Después de las tormentas

Tengo miedo torero
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Tengo miedo torero es una novela y ahora también es una película, la primera de Pedro Lemebel, la segunda de Rodrigo Sepúlveda. No es fácil llevar al cine a uno de los grandes de la literatura latinoamericana, pero esta reseña nos da algunas razones para sentarnos frente al VOD y darnos una tarde de cine.


“Yo creo que esa novelita rosa va a tener un destino fílmico” le decía Pedro Lemebel a Óscar Contardo en una entrevista en 2008. Pedro murió en enero de 2015 sin ver realizado el proyecto que se estrenó a través de internet para el público chileno en Septiembre de 2020 y que puede verse en Amazon Prime Video a partir del 16 de abril.

Este drama ambientado en la época de la dictadura chilena, es una adaptación del cuarto libro y única novela escrita por Pedro Lemebel, Tengo miedo torero.

La historia gira sobre la relación de la Loca del Frente y Carlos, un revolucionario que participa en un atentado contra Augusto Pinochet. La relación se convierte en un amor platónico que es asediado por los prejuicios, las dudas, el miedo del ambiente, pero también por la festividad, la risa y la irreverencia.

Maestro de Artes Plásticas, artista visual y del performance, escritor, cualquier dato biográfico sobre Pedro Lemebel se queda corto para significarlo. Sus obras escritas incluyen poesía, cuento y una única novela en la que se basa esta película. Tengo miedo torero es una ficción que cuenta algunos detalles reales, como el atentado que sucedió en 1986, o como algunos rasgos del personaje principal atribuidos a Lemebel.

Una de las críticas a la película ha radicado en la selección de protagonistas, interpretados por hombres heterosexuales alejados de la realidad de los personajes que hábilmente detalla Lemebel en la novela. Otro de los inconvenientes que presenta es la reducción que el cine hace de la literatura, la adaptación deja de lado el retrato familiar e íntimo del dictador que tan logrado está en la obra y reduce muchas expresiones literarias. Pero son cosas que suelen pasar con las adaptaciones.

Quizá uno de los problemas de hacer una película que tenga qué ver con Pedro Lemebel es la expectativa alta que plantea de entrada el proyecto, porque pretendemos que la pieza contenga el espíritu intacto del artista. “Mi estética es la sospecha” dijo alguna vez Lemebel y contar a Lemebel es muy distinto a hacer una adaptación de uno de sus libros. Esa es una diferencia necesaria de hacer.

La película parte del meet-cute (el momento del encuentro de los protagonistas) para dejar sentada la intención. A diferencia de la novela, no es ella habitando su casa, sino el encuentro de ambos el que se especifica como eje del que parte la narrativa. Los colores profundos, el marcado contraste y los boleros aportan detalles significativos a la pieza, incluido el “Invítame a pecar” de Paquita la del Barrio con la que se complementaban los programas de radio de Lemebel.  Estos detalles le dan un toque particular y cercano a la novela, te hacen recordar el texto, evocar la historia.

La interpretación de Alfredo Castro es muy lograda, pero el personaje descrito en la novela es ya de una riqueza incomparable. Los personajes más planos, los secundarios que entran y salen del hilo narrativo son descritos en el libro con una sensibilidad poco común, quizá esto queda recortado en la película, quizá esa profundidad en la descripción visual es enfocada hacia la Loca del Frente, a sus sentimientos, su alegría, pero también la rabia, la desilusión, la gravedad. Y claro, el personaje lo merece.

La película, dirigida por Rodrigo Sepúlveda no es claramente la novela, pero para quienes conocen el trabajo de Pedro Lemebel y para quienes disfrutaron la novela, la pieza resultará entrañable. Quizá extrañarán una postura más combativa pero el final ante el mar con la despedida inminente, el adiós a la posibilidad de una amistad tibia que jamás se convertirá en amor después de que una negativa en forma de: “yo no tengo amigos, cariño. Tengo amores”, mientras suena de fondo “Si no hablamos”, la canción original interpretada por Pedro Aznar y Manuel García les conmoverá.

Es una película dulzona, pero sobre todo es una grandiosa oportunidad para recordar a Pedro Lemebel y acercarse a su obra, a su performance, a los mensajes repartidos por las Yeguas del Apocalipsis, de escucharle, de observar, de pensarle y entonces completar la frase:

“Yo no tengo amigos, yo tengo amores. La amistad es burguesa, es una construcción burguesa y masculina: el compadre, el pata… Yo tengo amores”.


Liliana Villatoro es cinéfila y escritora, ha publicado investigación social, narrativa breve, poesía y novela.


Las opiniones emitidas en este espacio son responsabilidad de sus autores y no necesariamente representan los criterios editoriales de Agencia Ocote. Las colaboraciones son a pedido del medio sin que su publicación implique una relación laboral con nosotros.

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