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Nadie vive sin amor

¿Qué es el amor? ¿Es posible llamarle amor a todo vínculo afectivo? ¿El amor salva? En este episodio nos adentramos a explorar la relación entre el amor y los procesos de sanación o de cuidado de la salud mental y emocional. Estas son tres historias sobre cómo el amor puede ayudar a superar la depresión, la ansiedad, e incluso las adicciones. Son tres historias de amor.

¿El amor salva? En este episodio de Radio Ocote Podcast exploramos la relación entre el amor y la salud mental.

Este es un episodio de podcast. Para escucharlo, dale play al enlace de abajo.

Si quieres leer la transcripción de este episodio, la dejamos aquí.

Narradora: Hola, soy Melisa Rabanales periodista de Ocote. Hace unas semanas, en enero de 2022, te invitamos a ti, invitamos a nuestra comunidad, a compartir historias de amor. Sí, de amor. Ese concepto del que parece que se ha dicho todo, pero que también nos parece un territorio para explorar.

A través de las redes sociales de Ocote, preguntamos por historias y experiencias que nos hicieran reflexionar y dar luces sobre la relación del amor con los procesos de sanación, físicos, psicológicos y emocionales.

Sobre los tipos de amor y las formas de expresarlo, sobre los vínculos y su relación con la salud mental. Nos llegaron algunas respuestas con testimonios de amor a las mascotas, que hablaban de la importancia de la amistad y la comunidad para superar la depresión, la ansiedad y las adicciones. De la ternura.

Las leímos, las escuchamos y confirmamos que, como dice Soda Stéreo en su canción Primavera 0: 

Fragmento de Primavera 0 – Soda Stereo: “La verdad es que nadie vive sin amor”

Narradora: Por eso decidimos nombrar así este episodio: “Nadie vive sin amor”. Aquí recopilamos las historias de tres personas:

Tiffany: “Hola soy Tiffany”

Ariadna: “Soy Ariadna Rivera Trujillo y tengo 16 años”

Jorge Fernando: “Soy Jorge Fernando, y mi edad son 64 años”

Narradora: Pero antes de escucharlas, quiero comentarte algo. Cuando pensábamos en la producción de este episodio nos hicimos algunas preguntas: ¿qué es el amor? ¿Es posible llamarle amor a todo vínculo afectivo? Y la que más vueltas nos dio en la cabeza: ¿el amor, por sí solo, puede salvar a una persona?

No queríamos -ni queremos- caer en una romantización de la concepción del amor. Sabemos que en muchos casos los problemas de salud, los trastornos, las adicciones necesitan acompañamiento profesional. Pero también nos preguntamos ¿qué tanto influyen los vínculos amorosos en la sanación?

No hay una respuesta universal. La psicoanalista argentina, Alexandra Kohan dice que  “el amor es un acontecimiento en el decir, y a la vez, no hay saber sobre el amor: nadie podría arrogarse saber qué es el amor”.

Aun así, para tener algunas luces sobre el tema hablé con Carmen Lucía Cordón, psicóloga clínica y psicoterapeuta familiar. Le consulté sobre su visión del amor.

Carmen Lucía:Pues así precisamente, como una conexión significativa. Yo creo que el amor sano es recíproco. El amor sano, sabe dar y sabe recibir también y generalmente, es un lenguaje más o menos compartido y acordado.

Narradora: Y si este amor es recíproco, como dice Carmen Lucía, ¿es posible pensar que el amor puede salvar a alguien que está pasando por momentos difíciles?

Carmen Lucía: Yo te diría que sí, con todos los elementos con los que hay que tener cuidado para decir esto, el amor sí salva. Pero el amor, como una conexión y como una validación de tu existencia. Y las personas, mucho de su vida, lo giran alrededor de vincularse y de conectarse con otros y el vínculo no tiene que ser desde el modelo convencional de una pareja romántica, ¿verdad? Es la comunidad, tus compañeros de trabajo, tus mascotas. Pero es esa conexión humana que es básica.

Narradora: Validar que existes, que estás vivo, viva, dice Carmen Lucía. Eso, en otras palabras, es precisamente lo que sienten los protagonistas de este podcast. Quienes hoy nos narran cómo el amor los salvó.

