«Es parte de ser mujer»

La iniciativa de Ley 6044, Ley para el Fomento de la Salud Menstrual Digna en Guatemala, presentada en marzo 2022, ha causado diferentes reflexiones en la sociedad civil. Desde Guatemala Menstruante queremos aportar con evidencia sobre el contexto en el país y el camino que hace falta recorrer para alcanzar una menstruación digna para todas las personas menstruantes.

A continuación, reflexionamos sobre la gestión del dolor, donde los estereotipos de género y vacíos en la política pública representan barreras importantes de acceso a la salud. La falta de protocolos adecuados para abordar el dolor menstrual, junto con la discriminación y los estereotipos de género, plantea riesgos significativos para la población menstruante, incluso con consecuencias potencialmente mortales. Es importante construir un camino para cerrar estas brechas, la iniciativa de Ley 6044 es un paso adelante en esta dirección.

Texto: Natalia Mariscovetere/ Guatemala Menstruante También, lo más probable, es que hayas escuchado que este dolor es algo normal e incluso esperable del ciclo menstrual, que es popularmente y erróneamente …


Texto: Natalia Mariscovetere/ Guatemala Menstruante


También, lo más probable, es que hayas escuchado que este dolor es algo normal e incluso esperable del ciclo menstrual, que es popularmente y erróneamente asociado a un aspecto inevitable del “ser mujer”.

Esto, aparte de fomentar estereotipos de género, invisibiliza otras condiciones de salud, ya que el dolor menstrual puede ser un importante indicador de otras condiciones asociadas al sistema uterino.1

Ignorar el dolor y normalizarlo como una experiencia inevitable y universal representa una barrera para que las personas menstruantes puedan acceder a atención médica y alcanzar un bienestar integral.

Según la encuesta digital MenstruaQUE realizada por Guatemala Menstruante en el año 20212, aproximadamente 92.8% de las personas encuestadas han experimentado dolor al menstruar y al 77% le han enseñado que este dolor es un aspecto normal de la experiencia menstruante. Al mismo tiempo, casi la mitad de las personas encuestadas -el 45%- considera también que las menstruaciones dolorosas son normales, implicando que parte de esta población concuerda con estas creencias sociales culturales más amplias.

Es importante hacer notar que esta encuesta tiene limitantes respecto a su muestra, y que existen vacíos de información pública que no nos puedan dar datos con más exactitud sobre experiencias de dolor menstrual, creencias sociales y abordajes clínicos.

Sin embargo, aunque los datos exactos en Latinoamérica pueden variar sobre cuántas personas están experimentando dolor menstrual y sus creencias al respecto, esta encuesta nos ha dado importantes luces para entender que existe una normalización del dolor menstrual en la región, lo cual es congruente con creencias sociales de nuestra cultura.

La normalización del dolor de las personas que menstrúan sucede en un contexto social donde la salud está obstaculizada por sesgos de género: debido a creencias culturales sobre roles de género sexistas, el dolor de las mujeres y personas menstruantes suele ser minimizado o ignorado, incluso dentro del ámbito médico. Diversos estudios en las últimas décadas han encontrado evidencia de que los estereotipos de género contribuyen a que los médicos no consideren el dolor femenino con seriedad.

En un estudio de 2001, se encontró que los médicos no suelen hacer evaluaciones de seguimiento ante sintomatología de dolor en las mujeres ya que consideran que la expresión de dolor no es suficiente evidencia para ello.

En esa misma línea, otro estudio del 2014 encontró que, comparado a los hombres, es más frecuente que el personal médico recomiende a las mujeres tratamientos psicológicos por encima de tratamientos médicos para manejar el malestar y dolor.

Aun con el cambio de décadas, estos sesgos se han mantenido: en un estudio del 2021, un equipo internacional de científicas encontró que los médicos desestiman con mayor frecuencia el dolor de sus pacientes femeninas que de sus pacientes masculinos.

Esto es problemático ya que cuando se normaliza o se ignora el dolor, no se proveen atenciones clínicas necesarias para tratar y prevenir condiciones tales como la endometriosis, fibroides, el síndrome de ovario poliquístico, infecciones, tumores y otras condiciones cuyos síntomas principales incluyen las menstruaciones dolorosas.

En un contexto donde el cáncer cervical es la principal causa de muerte de mujeres en Latinoamérica y el Caribe, ignorar el dolor y otros síntomas presentes en el ciclo menstrual, puede incluso llegar a tener consecuencias mortales.

Estas situaciones también empeoran cuando hay diferentes identidades intersectadas.

