Después de las tormentas
Después de las tormentas
Náufragos en su propia tierra.
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Las tormentas Eta y Iota dejaron en Guatemala decenas de muertos y desaparecidos y cientos de miles de afectados. En este episodio del podcast de Radio Ocote hacemos un análisis de lo que supusieron estos fenómenos naturales en un país que, a pesar de tener una historia de desastres, no se preparó para proteger a una población ni para ayudar después a unas personas que quedaron en el abandono. Muchas ya lo estaban antes.


Este es un episodio de podcast. Para escucharlo, dale play al enlace de abajo.


Después de las tormentas // Náufragos en su propia tierra.

Narradora: Te invito a que cierres los ojos. A tomarte un momento para imaginar.

Llueve. Estás dentro de una casa pequeña, en una aldea escondida entre montañas de Guatemala. El agua se cuela por las grietas de la pared de block y por los espacios entre las láminas que hacen de techo. El suelo está enlodado. Se formó una capa gruesa de barro sobre el piso de tierra. Hace frío. Tratas de cubrirte con una chamarra. Está mojada y la humedad te cala los huesos.

Lograste hacerte un espacio sobre la cama, la misma que compartes con tus hijos, tus hermanos, tus papás, tus abuelos. Es el único lugar al que no había llegado el agua, pero poco a poco el colchón se ha ido empapando. Abrazas a los más pequeños, intentando darles un poco de calor. Tiemblan. Tiemblas. Ellos lloran.

El viento levanta las láminas de la casa. Rompe las ventanas. Abre la puerta de la entrada y deja entrar la lluvia con toda la fuerza. Afuera, la calle parece un río. Un río de agua sucia, lodosa, que arrastra piedras, ramas de árboles, cerdos, gallinas, pollos, patos, perros, gatos.

Desde dentro puedes ver cómo el agua ha ido cubriendo las casas que quedaban en las partes más bajas de la aldea.

Miras a las personas de más edad, a las abuelas, a los abuelos. No sabes cómo vas a sacarlos de ahí si el agua sigue entrando en la casa.

Narradora: La corriente arrastró algo más fuerte. No sabes si es un árbol, un establo, una casa. La tormenta no para. Cierras fuerte los ojos y esperas que pase pronto.

El cinco de noviembre de 2020, la tormenta tropical Eta entró en Guatemala, con vientos, truenos y lluvia. Apenas dos semanas después, llegó Iota, aún con más fuerza.

Siete departamentos fueron los más afectados: Alta Verapaz, Izabal, Quiché, Huehuetenango, Petén, Zacapa y Chiquimula. Según las cifras de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres, conocida como Conred, 54 personas murieron y al menos 100 siguen hoy desaparecidas. Las tormentas dañaron miles de casas y destrozaron más de 130 mil hectáreas de cultivos: seis veces la superficie de Ciudad de Guatemala. Casi dos millones de personas perdieron sus cosechas, sus casas y sus animales. 

Cuatro meses después de que las tormentas tocaran tierra, Carmen Quintela y José David López, periodistas de Agencia Ocote, viajaron a algunas de las comunidades más afectadas en Alta Verapaz,  Izabal y Quiché . Ahí se encontraron con aldeas enteras sepultadas en el lodo, comunidades destrozadas aún con agua estancada y “pueblos fantasmas”. 

Las historias las narraron en Después de las tormentas, un especial en el que contamos qué pasó en estos lugares tras el paso de Eta y Iota y en el que profundizamos en las causas y en las consecuencias de los desastres.

Soy Melisa Rabanales, periodista de Agencia Ocote, y en este episodio de Radio Ocote te hablaré de cómo las tormentas afectaron a miles de personas en Guatemala. De cómo estos no han sido, ni probablemente serán, los únicos fenómenos naturales que causarán tragedias. De la falta de previsión de los Gobiernos, del cambio climático y de la vulnerabilidad de unas personas a las que el Estado abandonó y que se convirtieron en náufragos en su propia tierra.

[Comienzo música sube que continúa debajo de la siguiente narración]

Narradora: El aviso de las tormentas llegó días antes de que empezaran las lluvias intensas. El 2 de noviembre de 2020, la noticia comenzó a transmitirse en los principales medios de comunicación. Se hablaba de un huracán que avanzaba por el mar Caribe.