***

Narradora: Tiffany Hernández tiene 26 años, es diseñadora gráfica y maestra de educación primaria. Es bajita, ronda el metro cincuenta, tiene el pelo abundante negro y liso, y casi nunca se quita los lentes que le ayudan con la miopía. Vive en Ciudad de Guatemala.

En los últimos dos años se ha dedicado a su emprendimiento, una editorial infantil que fundó junto a su hermana, en la que diseñan y publican material pedagógico para docentes, niños y familias.

A Tiffany le gustan las redes sociales, publica con regularidad y en la mayoría de sus videos se ve sonriente. Aunque en muchos de esos momentos de los últimos dos años que grabó en su Instagram, no ha estado realmente feliz.

Tiffany: En el 2020, algo dentro de mí se rompió. Todavía no sé la razón, quizá solo fue un año difícil para todos. La ansiedad se desbordó y pronto sentí que me faltaba algo, pero no sabía qué. Económicamente, laboralmente, emocionalmente, y físicamente colapsé. 

Narradora: Tiffany buscó ayuda en casa, con sus padres y sus hermanas. Y aunque valoraba los esfuerzos para animarla, no lograba sentirse completamente bien.

Tiffany: Sonreía por fuera y por dentro me sentía vacía. A finales del 2020, veía mucho la mascota de una compañera del colegio.

Tiffany:Desde que tengo tres años padezco de asma y mi vida había estado llena de restricciones. Quizá no recuerdo, en mi infancia, tuve un leve deseo de tener una mascota, pero cualquier intención de tener contacto con un animal cubierto de pelos sería dañino para mí. Creo que siempre desde entonces tuve envidia de quienes podían abrazar a un perrito o cualquier otra mascota peluda. Y cuando ella estaba con su perrito, se veía plena. Mis celos de la infancia regresaron y pensé que sería muy bueno darle todo el amor que tenía dentro de mí a un ser especial.

Narradora: Apareció en Facebook una página en la que vendían cachorros de golden retriever. Esos perritos “de película”, dice ella. Juntó sus ahorros con un poco de dinero que le habían regalado sus papás y escribió para decir que quería uno.

Tiffany: Acepté sin dudar la responsabilidad de amar a alguien incondicionalmente. El 6 de febrero del 2021 llegó a mí ese perrito que me cabía en las manos y que me cubría de pelos. Desde que nos vimos hicimos click y sus pequeños dientecitos abrazaron mis dedos. Fue Roco quien me salvó de mí misma, porque a veces sentimos que tenemos mucho por dar, pero también necesitamos recibir.

Narradora: Cuando Roco tenía tres meses se comió un juguete y fue a parar al hospital veterinario. Estuvo a punto de morir. Ahora vive con gastritis.

Tiffany: Roco actualmente, tiene un año y dos meses, hemos recorrido un camino difícil juntos porque me ha tocado verlo sufrir y a él le ha tocado verme llorar. A pesar de eso, han sido muchísimas más las alegrías, sonrisa y felicidad que me ha dado.

Narradora: Tiffany dice que han superado momentos duros, pero no todos los problemas se solucionaron. Hay días en los que todavía no se siente tan bien. En abril del 2021 decidió ir con una psicóloga, con la que tenía citas virtuales cada semana. Ella le diagnosticó ansiedad.

Tiffany:Todavía lucho constantemente con sentimientos difíciles, pero siempre Roco logra sacarme de ahí y me permite verlo mejor y más hermoso de mí. Y eso es el amor. No sé qué siente él, pero su mirada me dice que me ama. Cuando Roco llegó a mi vida, me encontré, él se encontró en mí y yo en él y en esta familia de amor que construimos, estamos listos para enfrentarlo todo.

Narradora:Al inicio del episodio, Carmen Lucía nos explicaba que el amor puede entenderse como una conexión que hay entre dos seres a través de un lenguaje, en la medida de lo posible, común. ¿Cómo es que podemos entonces crear vínculos amorosos con los animales, cuando nuestro lenguaje es distinto?

