En la carretera de entrada a la Antigua Guatemala, entre la rotonda de varios carriles que distribuye el tránsito de entre la RN-10, la entrada hacia Antigua Guatemala y la …
En la carretera de entrada a la Antigua Guatemala, entre la rotonda de varios carriles que distribuye el tránsito de entre la RN-10, la entrada hacia Antigua Guatemala y la aldea Santa Inés. Un grupo de unas doscientos cincuenta personas se protege del fuerte sol de mediodía bajo la sombra de unos arbustos que sobresalen de una de las casas que se encuentran en las orillas de la carretera frente al redondel.
Escuchan las últimas indicaciones y protocolos de seguridad de la primera marcha del orgullo LGBTIQ+ en Antigua Guatemala:
«Recuerden no responder ante las provocaciones que puedan haber de parte de la policía. El objetivo de la marcha es que seamos visibles, esparcir amor y paz».
Una de las organizadoras repasa la logística: mantenerse en bloque, atender las instrucciones del equipo de seguridad, hidratarse, cuidar de los niños y evitar confrontaciones. «Nosotros venimos a amar, esparcir amor y demostrar que no somos amenaza para nadie», les recuerda.
Las indicaciones no son en vano. Esta es una marcha que nació con tropiezos. Primero, la oposición del concejo municipal de la Antigua, que trató de impedir la actividad con el argumento de que necesitaban proteger «la identidad, las costumbres y las tradiciones del municipio», según el alcalde, Juan Manuel Asturias.
En respuesta, el Comité Coordinador del Orgullo LGBTIQ+ Antigua tomó dos decisiones. La primera, presentar una denuncia ante la Procuraduría de los Derecho Humanos (PDH). Una semana después la PDH aunque no se pronunció de manera oficial, si estuvo presente durante todo el recorrido de la marcha.
La segunda, desarrollar protocolos de seguridad para asistentes e incluir medidas para proteger el patrimonio cultural de la ciudad.
Aun así, la municipalidad presentó un amparo en la Corte de Constitucionalidad, que permitió la marcha pero con restricciones. La principal: un cambio en el lugar de salida y llegada y en el trayecto.
En el trayecto original, la marcha salía de la iglesia Candelaria a mediodía y cruzaba toda la ciudad hasta llegar al tanque La Unión, a un par de cuadras del Parque Central.

La CC ordenó que el nuevo recorrido se hiciera en un trayecto distinto al «de la Procesión de la Iglesia La Merced y a las demás actividades familiares, culturales y religiosas que fueron autorizadas previamente en el casco urbano histórico».
Así que el nuevo punto de encuentro fue «el obelisco», como se le conoce al punto de entrada y salida de La Antigua.
Las organizaciones y colectivos LGBTIQ+ empieza a reunirse en el lugar a las 11 y media de la mañana de este sábado 20 de junio.
Las alas rosadas de mariposa que identifican al comité organizador «Orgullo Antigua» sobresalen entre camisetas blancas, gorras, banderas arcoíris y el calor del mediodía.
Una hora y media más tarde, con el sol brillando en su punto más alto, ya hay una aglomeración de personas, colectivos, organizaciones, familias con sus niños, amistades… Son unas doscientas cincuenta personas aproximadamente. Entre las personas que esperan el inicio del recorrido está Bárbara, una mujer trans que decidió participar para reivindicar el derecho a expresarse libremente.
«Quiero dejar en claro el mensaje de respeto y dignidad para todas las personas, ya que como seres humanos tenemos el derecho a expresarnos», recuerda mientras sostiene una bandera arcoíris.
Lamenta que aún existan intentos de restringir estas expresiones públicas. «Estamos ya en una sociedad donde es inevitable esconder lo que todos somos»., afirma.

Los vehículos que pasan por la carretera a pocos metros de la concentración. Algunos conductores disminuyen la velocidad y hacen sonar la bocina en señal de apoyo; otros gritan insultos o abucheos mostrando su descontento. A pocos metros, de la Policía Nacional Civil permanecen atentos al inicio del recorrido.
A punto de dar inicio, uno de los encargados de dirigir hace sonar su megáfono para dar un discurso de ánimo para mantener el buen ambiente.
«¡Es la primera marcha histórica de Antigua Guatemala! Quiero dedicarle este momento a los que vinieron antes, a los que nos permitieron alzar la voz, en especial una dedicación a Conchita y a mis reinas de la noche».
La marcha empieza a avanzar.
No lo hace entre carrozas monumentales ni escenarios musicales —como suele verse en otras marchas, como la de Ciudad de Guatemala—. El grupo, de unas 200 personas, camina mientras ondea banderas, entre consignas y conversaciones. Entre quienes participan se encuentra Elda Floridalma Laj Mo, mujer trans e indígena proveniente de San Cristóbal Verapaz, quien viajó hasta Antigua para sumarse a la manifestación.
Explica que para ella la marcha representa el derecho de todas las personas a ser reconocidas y respetadas. «Así como yo soy una mujer trans, no somos animales, somos personas. Venimos a hacer la marcha porque es nuestro día, nuestro orgullo trans», expresa.
También señala que las restricciones impuestas al recorrido constituyen una forma de violencia contra la comunidad: «Están cerrando el camino, están apropiándose de nuestro derecho».

