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«No me voy a regresar a mí país con las manos vacías, tengo que encontrar a mi hijo»

Ana Enamorado lleva 14 años buscando a su hijo Oscar Antonio López Enamorado, un migrante desaparecido en México. Para encontrarlo, se mudó de Honduras a México. Ahí, además de buscar a su hijo, creó una red para ayudar a otras familias que desde sus países de origen intentan encontrar a sus seres queridos, también migrantes desaparecidos. La historia de Ana quedó registrada en el documental Tras la vida, de la cineasta guatemalteca Anaïs Taracena. En esta entrevista, Ana Enamorado comparte su experiencia para ayudar y aconsejar a otras familias qué como ella, buscan.

Una mujer camina con una mochila colgada en los hombros y un cartel que levanta con las manos. Otra mujer camina empujando la carriola de un niño que sostiene un …

Una mujer camina con una mochila colgada en los hombros y un cartel que levanta con las manos. Otra mujer camina empujando la carriola de un niño que sostiene un cartel. Otra mujer camina con una cartera café en el hombro y otro cartel en las manos. Las tres caminan en una calle de México. Exigen que sus familiares desaparecidos aparezcan.

Mientras se proyectan las imágenes del video que registra la caminata de las mujeres, alguien habla: «Encontrar a otras madres, eso fue lo que me ayudó cuando llegué a México. Somos unas todólogas porque nos convertimos en todo, en investigadoras, en abogadas y sin haber elegido una carrera». La voz es la de Ana Enamorado, una mujer hondureña que desde 2010 busca a su hijo Oscar. 

La escena es parte del documental tras la vida, una producción de la cineasta guatemalteca Anaïs Taracena, en el que Ana es la protagonista. Aceptó el papel porque sabe que esta es una forma de difundir lo que pasa ella y otras familias. De hablar de los migrantes desaparecidos y promover que las familias que buscan a sus seres queridos se unan, formen redes. En noviembre de 2023, el documental se presentó en la ciudad de Guatemala y en una plática virtual, Ana conversó con Ocote.   

Oscar, el hijo de Ana, desapareció en Jalisco, México, cuando tenía 19 años. Salió de Honduras para migrar a Estados Unidos con la intención de mejorar sus condiciones de vida y escapar de la violencia de su país, como ocurre con cientos de migrantes de Centroamérica. Su madre escuchó por última vez su voz el 19 de enero de 2010. Desde ese día no volvió a saber de él. Hoy, Oscar tendría 33 años. En mayo de 2024 cumpliría 34.

Ella lo busca con vida; dice que siempre lo buscará así. Con frecuencia lo sueña como cuando era niño. No lo ha soñado como el adulto que es ahora. En su búsqueda, Ana aprendió que debe cuidarse incluso de las autoridades, porque pueden ser parte de los grupos criminales que reclutan a los jóvenes para que trabajen por años. 

En 2012 Ana llegó a México junto a la Caravana de Madres de Migrantes desaparecidos. El tiempo que estuvo en ese país no fue suficiente, se dio cuenta que necesitaba quedarse para buscar a su hijo. Desde entonces vive en México donde sigue buscando a Oscar. A pesar de los riesgos y las amenazas, también ayuda a otras personas en la búsqueda de sus familiares. Lo hace a través de la red que formó; la Red Regional de Familias Migrantes

¿Cómo decide instalarse en México para buscar a Oscar?, Hay muchos familiares de migrantes desaparecidos que solo pueden hacerlo temporalmente o por medio de una caravana, pero usted lo hace de forma permanente. 

Son decisiones bastante fuertes y muy personales. Creo que todas las familias quisieran hacer lo mismo, pero para algunas no es tan fácil. A mí se me facilitó porque Oscar es mi único hijo, yo no tengo más hijos que me estén esperando, ni que atender, ni cuidar. Oscar es todo para mí. 

Desde el momento que me lo desaparecieron se acabó todo. Se acabaron mis proyectos, mis metas y los planes que tenía. Todo se acabó, por eso tomé la decisión de irme a México.

Fue otra vez iniciar desde abajo, desde cero. A trabajar para eso, para buscar a mi hijo, para luchar por él. No fue nada fácil llegar a un país desconocido totalmente a buscar la manera de hacer redes, de hacer contactos, de buscar ayuda a ciegas. 

El no saber ni siquiera a quien acudir. Cuando inicié la búsqueda de mi hijo no había muchas opciones, no existían las comisiones de búsqueda, como ahora. No existían las fiscalías especializadas en investigar delitos para personas migrantes. 