Carmen Lucía:Creo que los animales tienen una capacidad de respuesta. Te muestran su incondicionalidad de verdad, la incondicionalidad del animal. Incluso escuchas todas estas historias como que si los animales en cierto momento pueden identificar tus emociones y estar especialmente más cercanos a ti. Cuando te sienten enfermo, cuando te sienten deprimido. Es que es una sensación, claro,  de conexión y, otra vez, de esa validación de tu existencia. Es que se vuelve un tema existencial así en su núcleo más esencial.

Narradora: Como explica Carmen Lucía, las mascotas no solo pueden acompañar en los momentos de soledad, de angustia o tristeza. También son parte importante de la recuperación de personas que han sido diagnosticadas con enfermedades.

Ese es el caso de Ariadna Rivera Trujillo, Ari, una adolescente de 16 años. Ari acaba de empezar el último año en bachillerato en ciencias y letras. Es alta y tiene un pelo cobrizo, liso, que le llega a la cintura. Le gusta maquillarse y arreglarse el flequillo. Además…

Ariadna: Una de las cosas que a mí más me gusta hacer es leer y escribir. Entonces sí escribo distintas cosas y me gusta leer mucho lo que son romances juveniles.  Me gusta mucho la naturaleza, así que amo a los animales. Los bichos me dan un poco de miedo, pero todo lo que son gatos, perros, hasta los leones, los adoro.

Narradora: No tiene leones, claro, pero sí tres gatos, Emma, Ying y Yang, y Spoty, un perrito beagle. 

Ariadna tuvo una infancia rodeada de animales y de muchas mujeres: su hermana, su madre, las amigas de su madre, sus propias amigas… Fue una niña cuidada.

Cuando era bebé le diagnosticaron Síndrome de West, una encefalopatía epiléptica que causa espasmos infantiles y retraso psicomotor. En la mayoría de los pacientes, este síndrome se desarrolla en el primer año de edad.

A los seis años los síntomas desaparecieron y el doctor le dio el alta. Pero el temor de la familia nunca se fue. Y en 2019, cuando tenía trece años…

Ariadna:Un día yo desperté en el suelo con tres moretones en la cara. Me había hecho pipí y fue como bastante vergonzoso y yo me quedé confundida. Entonces, bueno, mi mamá inmediatamente supo qué era lo que me había pasado…

Narradora: Después de algunos estudios, a Ariadna le diagnosticaron epilepsia mioclónica juvenil. Te cuento más de su historia al regreso de la pausa.

***Pausa Radio Ocote***

Narradora: Antes de la pausa te contaba que hace tres años, cuando tenía 13, a Ariadna le diagnosticaron epilepsia mioclónica juvenil. Es una enfermedad en la que las personas sufren convulsiones en brazos y piernas, que puede causar rigidez muscular y pérdida de conciencia.

Desde el diagnóstico, los síntomas empezaron a aparecer con frecuencia.

Ariadna: Me hace falta energía entonces siempre. Bueno, casi siempre, después del almuerzo, empiezo a tener más que alguna otra crisis, porque comí mucho. Mi cuerpo a la hora de procesar los alimentos gasta energía. Porque también durante los años me han ido subiendo los medicamentos porque seguía teniendo crisis y no paraban.

Narradora: Y con los síntomas llegaron las restricciones. No podía ir a pijamadas con sus amigas, tenía horarios definidos para dormir, no podía hacer ejercicio. No solo tuvo que acostumbrarse a vivir con epilepsia, sino también con la frustración de no poder hacer lo que otras adolescentes hacían sin sentir miedo. Empezó a encontrarse mal y a enfrentarse con su mamá, que también lidiaba, como podía, con la enfermedad y los cuidados.

Ariadna: Y mi mamá en ese entonces… La entiendo, porque ella estaba asustada también, no sabía cómo tratarme. Entonces yo me sentía muy presionada y hostigada y le dije: “Mamá, vayamos al psicólogo, porque esto cansa”.

Narradora: Ariadna fue al psicólogo por dos años. Eso ayudó a mejorar su relación con ella misma,  con la enfermedad y con su madre. Aun así, hubo muchos días en los que no quería levantarse. Que la tristeza la inundaba. Que, aunque tenía a su familia, se sentía sola. Esa fuerza la encontró, primero, en sus mascotas. Igual que Tiffany.