Noticia Telecentro: Durante la tarde de este lunes el centro nacional de huracanes de Estados Unidos informó que Eta se fortaleció a huracán categoría 4 con vientos máximos de 215 kilómetros por hora…Ante el peligro que pueda representar este fenómeno natural al territorio guatemalteco, las autoridades del Insivumeh y de Conred activaron las alertas respectivas.

Narradora: El huracán Eta tocó primero las costas de Nicaragua el 3 de noviembre. Las autoridades confirmaron que entraría en Guatemala más débil, como tormenta tropical, pero eso no aliviaría el peligro.

La Conred pidió a los Centros de Operaciones de Emergencia, organizaciones, municipalidades y líderes comunitarios que informaran a la población. Pero el aviso no llegó a algunas comunidades, y a otras no lo hizo a tiempo.

Magdalena Matóm es una joven maya ixil de 18 años, con el pelo rizado y un huipil de colores. No tenía idea de que ese día perdería a ocho miembros de su familia en la aldea Palop, en Nebaj, Quiché. Cuando empezaron las lluvias, nadie en Palop sabía que debían evacuar. El anuncio de la Conred les había llegado a unos líderes comunitarios demasiado tarde.

Magdalena no estaba ese día en la comunidad. Una semana antes se había ido de Palop porque empezaba un trabajo como cocinera en una casa particular de otra aldea cercana. 

Magdalena Matóm: Como en ese día yo no estoy aquí, estaba trabajando en otra aldea. Ahí empezó la lluvia parece que en el día jueves empezó la lluvia. Cuando llamé a mis papás, a mis cuñados, ya no entraba la llamada. Y cuando parece que a las 12 yo vine hasta aquí, yo venía aquí a ver si es cierto que mis familias se fueron. Pero ya no podía entrar aquí porque ya hay muchos derrumbes en el camino ya no podía entrar.

Narración: En Palop, el agua bajó ese día de la montaña. Creó una corriente que dividió la comunidad en dos y que se llevó por delante la casa de Magdalena, con toda su familia dentro. Sus padres, cuatro hermanos y hermanas y dos cuñadas fueron arrastrados colina abajo, hasta el río Palop, a un kilómetro del lugar. Solo se salvaron su hermana Cecilia y su sobrina Catarina de siete años.

[Música de transición]

El 3 de noviembre de 2020, dos días antes de la llegada de Eta, personal de la Conred y de la Policía Nacional Civil llegaron a Sebol, una aldea de Morales, Izabal, en la costa atlántica guatemalteca. Advirtieron a la gente: si era necesario, si las lluvias eran muy fuertes, debían salir de sus casas e ir a los albergues habilitados.

Pero la gente no pudo dimensionar la magnitud de lo que se venía. Muchos decidieron quedarse en sus casas. Temían que, si se iban, otras personas podrían robarles sus muebles y sus electrodomésticos.

Doris García: Ese día oímos la noticia pero nunca creímos que nos iba a sorprender. Ese día, nos vinieron a decir, nos decía que se iba a inundar Sebol, y nosotros no lo creíamos, nos acostamos a dormir. Mis hijos como ellos no duermen estaban despiertos. A las 11 nos levantaron ellos y nos dijeron “mamá se está metiendo el agua”. Entonces me levanté yo y dije “dónde”, ahí empezamos a ver no se miraba tanto. A la una de la mañana vimos que el agua iba entrando y entrando…

Narradora: Doris García, a quien acabas de escuchar, tiene 40 años y cuatro hijos: tres mujeres y un varón. La más pequeña de sus hijas tiene cinco años. También es abuela. Toda la familia vive en la misma casa.

Doris: Cuando vimos nos llegaba aquí, luego aquí, después aquí, cuando vimos nos llegaba a la cintura y salimos. Para ir a ese lugar que le digo a una plancha de cemento. Ahí estuvimos todo ese día. Toda esa noche en la madrugada. A las nueve de la mañana nos dijeron que no nos venían a sacar porque nos llegaba a la rodilla el agua.