Cuando acudí a las autoridades de mí país, tenían que actuar de inmediato, pero todo el tiempo me dieron la espalda, por eso tomé esta decisión y me fui a México. 

Durante el recorrido que hice con la caravana de las madres no encontré ni tan solo una pista.

Mi plan inicial era irme por una temporada, por unos días y luego regresar nuevamente a mí país, mi idea era estar yendo y viniendo entre mi país y México, pero en México fui descubriendo todo lo que sucede y decidí instalarme. 

Dije: No me voy a regresar a mí país con las manos vacías, yo tengo que encontrar a mi hijo. Fueron mis primeras palabras y desde ese momento estuve muy decidida a quedarme. Hablé con mi familia, le informé mi decisión de quedarme a radicar en este país para buscar a mi hijo.Para mi familia no fue nada agradable. Tengo hermanos, sobrinos y todo el resto de mi familia con quien teníamos una unión familiar muy bonita, la cual también por el desplazamiento se ha ido perdiendo. 

Me quedé en el país para buscar información, buscar apoyo por todos lados. Luego a presentar denuncias, denuncias que no avanzan y que es un pleito con las autoridades, es una doble lucha. Lidiar con la desaparición es tan doloroso y lidiar también con las autoridades omisas.

¿Qué ha significado la colectividad en la búsqueda de su hijo?

Es bien importante, porque si bien es cierto yo inicié sola, pero apoyada y acuerpada por muchas personas de México. 

Hay muchas personas solidarias, hay muchas personas que están dispuestas a poner su cuerpo para apoyar, son admirables. 

Tenemos dos años de haber fundado la Red Regional de Familias Migrantes Atendemos a un grupo de familias que ahora apoyamos desde mi experiencia, con todo mi corazón y con todo el amor del mundo. Así como busco a mi hijo, también lo hago por los demás.

Las autoridades saben que ahí estoy y soy una piedra en su zapato, les incomodo muchísimo porque no me quedo callada, porque sigo denunciando, porque sigo evidenciando y porque sigo exigiendo que se respeten los derechos de las familias migrantes. 

Es una gran red, tan amplia dentro y fuera de México. También somos una red internacional, trabajamos juntamente con organizaciones y colectivos europeos. Trabajamos con colectivos de Italia, de España, del País Vasco, de Túnez. Hay madres tunecinas que también buscan a sus hijos… Esto es lo que se tiene que hacer, es importante trabajar unidas, en colectivo, porque solas es difícil. 

De alguna forma yo he sido escuchada y he logrado avanzar porque estoy en este territorio y he sido muy insistente, muy necia, pero a distancia no se logra mucho si no actuamos juntas. 

Ni siquiera les atienden una llamada a las familias, no les contestan, un mensaje que envíen por correo electrónico, nada. Recuerdo que antes les proporcionaban un número falso y un correo electrónico que ni existían. 

Cuando logra un acercamiento con las instituciones de justicia para la búsqueda de su hijo, ¿cuál ha sido la experiencia más fuerte? 

Lo más terrible ha sido acudir a las fiscalías. La primera vez que acudí a la fiscalía, en ese entonces eran Procuradurías Generales de la República, me recuerdo que acudí al estado de Jalisco. Mi idea no era presentar denuncia, no era acudir a ninguna autoridad, mi idea era ir yo personalmente a buscar a mi hijo al lugar donde tuve la última comunicación con él. Pero vi que era difícil.

Las personas me comentaron que era muy peligroso que realizara esta búsqueda sola, me recomendaron acudir a la autoridad para presentar una denuncia. Lo hice y acudí a la Procuraduría General del Estado de Jalisco, presenté mi denuncia, informé lo que había sucedido. Les proporcioné muchos datos de los que podían seguir líneas de investigación, pero no hicieron nada. 

Cuando acudí a la fiscalía fue lo peor, uno llega y se presenta a una autoridad a la que todo el tiempo le tiene desconfianza. Sabemos que las autoridades, quizá no todas porque también hay personas buenas, pero la gran mayoría son corruptas, entonces no sabemos ni siquiera frente a quién estamos. 

No sabía qué decir. Pensaba: si alguien tiene a mi hijo reclutado o secuestrado y si descubren que denuncié, me lo pueden asesinar. No sabía qué hacer o qué decirles, les proporcioné los datos que tenía. 

En ese momento te bloqueas, se van cosas importantes de la mente. Muchas veces cuando ya estás en la cama vienen recuerdos a la mente hay que pararse rápido y anotarlo en un cuaderno. Era lo que yo hacía para que no se me olvidara. Eso se lo proporcionaba a la fiscalía, fue lo que hice, proporcionarles todos los datos importantes que tenía.

