Después de las tormentas
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Al ritmo del coronavirus
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Las industrias culturales son de las más afectadas por la crisis del coronavirus, la música resiente duramente esta crisis, de sus implicaciones para músicos, productores, sonidistas, apoyo técnico, entre otros, nos habla el músico Jacobo Nitsch.


Sin duda la pandemia del Sars cov-2 ha hecho que los humanos nos replanteemos paradigmas sobre lo que consideramos una vida normal y nuestra función dentro del planeta. Para el ámbito de la música no hay excepción. Las presentaciones en vivo, que suelen ser La principal fuente de ingreso para los interpretes activos, se han suspendido. Quedan el streaming, la venta de mercadería, el licenciamiento de obras, la venta de discos físicos… Sin embargo, para un artista radicado en países en vías de desarrollo, las plataformas digitales no representan un ingreso constante o considerable para subsistir (aprox. $0,006 por reproducción, menos impuestos y menos gastos de transacción). Esto hace pensar en cómo era la vida de la música en Guatemala antes del coronavirus.

La música nacional no era el centro de la vida artística del país. La mayoría de la música que acá se escucha es extranjera. Las políticas de los medios tradicionales de difusión han desestimado (por años) la ley que establece que el 25% de la programación radial y de televisión se llene con obras guatemaltecas. Aunque desde hace cinco años existe una política pública para la promoción de la cultura y las artes, no ha existido una voluntad política para su implementación. En consecuencia, esto ha tenido influencia sobre el hecho de que la afluencia a conciertos y el streaming en plataformas digitales sea colosalmente mayor para un artista extranjero. Por lo tanto, bares, restaurantes, centros comerciales, e incluso músicos se sienten obligados a reproducir e interpretar lo que el público “quiere” oír, partiendo de la idea que el público ya está formado en su gusto musical por lo que se oye en la radio, tv, y ahora medios digitales.

Con la pandemia, el recurso de las presentaciones en vivo será suspendido por al menos un año -llevamos dos meses- afectando directamente no solamente a los intérpretes, sino también a las empresas de audio y al personal de asistencia (roadies). Sin este ingreso, varios de los mencionados están sufriendo las consecuencias, reflejadas en problemas de pago de renta y deudas con acreedores para llevar el sustento familiar. Algunos han empezado pequeños negocios de venta de comida y servicios, otros han iniciado a laborar como repartidores de comida y Uber, la mayoría, alejados de la actividad económica artística. Esta situación se agravará durante los próximos meses, y el panorama de la incipiente industria de la música será inédito.

Estos desafíos requieren de una respuesta creativa por parte de los actores del sector. Una de las alternativas inmediatas son los conciertos en streaming, pagados, en plataformas como Facebook o Instagram. En este caso, el reto será conseguir una producción que cuide el sonido y la composición visual, lo que representa un área de trabajo para empresas de audio y equipo técnico de audio y video -aunque los ingresos no serán parecidos a los de un evento tradicional sin coronavirus-. El éxito de estos eventos dependerá del trabajo de difusión y de las relaciones entre actores y artistas del sector.

La recaudación a través de plataformas digitales puede ser otra fuente de ingreso para él músico, sin embargo, es necesario que el público escuche su música en dichos medios, lo que requiere una estrategia para darse a conocer. El reto será encontrar la manera de ser prominente entre tanta música que a diario se produce (más en esta época en que hay tiempo para componer y grabar). Otro de los problemas que afrenta el streaming es que según el censo poblacional solo el 29.3 % de la población tiene acceso a internet y solo el 17.3 % tiene este servicio en casa.

Por otro lado, hay que reconocer el esfuerzo de las asociaciones de gestión colectiva -Aginpro, Musicartes y AEI-, para buscar el apoyo del gobierno y promover la escucha de artistas nacionales, especialmente la de sus asociados. Pero ¿Dónde están las instituciones cuya razón de ser es el velar por la cultura y el arte? ¿En dónde está una propuesta de políticas culturales de parte del Ministerio de Cultura? ¿Cómo está ayudando el Instituto de Previsión Social del Artista -señalada gravemente de corrupción- a los afectados?

La crisis del Covid-19 ha transparentado, tal y cual lo imaginábamos, un país con problemas graves en temas desarrollo económico que incluyen necesidades básicas como la salud, educación y cultura. Para que la música y las artes sobrevivan y puedan tener un horizonte prometedor, hay que ser creativo porque no hay ninguna receta. Fuera de parecer pesimista, creo que es importante poner las cartas sobre la mesa acerca de las condiciones actuales para poder crear una estrategia real y efectiva. Es necesario el trabajo en conjunto de artistas, promotores, empresarios y asociaciones, pero también es elemental el trabajo de la comisión correspondiente en el congreso de la república y principalmente de un Ministerio de Cultura y Deportes que, hasta el momento, ha estado callado y paralizado. Sin estrategia no saldremos adelante.


*Jacobo Nitsch: Educador, gestor, músico y compositor. Trompetista y director musical de Malacates Trébol Shop y Jazzimba.


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