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Vidas paralelas: «El sistema machista y patriarcal  te dice cómo ser una chica buena»

Ericka Hernández y Raquel González se conocieron en un campo de fútbol. Raquel llegó para apoyar a sus hermanas y Ericka jugaba en el mismo equipo. Siete años después, además de compartir su gusto por el fútbol comparten el trabajo como defensoras de derechos humanos y la misma oficina en Vidas Paralelas.

En Quetzaltenango, está la sede de Vidas Paralelas.  Esta organización da asesoría legal y psicosocial, talleres de formación, acompaña emprendimientos y promueve los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres …

En Quetzaltenango, está la sede de Vidas Paralelas.  Esta organización da asesoría legal y psicosocial, talleres de formación, acompaña emprendimientos y promueve los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres de la diversidad sexual. 

Raquel y Ericka no solo comparten trabajo y oficina en Vidas Paralelas, comparten una lucha por los derechos humanos, principalmente de las personas LGBTIQ+. 

Sus escritorios están uno a la par del otro. Sus conversaciones van sobre los casos y el apoyo que pueden dar a las mujeres que se  los piden. Ahí, reflexionan también sobre el camino que les falta por recorrer para que las mujeres diversas y activistas no sean criminalizadas por el Estado y la población, solo por existir.  

El trabajo se realiza en varios frentes. Uno es en la oficina. Afuera, el trabajo las lleva a visitar otros territorios  y a conocer otras realidades. 

Este año, por ejemplo, Raquel viajó 141 kilómetros, cuatro horas desde Quetzaltenango hasta Nebaj, Quiché, para apoyar a una compañera mujer trans que era amenazada por su  comunidad y su familia. La amenazaban con matarla y matar a las integrantes de la Red de Mujeres Ixiles que le dieron apoyo. 

«Dijimos viajemos allá, convocamos a medios de comunicación y hacemos un pronunciamiento de que no está sola», cuenta Raquel. 

Los medios de comunicación llegaron tarde, cuando vieron la bandera LGBTIQ+ se molestaron y mientras Raquel leía el comunicado, por momentos detenían la grabación, hasta que uno de los periodistas le arrancó el micrófono de las manos y la conferencia terminó.

Mientras trabajan, Raquel y Ericka conversan sobre los proyectos de Vidas Paralelas y también sobre sus propias vidas. (Fotografía: María Longo)

«El espacio era hostil y estábamos en peligro, la familia quería quemar a la compañera. Ningún medio publicó la nota», recuerda Raquel.  

Hay otras historias: un juez que cuestionó a un abogado por asesorar a una mujer trans víctima de discriminación en una discoteca, diciéndole: «¿Por qué defiende a personas como esas?».

O cuando candidatos a la alcaldía, en un foro organizado por Vidas Paralelas, buscaron la manera de no nombrar a la población LGBTIQ+. 

El trabajo como activistas y defensoras de derechos humanos no es fácil, pero Ericka y Raquel persisten para que otras mujeres sepan que no están solas. También tienen procesos de sanación para el equipo, porque por temporadas se enfermaban por la carga emocional y mental de la lucha.   

A más de 200 kilómetros de la ciudad de Guatemala, ven muchas diferencias entre la ciudad de Guatemala y Quetzaltenango.  

«En Quetzaltenango la población lésbica y bisexual no somos tan visibles, por el miedo al contexto. Quetzaltenango es más religioso. Tengo muchas amigas que no participan por miedo al rechazo y la discriminación en el trabajo. Cuando están en talleres piden que no se publiquen fotos», dice Ericka, quien se encarga del área financiera de Vidas Paralelas. 

Ericka y Raquel coinciden en que la presencia y visibilidad de mujeres lesbianas y bisexuales es menor a la de hombres gays. 

«El sistema machista y patriarcal  te dice cómo ser una chica buena. Al ser de la diversidad sexual rompes todos los esquemas posibles, la carga familiar es más fuerte en las chicas que en los chicos», opina Raquel.

Ericka y Raquel trabajan junto a un equipo de nueve mujeres diversas. (Fotografía: cortesía Vidas Paralelas)

«Lo que cuenta Ericka pasa aquí, en Quetzaltenango, donde se ha trabajado un poco y hemos hecho incidencia, pero en otros municipios el contexto cambia» dice Raquel mientras apunta que las libertades y derechos de las personas LGBTIQ+ pueden verse aún más reducidas. «La gente todavía prefiere tener un cáncer que un hijo de la diversidad sexual», reflexiona.

Vidas Paralelas inició con reuniones en el parque central de Quetzaltenango, ahora tienen una sede, 11 mujeres trabajan en la asociación, cuatro mujeres diversas y un hombre trans están en  la directiva y 10 personas en la asamblea. 

Uno de los logros  para Raquel y Ericka es que más mujeres se hayan unido, que Vidas Paralelas crezca y aumente el número de beneficiadas.

Raquel lo cuenta con viveza, con una sonrisa amplia, coordina su voz con el movimiento de sus manos. Ericka lo hace con una sonrisa tímida, su tono de voz es más bajo, es seria y Raquel, expresiva.      

 En el proyecto de asesoría legal y psicológica, junto a los talleres, atendieron a 150 mujeres de enero a junio de 2023..  

Ericka y Raquel sueñan con un territorio en donde se reconozca la identidad de las personas trans, que las personas LGBTIQ+ no pierdan su empleo por ser de la diversidad y que tengan derechos civiles, derecho a una familia y a casarse.


Nota de la editora: el 4 de septiembre de 2023 se actualiza esta nota con los datos de contacto de la Asociación Vidas Paralelas en caso deseen apoyar su labor.

Correo: finanzas@vdsparalelas.org  y coordinacion@vdsparalelas.org 

Facebook: Vidas Paralelas 

IG: @vidasparalelasong

TikTok: @vidasparalelasong

Sitio web: www.vdsparalelas.org

María José Longo Bautista

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