Esperaba que la autoridad actuara. Yo decía: tienen mucha información, tienen que actuar de inmediato, pero no lo hicieron. Pasaron los días y no recibía ninguna llamada. 

Dos o tres meses después me llamaron para tomarme la prueba de ADN. Lo primero que pasó por la mente: será que saben algo, será que lo encontraron muerto, será que me van a dar alguna información dura. 

Cada paso es enfrentarse a una burocracia terrible, a una situación de impunidad, de corrupción, de omisiones en el Estado.  

Luego se me venció mi visa, tenía que renovarla. Otro lío, para que a los centroamericanos nos proporcionen una visa, no es fácil; parece que nosotros no tenemos el derecho de pisar tierras mexicanas. Todo ha sido un proceso bastante doloroso, por eso ahora lucho porque a las familias se les facilite, que no sea tan duro como lo fue para mí. 

En el documental menciona que se deben cuidar de las mismas autoridades. ¿Cómo hacerlo?, ¿qué consejos puede darles a las familias que llegan a buscar a sus familiares migrantes desaparecidos para cuidarse de las autoridades?. 

Desafortunadamente no se puede hacer mucho o nada para cuidarse de ellas. Tiene uno que proporcionar sus datos, llegas y tienes que compartir toda la información porque lo que quieres es encontrar a tus familiares. Con ellos dejas todo lo que tengas, dejas tu domicilio, la información de todo el resto de tu familia, ellos tienen todo y eso preocupa. 

Lo que debemos hacer es buscar redes de apoyo. 

No quedarse solo con que ya le fui a entregar toda mi información a la autoridad y me quedo en silencio. Hay que compartirlo, hay que buscar ayuda, hay que tener ojos por donde quiera que nos estén vigilando. Hay que salir públicamente a informar lo que está pasando. 

La familia debe contar que ya acudió, que ya presentó una denuncia y que quiere que la autoridad haga algo. Eso es lo que te acuerpará, que tengas ojos por donde quiera, que te estén cuidando. En mi caso, estoy monitoreada por todos lados, por supuesto que no me puedo confiar. Siempre les he dicho: si algo me sucede, es el Estado mexicano. 

En medio del dolor por la búsqueda, de los riesgos y de la frustración, ¿qué le da impulso para seguir buscando a su hijo y para ayudar a otros familiares que buscan? 

Lo tengo claro, es el amor que le tengo a mi hijo. Cuando me estaba hundiendo en la tristeza, en la soledad, en la depresión y en todo lo que sentía, lo que me impulsó fue el amor que le tengo a mi hijo. 

Dije: mi hijo me necesita, no me puedo quedar aquí de brazos cruzados, me voy. Renuncié a todo y dejé todo abandonado en mi país, me fui. 

Con las otras personas es lo mismo, es todo lo que ya sufrí, todo lo que me ha tocado recorrer, estar de cerca y ver la situación en México. Ver como sufren las personas que cruzan por el país, toda la violencia, la indignación porque las autoridades solo ven lo que sucede, pero no hacen nada. Saber lo duro que es estar desde otro país buscando. 

De nada nos sirve llorar frente a una autoridad porque son personas inhumanas que no les duele ver las lágrimas de una madre. Que las lágrimas se conviertan en coraje, hay que seguir gritando, exigiendo y evidenciando. 

Todo este calvario que me ha tocado recorrer, el dolor y el sufrimiento, es lo que me impulsa para ayudar a otras personas. Lo seguiré haciendo todo el tiempo y con mucho cariño, por supuesto que el trabajo rebasa, no alcanza, pero lo que se puede lo estamos haciendo. 

Con el grupo que tenemos hemos logrado avanzar porque logramos que las autoridades de todas las dependencias del Estado mexicano atienda a las familias a través de una pantalla y que las reconozcan como víctimas de un delito en el Estado mexicano. Ha habido logros, tenemos que tomar más fuerzas para seguir trabajando juntas y entre más familias se sume pues mejor. 

¿Qué consejo le daría a las personas que empiezan la búsqueda de sus familiares migrantes desaparecidos en México? 

Cualquier familiar que tenga un ser querido desaparecido en territorio mexicano debe acudir a alguna autoridad en la embajada. Son estas embajadas en donde les tienen que recibir porque sabemos que a distancia no es fácil. 

También que busque apoyo de los colectivos, ahí se les informa y apoya, en el caso nuestro como Red Regional de Familias Migrantes estamos dispuestas a atender una llamada, a asegurarles, a apoyarlas para que sean escuchadas. Hay que actuar de inmediato, no hay que dejar pasar mucho tiempo. 