Caminan bajo la vigilancia de miembros de la Policía Municipal y la Policía Nacional Civil, junto con el acompañamiento internacional y de derechos humanos de la PDH, PGN y OACNUDH.
Durante la manifestación el descontento se vuelve palpable por parte de quienes están detenidos temporalmente en el tránsito para dar espacio a que pase la marcha. Muchos bocinan, vociferan y las motocicletas intentan avanzar entre los manifestantes. Los organizadores no los dejan avanzar y reclaman por su seguridad.
A pesar de estas actitudes, no arruinan el ambiente festivo, aunque también reivindicativo.

«Contra la corrupción, por eso marchamos. Contra políticas que nos quieren usar como cortina de humo, por eso marchamos. Por la libertad, por eso marchamos. Porque somos valientes, por eso marchamos», se escucha entre las consignas.
En las aceras aparecen miradas de todo tipo, desde niños, padres de familias y personas de la tercera edad. Algunas curiosas; otras de apoyo que sonríen, aplauden y graban con sus teléfonos; otras más descontentas: personas serias, de brazos cruzados, pensativas.
Entre quienes observan el recorrido se encuentra Karina López, residente de Antigua Guatemala, quien considera que la manifestación forma parte del ejercicio legítimo de los derechos ciudadanos.
«Tienen derecho de ocupar el espacio público. El espacio no es de alguna persona o de alguna religión. Yo vivo acá y no me molesta en lo absoluto, es parte de ejercer los derechos y visibilizar», comenta mientras observa el paso de la marcha.
Durante la marcha del orgullo en Quetzaltenango, también hubieron pronunciamiento sobre lo ocurrido en Antigua Guatemala.
«Me pareció sorprendente que exista este tipo de conservadurismos», expresó Raquel González, integrante de la colectiva Mucha Chava y quien participa en la Marcha del Orgullo de Xela
«Es violento que no se respete un derecho que está protegido por la Constitución», indicó Bernardo Ceto, quien viajó desde Quiché para participar en la marcha de Quetzaltenango.
Tensiones entre la policía y la manifestación
En varios momentos, la caminata se detiene para reagruparse. El equipo organizador permanece atento, verificando que nadie quede atrás y que el recorrido continúe de forma ordenada.
El ambiente es pacífico hasta que ocurre el primer encuentro con la policía municipal. En el nuevo recorrido, la marcha había avanzado por la Ruta Nacional 10 en dirección a la Alameda del Calvario ubicada en el extremo sur del Centro Histórico de Antigua Guatemala.
Los agentes habían bloqueado el ingreso al centro histórico entre la cuchilla de San Pedro Las Huertas y San Juan del Obispo para que los manifestantes no pudieran ingresar al centro de Antigua Guatemala.
La manifestación se detuvo unos minutos frente a la policía para expresar su oposición a las decisiones del consejo municipal y del alcalde.
«La Antigua es colorida», «más amor menos odio»
«Por el respeto, por eso marchamos. Por nuestros hermanos que trabajan para la municipalidad, por eso marchamos».
«Fuera Asturias».
La policía llevaba lentes oscuros y se quedaron de pie inmóviles sin emitir alguna palabra o gesto.

Unos cuantos metros después, en otro punto de bloqueo la tensión aumentó. Algunas personas gritaban más fuerte, exigiendo que se respetaran sus derechos de poder transitar libremente por las calles.
En pocos segundos, algunas de las personas que conformaban la marcha se abalanzaron para derribar las barricadas para ingresar hacia el centro de Antigua.
Rápido, a través de un megáfono, el comité organizador de Orgullo Antigua, solicitó que regresaran, recordándoles que era una marcha pacífica y que no debían ceder a provocaciones de las autoridades.
Las personas regresaron al recorrido.
Minutos después, cerca de la Alameda del Calvario —donde terminaría la marcha—, agentes de la Policía Nacional Civil volvieron a detener la caminata. Un pick up, cruzado en medio de la carretera, impedía el paso entre la carretera Hermano Pedro y la carretera de la Chipilapa. Empezaron a pedir los documentos de identificación, lo que generó rechazo por parte de los manifestantes.

Algunos se sentaron en el suelo empedrado en señal de no ceder a las provocaciones de la Policía. Otros se acercaron a gritar consignas y escuchar con descontento lo que decían los agentes. El resto se mantenía de pie, buscando algo de sombra, mientras esperaban que los organizadores del comité llegaran a un acuerdo.
El comité Orgullo Antigua realizó una asamblea general para saber si los manifestantes estaban de acuerdo en finalizar la marcha y poder ingresar al centro histórico como personas individuales, según lo indicado por la PNC.
Los participantes aceptaron. Terminó así la primera marcha LGBTIQ+ en Antigua Guatemala. «Espero que el próximo tengamos más suerte y podamos marchar en el Centro Histórico», comenta Andreína una de las manifestantes.
Redacción: Jaqueline Gálvez
Edición: Carmen Quintela





