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Podcast: La verdad y la memoria

Los años más crudos del conflicto armado interno en Guatemala se vivieron durante 1982 y 1983. La política de tierra arrasada y otras campañas contrainsurgentes tenían el fin de combatir y eliminar a la población indígena. En 2013 mujeres y hombres ixiles se presentaron ante un tribunal para compartir su testimonio y contar cómo el ejército había acabado con sus comunidades y familias. ¿Cómo lo hicieron? ¿Por qué eligieron remover la herida para que se supiera lo que había pasado?

Este es un episodio de podcast. Para escucharlo, dale play al reproductor: Lee aquí la transcripción del podcast Narradora: Santa María Nebaj despierta temprano. Antes de las siete de la …


Este es un episodio de podcast. Para escucharlo, dale play al reproductor:


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Narradora: Santa María Nebaj despierta temprano. Antes de las siete de la mañana, las personas caminan presurosas hacía su trabajo. Otras ya están en sus negocios, listas para comenzar el día. Las nubes todavía cubren las montañas que rodean el municipio. Hace frío, pero el sol empieza a calentar.

Parece un día como cualquier otro, pero hoy pasa algo diferente aquí. En uno de los cantones de Nebaj, entre el ruido de carros, motos y murmullos; más de 100 hombres y mujeres ixiles esperan los buses que los llevará a la ciudad de Guatemala, a más de 200 kilómetros. En vehículo, por las sinuosas y dañadas carreteras de Guatemala, serán unas seis horas de camino. 

Estas personas van a ir hoy a testificar a la audiencia del juicio por genocidio. Es 18 de marzo de 2013 y falta un día para que comience el juicio.

Narradora: Los autobuses avanzan entre las curvas y pendientes pronunciadas de la carretera que sale de Nebaj, al occidente del departamento de Quiché. Entre esa danza turbulenta de cruces y vueltas, algunos duermen, otros platican y hay quienes solo observan el paisaje, en silencio.

Juan Velasco Pérez: Yo iba casi cerca del piloto, pues, por cualquier cosa y yo aviso a ellos. Si alguien dice que me quiero ir al baño, pues ah, bueno, entonces yo aviso al piloto que podemos buscar un lugarcito para descansar y quedarse al baño. Pero la gente… algunos platicando, algunos bromeando y otros durmiendo y otros pensando.

Narradora: Él es Juan Velasco Pérez. Hoy tiene 59 años. Entonces, cuando viajaba en uno de estos buses, tenía 49 . Es de la aldea Pulay, en Nebaj. Juan es uno de los coordinadores que se encargó de la logística del viaje. Los vehículos donde se mueven están custodiados por patrullas de la Policía Nacional Civil y personas de la Procuraduría de los Derechos Humanos.

Juan Velasco Pérez: Hay momentos que cuando llegamos en algún lugar y la gente se descansa se queda en el baño, busca un lugarcito donde pueden descansar un poquito porque viajar es demasiado, se cansa la gente y además eso no es tan acostumbrado.

Narradora: Esta es la primera vez que muchos de ellos van a la capital. Para algunos va a ser la primera vez que hablen ante cientos de personas, sobre lo que ellos, sus familias y sus comunidades vivieron en el conflicto armado interno, en los años más cruentos de la guerra. Hoy se sienten acompañados. Así dice ahora Elena de Paz, una de los testigos.

Elena de Paz: Ellos nos llevaron cuando nos fuimos a testificar, los Ministerio Público también iban. Y yo en mi persona, yo pensé que sola, yo pensé que sola, que me pasa esto pues, pero ya cuando fui a testificar pues ya no, no estoy sola, sino que muchos nosotros llegamos igual.