Ariadna: Entonces no sé, el simple hecho de ver a mi perro, a mi gata, era como… no sé, me daba vitalidad, me da fuerza. Entonces, como te digo, yo me ponía alegre, nomás verlos y corría y le decía: “Spoty”. Y corría, le rascaba  la panza, no sé, creo que su simple existencia, ya me ayudaba a mí a tener como una razón por la cual seguir adelante. El simple hecho de tener a mi gata aquí en mis piernas era como… me hacía ver la vida como de una manera más linda y decir: “Bueno, no todo es tan malo”.

Narradora: Pero no solo fueron las mascotas. Ari encontró fuerza en otros lugares que nunca había imaginado.

Ariadna:Bueno, esto te va a sonar muy raro. Y capaz que no me vas a creer mucho. Pero yo en 2018 conocí a esta banda, no sé si la conocés, que se llamaba BTS.

Narradora: Sí, al principio me sonó raro. BTS es una banda de artistas surcoreanos que consagraron al género k-pop como uno de los favoritos en el mundo. Se me hizo difícil comprender cómo Ari había desarrollado un vínculo tan fuerte como para decir:

Ariadna:Creo que ellos fueron más como toda la base para que yo no me deprimiera.

Narradora: Pero luego comprendí. Ariadna encontró en la música, en las letras de las canciones, un refugio y compañía.

Ariadna: La verdad que cuando yo los escuchaba o los miraba y era como si me dijeran:“No estás sola”. Entonces, eso, yo me sentía acompañada. Me sentía comprendida por ellos, aunque no me conocieran. 

Narradora: Además, BTS no solo eran los artistas y las canciones. Era también una comunidad.

Ariadna:Las fans de ellos, me incluyo, se llaman “Armys”. Entonces conocí a muchas por internet y ahora tengo varias amigas que son de otros países, pero que básicamente nos unen las mismas cosas. Entonces ellas también me ayudaron y aunque no me conozcan, yo hablaba con ellas y me decían: “Sí vas a estar bien, que no sé qué”.

Narradora: Ari sentía que podía contarles a sus nuevas amigas cosas que a sus amistades del colegio no. Les habló de la epilepsia. Sentía que no la juzgaban. Y de nuevo, esa validación de la existencia de la que hablaba Carmen Lucía. Esa correspondencia.

Ariadna: En mi vida creo que siempre he tenido esa sensación de que no tengo mucha atención. Entonces, gracias a BTS y a ellas me sentí un poco menos sola. Y bueno, con el tiempo me dejó de importar si me ponían la atención o no. Entonces ahora es como ya puedo estar yo en la casa sola, que no me afecta.

Narradora: Hablé con Carmen Lucía sobre esos límites entre encontrar validación de los demás, y validarse a uno mismo. Carmen Lucía considera que el amor sano…

Carmen Lucía:  nos da información de quien somos nosotros. Yo entiendo que desde un empoderamiento, de esta necesidad también de estas ideas, sobre todo de las mujeres, que necesitamos a alguien más para que nos valide, creo que a veces hemos negado una necesidad humana de conexión. Y como te digo, de reparación que en el camino, es como gasolinita. Y eso no quiere decir que solo vamos a depender de esa otra persona, pero sí vamos, como te digo, corrigiendo y reparando las heridas anteriores.

Narradora: Ari encontró en el amor de sus amigas, en el de sus mascotas, en el de la comunidad de Armys un espacio seguro en el que aprendió a vivir con epilepsia. Es un camino largo, pero siente que con ellas es más fácil.

Igual que Ari, Jorge Fernando encontró en una comunidad las fuerzas para seguir adelante. En su caso, de una adicción.

Jorge Fernando: Yo, como cualquier persona, cuando nací quería ser un niño feliz. Pero no estaba consciente de que mi vida iba a cambiar.

Narradora: Jorge Fernando tiene 64 años, es empresario y se dedica a la venta y distribución de textiles. Nos pidió que omitamos su apellido. En muchos espacios lo conocen solo así: como Jorge Fernando. Tiene los ojos pequeños, verdes, y escaso pelo que peina para un lado. Recuerda su infancia y a sus padres con alegría, con una excepción.