A unos doscientos kilómetros de donde vive Doris, la aldea Campur, en Alta Verapaz, se empezó a inundar. Esteban Ach Caal, un maestro de educación primaria, había escuchado de Eta en las noticias. Sabía que llegaría una tormenta pero no se esperaba que su aldea terminaría bajo el agua. Que las casas y los árboles acabarían cubiertos y que Campur se convertiría en una laguna.

Esteban Ach Caal:  Corrían y buscaban “¿Qué vas a hacer? ¿Salió el agua?” Nos asustamos, fuimos corriendo allá abajo, donde está la parroquia. Y ya estaba cierta cantidad de agua. Y cristalina, se podía ver lo profundo. Y otros corrían para otro lado. Allá nació también, del otro lado ya nació también.  Todos alarmados ¿Y a dónde? ¿qué vamos a hacer?

Narración: A Esteban, el agua le hizo recordar.

Esteban: Aquí, pues hace 22 años después del huracán Mitch, se había inundado una parte de abajo, por la parroquia. Y pero, no había inundado ciertas casas, solo fue poco. Ahora después de estas tormentas Eta y Iota, fue más masivo. Fue muy duro para nosotros porque inundó todo lo que es Campur, lo que es muy difícil es ver a mucha gente, ver su casa enlodada.

Narradora: Esteban tiene razón. No era la primera vez que las tormentas tropicales y los huracanes azotaban Guatemala. Hay registros de huracanes y tormentas de décadas atrás: Hattie en 1961, Fifi en 1974… En 1998, el huracán Mitch dejó 110 mil damnificados y 268 muertos, según los datos de la Conred

Siete años después, en 2005, la tormenta tropical Stan fue más devastadora: dejó 669 muertos, 844 personas desaparecidas y casi 500 mil damnificados.

[Efectos de sonido de tormentas]

Después del paso de Stan, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja aseguraron en un informe que las  autoridades gubernamentales y la Conred habían sido deficientes, al no coordinar rápidamente acciones que permitieran salvar la vida de cientos de personas.

Las instituciones parecían no aprender de sus errores. Cinco años más tarde de Stan, el 29 de mayo de 2010, entró a Guatemala la tormenta Agatha, con lluvias y vientos de hasta 75 km/h. Dos días antes, el 27 de mayo, el volcán de Pacaya había entrado en erupción. Los dos fenómenos naturales dejaron 193 fallecidos, 110 personas desaparecidas y 104 mil personas damnificadas en toda Guatemala. Y en 2018….

Noticiero Euronews 00: Terribles imágenes las que nos llevan de Guatemala, donde el Volcán de Fuego ha entrado en erupción de una forma brutal arrasando todo a su paso…

[El audio del noticiero va haciendo fade out y diluyéndose dentro de la siguiente narración]

Narración: Según la Conred, la erupción del Volcán de Fuego dejó más de 100 muertos, alrededor de 300 desaparecidos y más de un millón de afectados. San Miguel los Lotes, una comunidad en el departamento de Escuintla, quedó soterrada bajo la ceniza y las rocas.

Guatemala tiene una amplia historia de desastres asociados a fenómenos naturales. Las instituciones deberían estar preparadas después de las experiencias del pasado. Pero no lo están.

En 2020, en plena pandemia de COVID-19, la historia volvía a repetirse. Pero esta vez sería diferente. Habían pasado solo doce días desde que Eta entró a Guatemala, cuando llegó Iota.

Noticiero CNN: Increíble la noticia pero tenemos una nueva tormenta tropical, se llama Iota, y según el boletín número 2 del Centro Nacional de Huracanes tiene todas las condiciones perfectas para convertirse en un huracán de gran tamaño y de gran fuerza. (corte) Y se dirige hacia el mismo lugar donde hizo contacto con tierra el huracán Eta en Centroamérica, la frontera entre Honduras y Nicaragua.

Narradora: No dio tiempo para casi nada. Ni para respirar o reponerse. En menos de dos semanas el terror llegaba de nuevo.

Continuamos esta historia al regreso de la pausa.

***Pausa del medio Radio Ocote***

[Efectos de sonido lluvia/ tormentas]

Narradora: El huracán Iota fue aún más fuerte. Alcanzó la categoría 5 cuando tocó Centroamérica.