Narradora: Los buses se pierden entre las montañas, despacio. Adentro, hombres y mujeres ixiles llevan la memoria de sus padres, abuelas, hijos, hijas, comunidades enteras. El mundo está a punto de conocer lo que pasaron. Lo van a escuchar de sus bocas.Soy María Olga Domínguez Ogaldes, periodista de Ocote, y este es un episodio parte del especial «Decimos la verdad: a 10 años del juicio por genocidio». Esta vez iremos a Santa María Nebaj, en Quiché, para conocer algunas historias de las personas que en 2013 eligieron sentarse frente a un tribunal y relatar las atrocidades que el pueblo ixil había vivido en el conflicto armado interno de Guatemala. El objetivo: que se hiciera justicia.

Bernardo Bernal: Mucho gusto, mi nombre es Bernardo Bernal Guzaro. Soy nacido en esta comunidad, originario de esta comunidad. Aldea Canaquil, municipio de Nebaj, departamento de Quiché.

María Cedillo: Mi nombre es María Cedillo Cedillo.

Elena de Paz: Mi nombre es Elena de Paz Santiago.

Narradora: Bernardo, María y Elena son de Nebaj, Bernardo es de la aldea Canaquil, María de Río Azul y Elena nació en Janlay.

Santa María Nebaj es un municipio de Quiché, un departamento al noroccidente de Guatemala. Está rodeado de montañas, donde las ovejas y las vacas pastan.La mayoría de caminos son de terracería, y conectan a la cabecera del municipio con otras aldeas. En esta época, al mediodía, el sol suele pegar fuerte en Nebaj. Pero la temperatura baja por la tarde, el frío se siente en los huesos.

Antes del conflicto armado, antes de la guerra que duraría desde 1960 hasta 1996, Nebaj era diferente.

María Cedillo: Cuando estábamos en mi casa era muy alegre porque caminamos, jugamos, y jugamos en la escuela. Así, bonito viene en el pueblo, caminando en pie porque tenemos que caminar una hora, creo, o más. Pero cuando empezaron, ya quedamos tristes porque nos quedamos sin casa cuando llegó el Ejército, allá con mi mamá.

Narradora: Así lo recuerda María Cedillo Cedillo. En enero de 1982, cuando tenía 17 años, el Ejército invadió su aldea, Río Azul. 

En los ochenta, la violencia en Quiché, y especialmente en Nebaj, aumentó. Según un informe desclasificado de la CIA, en febrero de 1982, durante el mandato de Romeo Lucas García, ya se contemplaban operaciones militares en la región ixil. Esta región, conocida militarmente como «Triángulo ixil», cubría los municipios de Santa María Nebaj, San Juan Cotzal y San Gaspar Chajul.

En este documento se predijo que esto podría producir «enfrentamientos importantes» con la guerrilla y «graves abusos de derechos humanos por las fuerzas armadas». También especificaba que el general Benedicto Lucas García, que entonces era jefe del Estado Mayor del Ejército, había indicado que sería necesaria la destrucción de algunas aldeas.

Según el Informe del Proyecto interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica, o como mejor se le conoce en Guatemala, el REMHI, para llevar adelante estas estrategias, el ejército analizó cómo las comunidades se podían llegar a relacionar con la guerrilla en las distintas zonas del país.

En las «zonas rojas» había bajo control de la guerrilla. En las «rosadas» había presencia de la guerrilla y las «zonas blancas» eran áreas que no estaban afectadas por la guerrilla. La región ixil fue catalogada como zona roja. 

Otto Pérez Molina: La verdad es que hay un dicho que es muy real: la población civil es a la guerrilla lo que el agua es al pez. En este caso la guerrilla no puede subsistir si no tiene el apoyo y la colaboración de la población. 

Narradora: Escuchas a Otto Pérez Molina, cuando era mayor del Ejército, en una entrevista que le hicieron los periodistas Allan Nairn y Jean-Marie Simon para su documental Titular de hoy: Guatemala. Esa era la estrategia del Ejército: quitarle el agua al pez. 