Jorge Fernando:  Yo no sabía que mi padre era alcohólico y en el camino me di cuenta que para cualquier celebración la botella estaba puesta sobre la mesa.

Narradora: De niño no era consciente, pero en su casa siempre estuvieron presentes el alcohol y los cigarrillos. Y cuando entró a la adolescencia…

Jorge Fernando: Como cualquier joven de mi edad en las fiestas siempre en contacto con el alcohol y se despierta en mí ese monstruo dormido. No solo me gustaba beber, me gustaba el efecto. Eso es interesante porque encontraba placer a través de consumir.

Narradora: Le gustaba esa sensación de adormecimiento, de no estar totalmente consciente de lo que pasaba. De alejarse de sus problemas cotidianos en casa, con los estudios. Continuó la universidad, conoció a una chica, se casaron y tuvieron dos hijos. No dejó de beber. A medida que pasaban los años lo hacía con más frecuencia. El alcohol comenzó a traerle problemas, porque cuando tomaba, él solo podía ser dos cosas.

Jorge Fernando: Los dos extremos: o el payaso de la parranda, muy contento, bailarín, Don Juan, alegre, contador de chistes. O a la mínima acción o reacción de una persona que no me gustara, violencia.

Narradora: La situación se volvió inviable. Jorge Fernando no podía dejar de beber. Tuvo problemas con la gente, con policías… tuvo accidentes de carro. Borracheras que terminaban mal. La relación con su familia, su esposa y sus hijos se deterioró. Jorge Fernando recuerda uno de esos momentos, cuando tenía 34 años, cuando creyó tocar fondo.

Jorge Fernando: Era la despedida de soltero de un primo de mi esposa y entonces mis cuñados pasaron por mí, fuimos, comimos un asado, bebimos y todo y cuando regresamos a casa, yo no iba manejando, pero cuando me bajé….

Narradora: Cuando llegó a casa, iba borracho, apenas podía caminar. Entró solo, como pudo, pero se resbaló en el patio de la entrada. Ahí estaba su perro, que habían entrenado para atacar en situaciones de peligro.

La cabeza de Jorge pegó en una baldosa y comenzó a sangrar. Al escuchar el ruido, su esposa, que estaba dentro de casa, salió a ver.

Jorge Fernando: Yo estaba recostado en la puerta bañado en sangre como si me hubieran dado un golpe en la cabeza. Ella pensó: “A este lo mataron, o le dieron un golpe”.

Narradora: Su esposa fue a auxiliarlo, lo sacudió para que reaccionara. Él despertó, pero no podía mantenerse de pie. El perro, al ver la escena, hizo lo que estaba entrenado para hacer: intentó atacar.

Jorge Fernando: Yo la miraba ahí y ella le decía: “No, a mí no”. Y el perro con los dientes pelados en posición de ataque contra ella.

Narradora: Jorge lo estaba viendo todo, pero no podía hacer nada para ayudar. Estaba muy borracho. El perro no alcanzó a morder a su esposa. Ella consiguió entrar en su casa. Pero ese momento fue un giro en la vida de Jorge. Se dio cuenta de que su alcoholismo ponía en riesgo a quienes lo querían.

Unas semanas después, su esposa le suplicó que buscara ayuda. Así fue como él habló con unos compañeros de trabajo: un auditor que había sido alcohólico y estaba en proceso de recuperación y un amigo de él. Los dos lo llevaron al grupo llamado Fénix, de alcohólicos anónimos.

Eso que hicieron esos compañeros, a los que él llama ángeles, para Jorge Fernando… 

Jorge Fernando:Es uno de los actos de amor más grandes que existen.

Narradora. Ese primer día, en el grupo, le dijeron algo que nunca va a olvidar: que era bienvenido, que era el más importante esa noche.

Jorge Fernando: Esa noche cuando uno llega, pues uno ahí entra como pollo comprado. Es extraño, uno no conoce a nadie solo extraño, pero es gente linda que te recibe con mucho amor y le dicen a uno bienvenido.

Jorge Fernando:Definitivamente estaba con gente que hablaba mi mismo idioma. Sí había gente que en ese momento me entendía. Porque todos teníamos una historia muy parecida.