Después de Eta, Campur, la aldea de Esteban, había quedado convertida en una laguna de agua cristalina que emergió de los siguanes, como se les conoce a las cavidades naturales en la tierra, al fondo de los barrancos. Con la llegada de Iota, el agua siguió subiendo.

Esteban: Cuando llegó aquí, aquí ya se había levantado, ya había agua, en esta rejoyita, había hortalizas. Y ya venía el agua “y aquí quién me ayuda” Ya después de que nosotros batallando acá. Entonces fue muy duro. No quisiera recordar esto por los niños que lloraban. Los niños no entendían esto qué es lo que estaba pasando. Y muchas señoras que no tenían cómo sacar sus cosas eran las que lloraban más.

Narradora: Especialistas como Tania Guillén, ingeniera ambiental e investigadora del Centro de Servicios Climáticos de Alemania, clasifican estos fenómenos como un caso extremo.

Tania Guillén: Es un caso extremo porque en los registros no teníamos, por ejemplo, la incidencia de dos huracanes de categoría 4 o 5 impactando la misma zona en el término de dos semanas. Y esas son condiciones básicamente extremas a las que tanto los gobiernos como las poblaciones se enfrentaron. Y estamos hablando de ciclones en las máximas categorías que los vientos estaban en su velocidad máxima…

Narradora: Tania Guillén explica que, según estudios publicados, Centroamérica es la región tropical más sensible al calentamiento global. Y relaciona esto con la intensidad de las tormentas.

Tania Guillén: Artículos científicos lo dicen y también el IPCC también en sus reportes lo menciona es que quizá la frecuencia de los huracanes no va a aumentar pero si la intensidad de los que son categoría 3, 4 y 5. Y ese es el caso, por ejemplo, de lo que se vivió en Centroamérica el Noviembre pasado…           

Narradora: A pesar de las experiencias pasadas, y la constante advertencia de los riesgos que implica el cambio climático, Tania cuestiona la incapacidad de los Gobiernos para tomar decisiones pensando en el futuro. La falta de previsión. 

Tania: Primero los gobiernos tienen que informarse. O sea, los gobiernos tienen que basar sus decisiones en cuanto a las políticas públicas y tienen que basar su decisión en cuanto a la información más reciente y más robusta que esté disponible.

Narración: En Guatemala, las medidas del Gobierno fueron insuficientes. En algunos lugares se evacuó, pero los albergues no estaban preparados. En otros, la noticia no llegó a tiempo. Las aldeas más afectadas fueron aquellas que habían estado abandonadas por años, con poco acceso a la salud, al agua potable, a la electricidad.

Los planes para reconstruir quedaron, la mayoría, en promesas. Después de las tormentas las personas volvieron a quedarse solas.

Narradora: La aldea Campur, en Alta Verapaz, pasó más de dos meses bajo el agua. Lo que antes había sido un casco urbano importante, el centro de comercio de maíz, cardamomo y granos básicos de muchas comunidades aledañas, y también el hogar de Esteban, se convirtió en una laguna. El agua se llevó todos los cultivos, algunas casas, las pertenencias de las personas. Todo.

Esteban: Más de 60 días. 60 días estuvo el agua acá, más de 60 días costó irse, ya lo espeso, la suciedad, la vegetación que se pudrió costó que se drenaran los siguanes.

Narradora: Cuatro meses después, algunas personas comenzaron a regresar. Pero lo que se encontraron fue una aldea devastada. Así lo cuenta Eric Cuc Caal, líder comunitario.

Eric Cuc: Dejó todo quemado el ecosistema donde estuvo concentrado el agua por mucho tiempo, entonces se quemaron toda la vegetación que tenía Campur, lo verde que era Campur. Y ahorita pues es todo seco. Como que si fuera un, una batalla de guerra. Porque ese es el resultado que dejó esas dos tormentas, todo muerto, todo seco.

Narradora: En Palop, la aldea de Nebaj, en Quiché, donde vivía la familia de Magdalena, se abrió una grieta en la montaña: una marca imborrable del paso del agua. En Magdalena la marca de Eta y Iota no es visible, pero la lleva consigo, muy dentro. Meses después de perder a sus ocho familiares, regresó a la que era su casa. No la reconoció. Las tormentas lo habían borrado todo.