Durante su mandato, que inició en 1978, Romeo Lucas García había comenzado con el terror. La violencia contra la oposición política creció y casi al final de su período, a inicios de los ochenta, instaló la ofensiva de tierra arrasada en la región ixil. El ejército empezó a llevar a cabo estrategias para acabar con las comunidades: masacres, quema de aldeas y desabastecimiento.

El 23 de marzo de 1982, Efraín Ríos Montt dio un golpe de Estado militar. Durante su mandato, aplicó los que se conocieron como el Plan Campaña Victoria 82 y el Plan de Operaciones Sofia. Uno de sus principales propósitos era perseguir y eliminar a la población de la región, a la población ixil.

Mientras en la ciudad, Ríos Montt tomaba el poder, en Nebaj la violencia aumentaba. El 25 de marzo de 1982, sólo dos días después del golpe de Estado, El ejército llegó a la aldea Canaquil, en Santa María Nebaj. Ahí vivía Bernardo Bernal.

Bernardo es un hombre bajito. Usa el pelo corto y tiene los ojos cafés. Hoy viste un pantalón de lona, una camisa de botones blanca y unas botas. También usa un sombrero, que se quita al saludar. Estamos en un terreno amplio, con algunos árboles en medio y a los costados. Al lado izquierdo está su casa: dos cuartos de madera y techo de lámina. Entramos a donde duermen él y su esposa. Un rayo de sol se cuela por un hoyo de la lámina. Bernardo toma un banco de plástico y se sienta. Mientras sus hijas más grandes cocinan y la más pequeña juega con un gato, él habla de cuando perdió a su familia, cuando era un niño.

Bernardo Bernal: Esos tiempos que lo masacraron los ejércitos, pues en ese tiempo pues yo miro los ejércitos, lo agarraron a mi papá, lo agarraron y lo pegaron y lo arrastraron delante de mí. Estoy sentado a su lado y fueron a jalar a mi papá de mi lado y me quedé ahí. Después llegó otro soldado a jalar a mi mamá con mis dos hermanitos. Mi mamá cargaba el menor de un año, cargaba. Mi hermanito, que tenía cinco años, lloraba, pero yo andaba atrás de ellos y bajamos.

Narradora: Bernardo recuerda que se escapó de los soldados, corrió lo más rápido que pudo y se escondió bajo una planta grande que lo cubría lo suficiente para que nadie lo viera. Desde ahí observó cómo el ejército asesinaba a sus vecinos y a su familia. 

No es la primera vez que Bernardo cuenta esta historia. Seguramente tampoco será la última. Al recordar, se le llenan los ojos de lágrimas. El ejército asesinó a la familia de Bernardo el 25 de marzo de 1982.

Su historia, y las de otras personas de Nebaj, muestran que la violencia continuó después del golpe de Estado de Ríos Mont. 

En un telegrama desclasificado de la CIA, se describen los operativos de barridas en las comunidades de la región ixil que los militares estaban haciendo. 

También se demuestra que el objetivo de la operación era destruir todos los pueblos y aldeas sospechosos de apoyar al Ejército Guerrillero de los Pobres.

Según el autor del telegrama, el ejército estaba convencido de que toda la población indígena ixil apoyaba a la guerrilla.

Después de lo que vivió, a Bernardo, un niño de ocho años, no le quedó más que huir.

Bernardo Bernal: Bueno, en ese tiempo… como esa hora me salí. Me fui abajo en Xoloche y me fui a La Joya, hasta abajo de la comunidad Chabuc. Ahí me fui a esconder, pero como que sentí un dolor, pues como me entró un susto, bailaba mucho mi cuerpo. Solito, ahí estuve como unos tres horas, cuatro horas bajo los montes y me salí como a las tres o las cuatro ahí como a esa hora.

Narradora: Bernado se encontró con una vecina que le ofreció comida y un lugar para dormir. No sabía qué iba a hacer. Se había quedado sin su familia y no tenía a dónde ir. 

Otras personas de la región también tuvieron que irse de sus casas, escapar y esconderse en las montañas. El ejército invadía las aldeas, las quemaba y cortaba la milpa. Sólo dejaban ceniza, lugares inhabitables. 