Narradora: En los últimos 28 años, Jorge Fernando no ha dejado de asistir  a estas reuniones.

Jorge Fernando:Porque se comparte todo el tiempo. Nos van regalando amor, vamos haciendo amigos, vamos haciendo una fraternidad. Nos apegamos más con unos que con otros, y pasan los años y seguimos unidos. Yo tengo amigos que traigo desde ese entonces y son parte de mi vida. Saben de mi sufrimiento, saben de mi dolor. Pero ahora compartimos la gloria, compartimos los laureles. Somos felices, hemos luchado juntos.

Narradora: Desde hace casi tres décadas Jorge no bebe una gota de alcohol. Lo acompañan sus logros, las fichas de algunos aniversarios de sobriedad que guarda con cariño. También lo acompañan sus amigos, sus…

Jorge Fernando:Hermanos, hermanos, eso es muy lindo ¿Como no voy a ser amigo de los que me salvaron la vida?

Narradora: Y lo acompaña también una nueva filosofía de vida, esa que le permite también amarse así mismo. Porque, y cito a Erich Fromm: “El respeto por la propia integridad y la unicidad, el amor y la comprensión del propio sí mismo, no pueden separarse del respeto, el amor y la comprensión del otro individuo. El amor a sí mismo está inseparablemente ligado al amor a cualquier otro ser”. A Jorge este amor propio le permite devolver todo lo que ha recibido.

Jorge Fernando: Entonces estamos abiertos, estamos abiertos a cualquiera que nos pida ayuda. Así como un día nos lo dieron a nosotros.

Narradora: Carmen Lucía es testigo de que, para muchas personas, estos grupos de apoyo son salvavidas. Salvavidas que a veces no han encontrado ni en la terapia ni en otros métodos de rehabilitación.

Carmen Lucía: Sé que este proceso va mucho más allá de solamente reunirse con un grupo de personas que le tengan empatía. Estos grupos están diariamente, cuando tú llegas te ofrecen que una persona pueda estar ahí las 24 horas, para que si a ti a las de tres de la mañana se te ocurre que puedes volver a recaer, en ese momento llamas y ellos están ahí disponibles. Este sentido de disponibilidad, de accesibilidad y de no condicionamiento de la relación. Yo sí puedo entender que una persona pueda asociar eso con la idea de amor.

Jorge Fernando: Se vuelven hermanos de sufrimiento pero en crecimiento. Entonces por eso es que yo a esto le llamo la historia de un hombre feliz.

Narradora: Gracias por escuchar este episodio. Gracias también a todas las personas que nos compartieron sus historias a través de las redes sociales. Nos llenó mucho escucharles.

Si sufres de alguna adicción y necesitas ayuda, cuéntaselo a alguien. Busca redes de apoyo. Si estás en Guatemala, puedes llamar a Alcohólicos Anónimos, al número 2254-6565 o escribir a osg@aaguatemala.org. También puedes llamar a Narcóticos Anónimos al 4241-8626 o enviar un mail a info@naguate.org.

Si lidias con la depresión, la ansiedad o has pensado en quitarte la vida, por favor, llama a la Liga Guatemalteca de Higiene Mental, a los teléfonos 2232-6269 o 2238-3739. O escríbenos para poder darte información sobre otras organizaciones.

No estás sola, no estás solo.

***

El guion de este episodio lo hice yo, Melisa Rabanales. La edición del guion es de Carmen Quintela, el diseño gráfico de Maritza Ponciano y el montaje sonoro de Isaac Hernández, con el apoyo de Jose Manuel Lemus. Agradecemos a Carmen Lucía Cordón, Tiffany, Ariadna, Jorge Fernando y a todas las personas que nos contaron su historia.

Para este episodio se utilizaron fragmentos de la canción Primavera 0 de Soda Stéreo, y de la canción Butter en el concierto de la banda BTS en Los Ángeles.

La voz institucional de Radio Ocote Podcast es de Lucía Reinoso Flores. Julio Serrano Echeverría es el coordinador creativo. Alejandra Gutiérrez Valdizán es la directora general y editorial de Ocote.

Melisa Rabanales

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