Magdalena:  Aquí era mi cocina ahora ya no se ve nada, pero cuando yo vine el día viernes si estaba lleno de lodo. Hay muchas piedras, pero ahora si ya no se ve mucho qué es lo que pasó aquí.

Ahora ella vive con su abuelo, su sobrina y la única hermana que sobrevivió. Aún no sabe dónde construir una nueva casa ni cómo conseguir el dinero para pagarla. Magdalena perdió su trabajo y el maíz y el frijol que tenían plantados: las tormentas lo pudrieron.

En Sebol, en Izabal, cuando Doris y su familia lo perdieron todo, ella tuvo que refugiarse en un albergue de una comunidad cercana llamada Las Parcelas. Pero no aguantaron mucho tiempo. Las condiciones eran malas y había más gente de la que podían recibir.

Doris: De ahí nos fuimos para otro albergue porque estábamos amontonados, fuimos para Los Encuentros con una mi hermana. Y como estamos con los hermanos, con la familia uno dice, y como dicen, de los días. Y me vine para Rosario también, otros días, estuve otro mes y después vine a ver a mi casa a ver si podíamos entrar.

Narradora: Cuando regresaron a Sebol, se encontraron con la aldea sumergida en el lodo. Las casas estaban enterradas, los muebles y vehículos inservibles y apenas se podía caminar en el lugar. Meses después, en marzo de este año, las personas todavía sacaban de sus viviendas capas y capas de barro, con el que los niños aprovechaban para jugar. 

Doris: Lo más duro y difícil es regresar uno y no hallar nada en su casa verdad. No hallar sus cosas, que todo se haya perdido, y aquel asalto no lo deja uno andar ahí. De ver a su casa y su vida, eso es lo más duro que hay.

Narradora: En Guatemala más de 300 mil personas fueron evacuadas. La Conred indicó que albergaron a alrededor de 43 mil, menos del 15% de quienes tuvieron que dejar sus casas. Las demás personas, como Magdalena, se quedaron en casas de vecinos, familiares o en salones que ellos mismos improvisaron.

[Música de transición]

Narradora: Antes de las tormentas Doris y su esposo tenían dos cosechas de milpa. Una les servía para consumo propio, otra, para vender maíz. También tenía 15 patos, 10 gallinas y una gatita doméstica con sus crías. Todo murió. El agua también trajo hambre: se llevó la comida. 

Doris: Pues la comida de mis hijos, porque por lo menos la cosecha que mi esposo había entrado, teníamos maíz, frijol y todo eso, y mis camas. Mi televisor. Todo lo que tenía, mis ollas, mis vajillas, todo. Todo. Y uno va a su casa y no mira nada se siente aquella cosa, aquel vacío de todo lo que uno hizo en tantos años se haya venido a destruir en un poquito. Eso es lo que le duele a uno.

Aunque los tres protagonistas de este episodio no se conocen y los separan decenas de kilómetros, comparten historias y experiencias. Todos fueron víctimas de la fuerza de la naturaleza, del cambio climático, pero también del abandono de un Estado. De un Estado que no hizo lo suficiente para prevenir la catástrofe y que, meses después, sigue sin hacerse cargo de la recuperación.

Esteban: Después de 44 días vinieron representantes de Gobierno a sus discursos como siempre, a sus ofrecimientos. Mientras nosotros teníamos necesidad, hambre, y ellos vinieron a hacer sus ofrecimientos “Vamos a venir”. Con esa falta de respeto todavía de que irían a venir. Y todo lo que ofrecieron nunca vino. El gobernador vino con 11 colchones para albergar a 1500 personas, con 16 cubetas para ser exactos, imagínese, qué falta de respeto. Entonces ya no tenemos ni cólera, sino que solo tristeza nos queda. Porque nuestras autoridades de gobierno nunca vinieron. La gente que sí vino a apoyarnos fue gente de afuera.

Narradora: El 8 de diciembre de 2020, más de un mes después de que Eta y Iota llegaran a Guatemala, el Presidente Alejandro Giammattei anunció la creación del Gabinete Específico de Reconstrucción por los Daños Causados por las Depresiones Tropicales.

Declaración Giammattei: Estamos definiendo ya el monto que se va a utilizar, que se está utilizando ya del fondo de emergencia y los trabajos que hay que hacer para el año entrante.