La autoridad migratoria desde que detiene a una persona extranjera con la intención de deportar a su país de origen tiene la obligación de brindarle una llamada y de permitir que esta persona se comunique con su familia para avisarle: estoy detenido en un centro migratorio de tal lugar. Debe avisar en qué lugar se encuentra, cuál es la dirección y todos los datos que tenga. 

Desde el momento en que las autoridades los detienen y los dejan incomunicados, es una desaparición y se señala a esa autoridad como responsable. 

También acudir a la autoridad. Sabemos que posiblemente no haga nada, que quizá ni nos van a atender, pero por lo menos ya se hizo el intento, eso se hace público. Se busca ayuda, se va a una radio, a un lugar donde pueda informar y donde se pueda mencionarlo. Decir: fui a la cancillería, fui a la embajada, fui a tal lugar y la autoridad no me atendió, se debe documentar. 

Sobre todo, buscar ayuda con organizaciones que ya tienen la experiencia. En cada país de origen hay comités de búsqueda, hay colectivos, siempre hay alguien que los puede orientar. No debe quedarse a sufrir solo con el dolor porque es peor. 

¿Qué organizaciones conoce de Guatemala?

Tenemos AFAMIDEG, Asociación de Familiares de Migrantes Desaparecidos. La Red Regional de Familias Migrantes.  

Sabemos que en Guatemala hay muchísimas personas desaparecidas, que han salido, que han migrado y han desaparecido en territorio migratorio. Falta que se unan las familias, porque de lo contrario la autoridad nunca hará nada. 

¿Qué espera lograr con este documental? 

Que esta voz llegue a los países donde no se habla del tema, donde las familias siguen siendo invisibles. Donde siguen siendo algo y alguien que a nadie le importa. Siento tristeza, además de mucha indignación. Yo no debería estar en estos espacios, yo no debería estar hablando de este tema, de la desaparición de mi hijo, de lo más sagrado de mi vida. 

Es muy molesto, nuestros gobernantes no hacen absolutamente nada, siguen siendo ciegos, sordos, mudos y son personas que siguen callando. Lo único que quieren es que las personas salgan, obligarlos a que se vayan para estar recibiendo remesas, pero no protegen la vida de estas personas, no hacen nada para que el gobierno de México, por donde obligatoriamente tienen que pasar, les brinde seguridad. 

Yo solo veo que tienen encuentros entre gobernantes con el Gobierno Mexicano, pero el tema de las desapariciones de personas migrantes, de sus ciudadanos, no lo tocan. Hablan de otras cosas de las políticas migratorias, como van a reforzar las fronteras, cómo van a reprimir a las personas, pero nunca hablan de protegerlas y tampoco le piden cuentas al Gobierno de México. 

¿Por qué persiste este silencio? El silencio que hay detrás de esta tragedia a pesar de las repercusiones que tienen muchas familias, el silencio desde los Estados, desde los países de origen de los migrantes, el silencio desde la sociedad. 

Lo único que a ellos (autoridades de gobierno) les interesa es que las personas se vayan a trabajar peor que un animal para que puedan enviar dinero, pues también los gobierno se benefician. 

¿Cómo decide ser protagonista del documental, nunca había aceptado ser parte de un documental?

Nunca había aceptado. Es un documental muy íntimo, es mi vida muy personal, muy privada, muy íntima, y yo soy muy cuidadosa con mi intimidad. Vivo sola porque soy muy cuidadosa, tengo mucha información y cosas que hacemos y que solo nosotras podemos saberlo y personas de confianza. 

Anaïs se ganó mi confianza de una manera increíble, es una persona muy humana, muy comprometida. No es solo una persona que llega porque lo que me interesa es mi proyecto y adiós, me llevo mi entrevista qué es lo que me importa. 

Me he llevado muchas experiencias en estos años, desde que inicié mucha gente me ha entrevistado y nunca los volví a ver, no sé qué pasó con esa información. Pero con Anaïs es otra cosa, ella inspira confianza. 

Se ganaron mi confianza de una forma increíble que se me olvidaban las cámaras, siempre fueron muy cuidadosos, me preguntaban: si algo no te parece lo quitamos, pero yo les decía que salga. 

Nos poníamos de acuerdo, se adaptaban a mis tiempos porque paso muy ocupada. No hicieron nada de lo que yo no estuviera de acuerdo. No me grabaron de repente sin darme cuenta, no, todo fue muy planeado y eso me gustó mucho. Por eso acepté este documental. 

No me gusta la palabra de protagonista. Soy una madre que busca, que lucha por el regreso de mi hijo y lo que queremos es llevar este mensaje y esta experiencia, compartir con el público. 

María José Longo Bautista

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