Elena de Paz: Salimos y como yo estaba más chiquita, porque solo me llevan entre el bulto, encima el bulto, pues. Cuando nos levantamos temprano, ya no estamos en la casa sino que ya estamos en la montaña, pues, escondida.

Narradora: Ella es Elena de Paz Santiago, ahora tiene 50 años. Nos recibe en su casa en la aldea Saj Putaj. No está sola. Dos de sus nietos la acompañan. Elena tiene su pelo negro y largo atado en una cola que cae hasta su cintura. Su huipil y corte son rojos. En su cuarto hay fotos de ella, de sus abuelos y también de un hijo suyo que murió. 

Con la voz baja, explica cómo su familia huyó de la aldea. Elena apenas tenía 12 años en 1982.

Elena de Paz: Nosotros nos vamos a esconder, ya estamos mirando. Cuando llegaron los soldados, tapiscaron toda la mazorca y ahí se juntaron todo. ¿Qué es lo que hizo? Cuándo regresó, empezó a quemar y ahí ya no tenemos comida. Porque todo quieren ellos que nos vamos a morir todos.

Narradora: En la montaña hacía frío y había poca comida. Comían muchas plantas como la hierba de Santa Catarina, una hoja grande y verde, que normalmente se usa como comida para las gallinas. Tenía un sabor amargo y a Elena no le gustaba. 

Después de varios meses en la montaña, la mamá de Elena decidió que lo mejor era volver, estaba desesperada. El ejército las encontró y con una falsa promesa de ayudarlas las llevó al destacamento militar en Tzalbal, al norte de Nebaj. Ahí Elena y su mamá fueron víctimas de violencia sexual. 

Según el REHMI, el desplazamiento forzado en Guatemala adquirió dimensiones masivas al principio de la década de los ochenta. Las condiciones de vida, el clima de miedo y la violencia, empujaban a las personas a movilizarse.

Hubo alrededor de un millón de desplazados internos y más de 400 mil exiliados. Alrededor de 20 mil vivieron en la montaña durante años.

María Cedillo también huyó a la montaña junto a su familia y otras familias de la comunidad Vivieron en la montaña durante cinco años. Se movían de un lado a otro. A veces bajaban a alguna aldea, pero regresaban a la montaña para que no los encontrara el ejército. En 1987 llegaron a Ixcán, en donde encontraron refugio. 

María Cedillo: Entonces la gente se fue ya para la montaña y como quemaron todas las milpas, machetearon las milpas y quemaron los ranchitos. No hay donde vivir, si yo fui con mi mamá con las gentes, como salió un grupo de gente que va a ir a Ixcán, entonces nosotros fuimos con la gente y con mi mamá, así yo llegué a Ixcán.

Narradora: En Ixcán había una Comunidad de Población en Resistencia. El REHMI calcula que unas 20 mil personas se organizaron en las llamadas CPR. 

Las Comunidades de Población en Residencia eran comunidades organizadas por las personas desplazadas a raíz del conflicto armado. Aunque en muchas ocasiones contaban con el apoyo de la guerrilla, eran comunidades civiles. Buscaban subsistir y apoyarse, aunque en las condiciones en las que vivían era difícil, especialmente por el poco abastecimiento de comida. 

Cuando se anunció el proceso en contra de Efraín Ríos Montt y de su jefe de inteligencia, José Mauricio Rodríguez Sánchez, por los delitos de genocidio y delitos de lesa humanidad, Bernardo, Elena y María decidieron testificar. 

¿Por qué quisieron romper el silencio y contar lo que habían vivido? ¿Cómo se organizaron para dar su testimonio? ¿Tuvieron miedo en algún momento? 

Te cuento más después de la pausa.

***

La Sala de Vistas de la Corte Suprema de Justicia está llena. Es 19 de marzo de 2013. Más de cien personas esperan a que inicie la audiencia. Los testigos llegaron la noche anterior desde Nebaj. Se quedarán 10 días para que puedan testificar.

