado irse a vivir (migrar) a otro país durante el último año, por región y por pueblo.

Fuente: Elaboración de Diálogos con datos de la Encuesta de Migración y Violencia en el Área metropolitana y Altiplano Occidental.

Estas cifras también pueden sugerir que la vida es más difícil para las mujeres mayas en el área metropolitana.

La aspiración por un futuro mejor ocurre aunque ellas están conscientes de que su trayecto y la integración en el país de destino puedan ser violentos.

El drama de ser mujer migrante

Carmelita Ixcol, doctora en Psicología Social, menciona en Las mujeres del Altiplano Occidental y la migración irregular que las mujeres son víctimas de violencia sexual en su trayecto migratorio.

Por esta razón, pero motivadas por un futuro mejor, algunas deciden inyectarse para no resultar embarazadas en caso de ser víctimas de una violación.

Ixcol lo explica en palabras de una participante de un grupo focal realizado para el estudio Cruzando Fronteras de Diálogos.

«Cuando van las mujeres, son violadas. Además de ser violadas por los coyotes, las violan a donde llegan a trabajar. Y las enfermedades que contraen. Por eso les dicen que se inyecten antes de irse porque es seguro que pasan por varios hombres. Entonces resultan embarazadas y se quedan en la intemperie, abandonadas», comparte una participante en el grupo focal.

«En el caso guatemalteco, cuando uno habla de mujeres, se debe entender que hay una realidad diversa», explica Ixcol a Ocote

«Dentro está la cultura maya, que se encuentra en la región del altiplano analizado en el estudio. Hay diversas cosmovisiones, pero es importante entender a las propias mujeres y hombres dentro de ese marco», explica. 

Además del concepto de género, menciona Ixcol el entender la discriminación que históricamente han vivido los pueblos mayas en Guatemala.

Es por ello que explica: «Si lo vemos desde el concepto occidental, hasta podríamos pensar que deberían de irse más mujeres por el derecho de migrar».

«Pero llevándolo a un acercamiento de los pueblos mayas, se trata de comprenderse como familia en ese sentido colectivo», aclara.

Sobre por qué se van las mujeres con hogar, hay varias explicaciones culturales, según la doctora en Psicología Social.

«Llegan a sentir el impacto de las familias divididas. Las casadas deciden irse porque el esposo está allá y quiere cuidar su matrimonio. Cuando los esposos se olvidan de ellas, tienen que buscar formas de sostener su economía».

La violencia que no se ve

Aracely Martínez, antropóloga y doctora en Migraciones Contemporáneas, menciona que existe una violencia directa y una violencia estructural.

La primera es por todos conocida, pero la segunda no se ve, no se percibe y se normaliza. 

Esta violencia estructural se trata de la ausencia de posibilidades de desarrollo, según la experta.

«Se percibe en que no tienen acceso a servicios de salud, porque tampoco tienen pertenencia cultural, ni existe la protección social si no trabajan en el mercado formal».

«La violencia estructural es tan amplia y se ve en diferentes aristas», menciona Martínez.

Afirma que hasta la crisis climática y los proyectos extractivos impactan a las mujeres, esto último se refleja en el desalojo de comunidades.

«Cuando hablamos de violencia, debemos verlo desde un espectro más amplio, no solo desde la violencia de calle, que igual es grave», reflexiona. 

Qué hacer por las mujeres migrantes

Así como los riesgos de violencia son muchos para las mujeres, también las oportunidades para migrar protegidas debe ser prioridad.

Esto debe incluir programas específicos de Estado ante un posible retorno.

Así lo consideran las expertas consultadas. 

«El desafío es la reintegración. Lamentablemente en Guatemala no hay programas o políticas que atiendan este fenómeno», menciona Lizbeth Gramajo. 

«Todo el seguimiento para su protección tiene que ser integral y debe ser diferenciado según el perfil de ellas», afirma.

Para Aracely Martínez, la respuesta se encuentra en encontrar formas regulares de migración. 

«Se habla hasta el cansancio de prevenir sobre la migración, pero eso no es viable, las personas van a migrar, ya sea por necesidad o en busca de nuevas oportunidades».

«Si hablamos de migración, también hablamos de rutas regulares para hacerlo, lo que implica migración laboral, visas de trabajo, formas para que las mujeres puedan salir de manera segura y ordenada y con derechos».


Si te interesó el informe de Diálogos, te invitamos a leerlo completo en este enlace y que conozcas más sobre su trabajo.

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