Se ha encontrado que a las mujeres racializadas se les ignora aún más su dolor clínico y tienen mayores tasas de subdiagnóstico y tratamientos de condiciones causantes de dolor. Para personas disidentes de género, como los hombres trans, recibir atención relacionada a padecimientos menstruales se vuelve aún más complejo por transfobia en el sistema de salud, donde sus condiciones de salud son desestimadas con mayor frecuencia y en donde reciben más violencia.3

Actualmente, el Ministerio de Salud y Asistencia Social de Guatemala tiene lineamientos básicos4 para tratar el dolor menstrual en los centros de salud pública.

La indicación principal es la prescripción de paracetamol, y en segundas consultase, la referencia a evaluación ginecológica.

Hay un vacío de datos y estadísticas del MSPAS sobre qué porcentaje de pacientes referidos a evaluación reciben diagnósticos y tratamientos. El sistema tiene una fuerte limitante ya que no hay cobertura integral ginecológica en todo el país, y los principales laboratorios clínicos están centralizados en áreas urbanas.

Adicionalmente, en las pocas instancias donde existe acceso a atención ginecológica, esta tiene un enfoque materno-infantil, con pocos o nulos lineamientos de atención clínica para el bienestar de personas menstruantes en general más allá de la medicación para el manejo del dolor y de la salud reproductiva.

En la encuesta, se encontró que el 70% de las personas encuestadas que indicaron sentir dolor al menstruar fueron medicadas, por lo cual se podría inferir que hay una sobremedicación del dolor, y en Guatemala, por la falta de centros de atención con cobertura ginecológica, un posible sub-diagnóstico de padecimientos asociados al dolor. Adicionalmente, es importante tomar en cuenta que gran parte de la población guatemalteca no tiene acceso a este tipo de medicamentos, tanto por falta de medios económicos como por falta de cobertura de centros de salud, farmacias y clínicas en muchos territorios del país.

Este abordaje clínico enfocado únicamente en el control del dolor tiene varias limitaciones. La primera es recetar medicamentos para el dolor previo a descartar cualquier condición médica subyacente. Esto fomenta la cultura de normalización deldolor sin evaluar principalmente si existen condiciones de fondo que lo estén causando, poniendo en riesgo a personas que necesitan atención clínica.

Adicionalmente, un abordaje terapéutico enfocado únicamente en el control del dolor, deja por fuera enfoques integrales de salud que incluyen posibles estresores y estilos de vida (incluyendo actividad física y tipo de dieta), condiciones clínicas, la ingesta de otros medicamentos y sustancias, entre otros factores que podrían estar provocando alteraciones menstruales y afectando el bienestar integral de las personas.

Cuando tenemos una combinación de sesgos culturales que minimizan e invisibilizan el dolor de las mujeres y personas menstruantes, combinado a un sistema de salud con lineamientos poco rigurosos para el tratamiento y atención de dolor clínico y padecimientos menstruales, existen mayores riesgos de subdiagnóstico de condiciones importantes y de un abordaje integral de salud para esta población.

Sin lineamientos claros en los sistemas de salud, los vacíos de información se rellenan con sesgos personales y culturales que influyen la toma de decisiones médicas.

Es necesario que, adicional a cambios culturales sobre los estereotipos de género, que existan lineamientos de salud pública que atiendan el dolor menstrual de forma integral y con un enfoque de bienestar, prevención y atención a padecimientos independientes del enfoque de salud materno-infantil. Se recomiendan abordajes terapéuticos que evalúen las necesidades específicas de las personas y que se alejen de prejuicios de género.

Así mismo, necesitamos abordajes médicos que contemplen ampliamente el ciclo menstrual y el sistema uterino, más allá de un abordaje de fertilidad y reproducción, y como un aspecto clave de la salud y bienestar integral de las personas.


1 Decidimos referirnos al sistema de órganos que incluye útero, ovarios, trompas de falopio y cervix como “sistema uterino” en contraposición a “aparato reproductivo”, por la importancia de enmarcar estas problemáticas en un lente de salud integral versus un lente de fertilidad.
2 Se realizó una encuesta digital en el 2021, entre marzo y mayo, con el objetivo de conocer las experiencias menstruales de las personas menstruantes. La encuesta digital se construyó en google- forms, y se distribuyó en redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram y WhatsApp). La encuesta fue respondida por 1,236 personas, la mayoría entre 19 y 35 años, con estudios superiores (licenciatura, técnico o postgrado), que viven en zonas urbanas de Latinoamérica, en su mayoría Guatemala.
3 Testimonios Carpa Roja Guatemala Menstruante
4 Normas de Atención de Salud Integral para primer y segundo nivel (Ministerio de Salud y Asistencia
Social, 2018)


Nota de edición: El lunes 29 de enero de 2024 a las 04:30 horas se modificaron las notas a pie de página y se añadieron como hipervínculos para facilitar la lectura.

Natalia Mariscovetere

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