Yassmin Barrios, la jueza que preside el tribunal, comienza a llamar a los testigos.

Yassmin Barrios: Se llama a Bernardo Bernal Guzaro.

Narradora: Al centro, en una mesa de madera con dos micrófonos, se coloca Bernardo. Lleva una camisa de botones negra y la indumentaria tradicional de los hombres ixiles, un saco rojo y un pantalón de manta blanco.

Yassmin Barrios: Don Bernardo buenas tardes ¿me entiende español?

Bernardo Bernal: Ixil.

Yassmin Barrios: Pedimos otra vez la colaboración del intérprete Andrés Ramírez Raymundo, quien es de la región, también de Santa María Nebaj, por favor.

Narradora: Todos en la sala están atentos. Bernardo es el segundo testigo que declara en el juicio. Será el último que lo haga hoy.

Yasmin Barrios: Se le se le hace saber al testigo que comete falso testimonio el testigo que en su declaración ante autoridad competente afirmare una falsedad, se negara a declarar, estando obligado a ello u ocultaré la verdad. Que si el falso testimonio se comente en proceso penal en contra del procesado será sancionado con prisión de dos a seis años y multa de mil a diez mil quetzales. Enterado de esto póngase de pie y suba su mano derecha a la altura del hombro. 

Narradora: Bernardo Bernal se pone de pie y repite en su idioma lo que el intérprete le traduce. Está listo para responder a las preguntas, está listo para contar su historia.

Bajo ese mismo ritual testifican Elena, María y más de 100 testigos. Durante más de una semana, dejaron sus negocios y a sus familias para asistir a las audiencias. Algunos tomaron la decisión hace años..

Bernardo Bernal: Yo sé cómo lo viví con los ejércitos, cómo vive, como lo hacen con mi familia. Y ya no tengo pena Y ya no voy a asustar porque ellos mataron a mi mamá sin delito mataron a mi papá sin delito. Es un inocente, es una persona trabajadora, mi papá. mi mamá es ama de casa, trabaja, educa y también mis dos hermanitos, menor de edad ¿qué delito tienen los menores? Ahí voy a declarar.

Narradora: En 2003, los restos de la familia de Bernardo fueron exhumados en la aldea Canaquil en Nebaj. 

En ese proceso conoció a Juan Perez Velasco, que trabajaba con el Centro en Atención Legal para los Derechos Humanos, conocido como CALDH, y a quién escuchaste al inicio del episodio. Juan lo animó a contar lo que había sucedido, a dar su testimonio. 

Bernardo Bernal: Después escuchó Juan que tienes que dar una declaración en el Ministerio público. Está bien, ya no tengo miedo porque ellos mataron a mi papá. Si vas a encontrar a los que mataron a mi familia, pues está bien, desde ahí empezamos.

Narradora: Ahora, Bernardo cuenta cómo se sintió al declarar. En ese momento ya no era el niño de ocho años que vio cómo acabaron con su comunidad. Aunque todavía le dolía recordar, estaba decidido. Quería justicia para su papá, su mamá y sus dos hermanos. 

María Cedillo daría su declaración unos días después de la de Bernardo. Para cuando María declaró en el juicio, el tiempo había hecho que se le olvidaran algunas cosas. Habían sido más de 30 años, pero al estar frente a la jueza los recuerdos le comenzaron a llegar.

María Cedillo: Siempre cuesta recordarlo porque ya casi es muchos años, digamos, no es que un año nada más, dos años lleva, pero me recuerdo todavía empecé a recordar, recordar, recordar, a decir al tribunal que sí, así fue entonces yo como me dijeron que levante la mano decir a qué hablarse si no puede ir presa dicen, pero como yo vengo a aclarar que lo que lo vi, digamos qué pasó aquí en el área ixil.

Narradora: Además de testificar, María había logrado, junto a otros compañeros, que las mujeres víctimas de violencia sexual también declararan. 