Narradora: Se asignó un presupuesto de más Q553 millones para atender la emergencia. Siete meses después de las tormentas, a inicios de julio de 2021 las instituciones públicas apenas habían ejecutado el 31.8% del presupuesto.

El Ministerio de Agricultura Ganadería y Alimentación, conocido como el MAGA, estima un área dañada de casi 137 mil hectáreas y más de 200 mil familias afectadas al perder sus cultivos.

A pesar de esto, Doris cuenta que en Sebol la única ayuda que ha recibido del Gobierno han sido algunos víveres.

Doris: Así de grandes ayudas no, solo comidita, solo bolsitas de alimento, arroz, una bolsa de arroz, una bolsa de frijoles.

Narradora: Según información proporcionada a Agencia Ocote por el MAGA, hasta el 24 de marzo de 2021, únicamente se habían entregado libras de arroz y frijol a 16 mil personas damnificadas en todo el país.

Mucha de la ayuda que llegó a las comunidades no vino del Estado.

Esteban: Pongale, no gubernamentales, iglesias, ongs, ayuda internacional, esa es la que vino a ayudarnos. De víveres no nos quejamos. Vinieron a dejarnos bonitos víveres, bolsas, gente que luchó. De verdad que es muy difícil ver que gente a la que no tiene es la que apoya. La que da. Gente de nuestra aldea es lo que vinieron, es lo que vinieron a apoyarnos.

Narradora: A ninguna de las comunidades que visitamos había llegado el Gobierno para apoyar en la reconstrucción de las casas. Doris y Esteban, por ejemplo, lo estaban haciendo por sus propios medios.

Esteban: Sí ahorita lo que tenemos, estamos tratando la manera de reconstruir. Tenemos que empezar de cero. Nuestras cosas ya no tenemos. Nuestras camas las perdimos. corte Ahora gracias a Dios, recuperándonos, me metí a un poquito de crédito, para comprar mi casa, la que uno está acostumbrado.

Doris: Y después mejor decidí hacer techo para entrar y puse tablitas aquí, puse tablitas, y mejor anduvimos, nos venimos de una vez. Aquí estamos gracias a dios en nuestras casitas.

Narradora: Esteban, Magdalena, Doris son tres de las miles de personas que lo perdieron todo: sus cosechas, su comida, sus hogares. Algunos, sus familias. Son tres de las miles que, ante la ausencia del Estado, se tienen que acostumbrar a estar solas en una región vulnerable a sufrir las consecuencias de los fenómenos naturales y la mala gestión del Gobierno.

Tienen que empezar de cero, porque no pueden tomar un descanso. El hambre y la pobreza, que en muchos casos ya estaba antes, no los deja.

Narradora: Desde debajo de un techo de lámina, se vuelve a escuchar cómo el agua cae. Ha comenzado una nueva temporada de lluvias en Guatemala. La gente pide al cielo que esta vez no sea como antes, que no caiga tan fuerte el agua, que, ahora sí, la casa aguante.

Narradora: Después de las tormentas es un especial transmedia de Agencia Ocote, realizado con el apoyo financiero de Seattle International Foundation. Puedes leer nuestras crónicas, análisis y entrevistas, mirar los videos y fotografías, y experimentar con los datos en el sitio web: despuesdelastormentas.agenciaocote.com

El guion de este episodio lo hice yo, Melisa Rabanales. La investigación y las entrevistas las hicieron Carmen Quintela y José David López Vicente. La edición del guion es de Carmen Quintela. La producción sonora es de Jose Monterroso. Maritza Ponciano coordinó el diseño. Las fotografías y videos son de Carlos Alonzo. Jorge Sagastume en las redes sociales.

El especial Después de las tormentas fue dirigido y diseñado por Alejandra Gutiérrez Valdizán.

*** FIN***


Créditos de este episodio

Guion: Melisa Rabanales

Cobertura, investigación y entrevistas: Carmen Quintela y José David López Vicente.

Edición del guion: Carmen Quintela

Edición y producción sonora: Jose Monterroso

Fotografías: Carlos Alonzo.

Coordinación de diseño: Maritza Ponciano.

Redes sociales: Jorge Sagastume

El especial Después de las tormentas fue dirigido y diseñado por Alejandra Gutiérrez Valdizán

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