María Cedillo: Pues ellas están decididas porque creo que pensaron muy bien, ellas creo que pensar muy bien. Empezaron a hablar con sus esposos, con sus hijos. Creo que se decidió aclarar porque para que sus pensamientos las mujeres, qué es lo que pasó a ellas… Entonces ojalá que no pase a sus hijas, por eso se fueron a declarar.

Narradora: Para ubicar a estas mujeres y preguntarles si estaban dispuestas a viajar a la ciudad para declarar, María tuvo que recorrer, a pie, kilómetros y kilómetros. Le movían las ganas de que las mujeres sanaran el dolor que sólo ellas conocían. Las animó a hablar. Las convenció con mucha paciencia. Una de ellas fue Elena. 

Elena de Paz: Vino María a buscarme una que se llama María, que vas a ir a testificar, me dijo, está bien dije.

Narradora: Dice Elena que, por suerte, cuando María llegó a buscarla y cuando decidió contar lo que le había pasado, su esposo ya no vivía. Le preocupaba que supiera que habían abusado de ella. Nunca se lo contó. Pero el 4 de abril de 2013, frente al tribunal, relató en ixil lo que había vivido.

Elena Paz Santiago:Cuando voy a ir a testificar cada vez muestro yo el cicatriz. 

Narradora: Elena tiene una cicatriz en la pierna. Cuando estaba en el destacamento militar de Tzalbal un soldado la apuñaló con un cuchillo. A veces, todavía le duele. Es una seña de que lo que vivió fue real. 

Elena Paz Santiago: Eso es lo que yo le dije a ellos ¿por qué no nos cree? Si es verdad. Si fueran ustedes, será que cada vez a cada rato nos muestra sus cuerpo porque no, no van a ser así le dije. Y le cayó mal un poco, ahí es el último porque, pero es verdad. También cada poco quieren ellos que vamos a enseñar como que fue mentira.Narradora: No era mentira y lo dijo, claramente, en la Sala de Vistas de la Corte Suprema de Justicia frente a los acusados. Ese día, el día de su declaración, con la voz quebrada, concluyó que lo único que quería era justicia por lo que le habían hecho cuando tenía 12 años.

Narradora: El juicio duró desde marzo hasta mayo. El 10 de mayo de 2013 se dictó sentencia.

Yasmin Barrios: Los juzgadores en cumplimiento del artículo 65 del Código Penal, procederemos a efectuar el análisis de la pena a imponer en la forma siguiente.Del mínimo y máximo de la pena para el delito de genocidio. El artículo 376 del Código Penal que establece el delito de genocidio contemplando la pena de 30 a 50 años de prisión. Dentro de ese parámetro, los juzgadores hemos optado por imponer la pena de 50 años de prisión inconmutables. 

Narradora: Elena, Bernardo y María escucharon la sentencia y junto a toda la sala aplaudieron, gritaron y se abrazaron con otros compañeros y compañeras. La prensa se abalanzó sobre Ríos Montt. Querían la fotografía de un exjefe de Estado condenado por el delito de genocidio. Afuera de la sala también celebraban, con flores, fuego y música. La justicia había llegado.

Elena de Paz: Gritamos porque como ya logramos y ya salió pública, pues por eso estamos contentos porque pública salió, salió en la prensa cuando lo agarraron.

Bernardo Bernal: Cuando estamos allí, pues esperando el resultado ¿cómo vamos a hacer? Cómo nos sentimos tristeza porque si el juez va a dar una sentencia a favor de los acusado o favor de nosotros quien sabe pero pensamos que en la tarde dio la sentencia que sí hubo genocidio en ese Guatemala, hubo masacre. Que pasó eso.

Bernardo Bernal:. Sentimos alegría por logramos la primera vez. La sentencia por un militar que cometió un delito.

Narradora: Días después, la Corte de Constitucionalidad anularía la sentencia por un error en el procedimiento, al no haberse conocido una recusación contra dos de los jueces del tribunal. Pero para Elena, Bernardo y María lo que se había conseguido el 10 de mayo de 2013 era lo que importaba.

María Cedillo: Estoy contenta porque un tribunal dijo que sí, que sí hubo genocidio en el pueblo ixil así lo dijo. Pues bueno, eso es lo que queríamos nosotros.

Narradora: Esto lo confirmaría en 2018 otro tribunal. Aunque no llegó a condenar de nuevo a Efraín Ríos Mont, que había muerto cinco meses antes, una sentencia volvió a declarar que en Guatemala hubo genocidio.

Diez años después de ese primer juicio, María, Elena y Bernardo recuerdan con alegría el dictamen de la sentencia. Saben que, al romper el silencio, lograron lo que nadie había logrado antes en Guatemala. Y ni una sentencia de la Corte ni la hostilidad de algunos vecinos de sus comunidades les hicieron cambiar de opinión.

En varias ocasiones, María, que vende pollo en el mercado de Nebaj, ha escuchado murmullos sobre ella. Que es mentirosa, que seguro le pagaron para declarar. Ha tenido que aprender a lidiar con ello.

María Cedillo: Eso es no nada más lo mienten la gente porque tal vez están pagados. Es que algunos dicen que nosotros cuando fuimos a declarar estamos pagados. ¿Qué nos van a pagar nosotros? Nada.

Narradora: A Bernardo también le ha sucedido.

Bernardo Bernal: Por ejemplo, aquí hay vecinos que me atacan. El Bernardo son testigos, Bernardo tiene que ir en la cárcel por el Ríos Montt. ¿Quién va a hacer eso? Porque son millonarios, los soldados y los Ríos Montt son puro millonarios, el Bernardo tienen que ir en cárcel, me dicen.

Narradora: ¿Por qué? ¿Por qué le decían que usted se tenía que ir a la cárcel?

Bernardo Bernal: Pues como estoy atacando los ricos. Estoy confrontando. Como yo soy pobre, yo no tengo dinero, piensa ellos, ¿va? Tal vez tengo que ir en cárcel por mentir

Narradora: Bernardo, Elena y María no se arrepienten de haber testificado hace diez años. Tampoco quieren que nadie se olvide de lo que hicieron. Se lo cuentan cada vez que pueden a sus hijos y nietos.

Después de conversar con María, nos mostró algunas fotos de ella en marchas y en espacios dónde ha podido hablar sobre lo que sucedió con el pueblo ixil. Su sala está llena de fotos. Se despide presurosa, tiene que ir a abrir su puesto en el mercado, donde ha vendido desde hace años. Además de su negocio, dedica su tiempo a organizarse con otras mujeres sobrevivientes de la violencia durante la guerra.

En su casa, Elena también nos enseñó algunas fotos. Una muy especial para ella es la de su hijo, que falleció en 2013 mientras ella había ido a testificar. 

Bernardo guarda como un tesoro dos fotos tamaño cédula de sus padres. Antes de irnos nos pide que le tomemos una foto junto a su familia. Se colocan frente a la casa y posan para la cámara.

Después de tanto, para Elena, Bernardo y María el olvido nunca llegó ni llegará.

***

Narradora: Las entrevistas para este episodio las hicimos Angelica Medinilla y yo, María Olga Domínguez. El guion lo hice yo, con la edición de Carmen Quintela. La fotografía de portada y las imágenes que acompañan el guion, y que puedes ver en agenciaocote.com, son de Diego León. 

Isaac Hernández realizó el montaje y la producción sonora y musical con la asistencia de José Manuel Lemus. 

Ixmucané Us es coordinadora de comunidad y audiencias de Ocote. La voz institucional de Radio Ocote Podcast es de Lucía Reinoso Flores. Julio Serrano Echeverría es el coordinador creativo. Alejandra Gutiérrez Valdizán es la directora de Ocote.

María Olga Domínguez Ogaldes

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