Ciudad Nueva, es una colonia peculiar por su topografía. Está ubicada en una especie de península rodeada por barrancos. Esta colonia, fue fundada en 1946, bajo el gobierno de Juan …
Ciudad Nueva, es una colonia peculiar por su topografía. Está ubicada en una especie de península rodeada por barrancos. Esta colonia, fue fundada en 1946, bajo el gobierno de Juan José Arévalo Bermejo y la alcaldía de Mario Méndez Montenegro, y se pensó como una urbanización residencial de élite que pudiera ofrecer cercanía al Centro Histórico, en la zona 1.
Hoy todavía se conservan sus calles y avenidas anchas, como la avenida Independencia (11 avenida prolongación norte) donde se encuentra el monumento al poeta y revolucionario cubano José Martí, en la intersección con la calle que lleva su nombre.
También se observan casas con los estilos arquitectónicos art déco correspondientes a la época de su fundación. Hay comercios, locales, parques, colegios, hospitales y un pequeño pulmón de área verde: El Parque Ciudad Nueva.
Entre sus calles, también hay una casa que, además de ser un hogar, también funciona como un espacio creativo y de residencia para artistas.
Al entrar a esta casa, una de las primeras cosas que llaman la atención es el espacio abierto, a partir de la sensación que generan sus paredes altas.
Esa casa funcionó como una maquila liderada por mujeres, en los años noventa. El diseño industrial también se mantiene en todo el interior del espacio. Ese criterio fue parte de la remodelación hecha por el arquitecto Álvaro Véliz.
Desde la entrada y en cada rincón del espacio, emergen piezas de arte. Algunas están colgadas del techo, otras de las paredes, y algunas, incluso, fueron hechas con carboncillo en la superficie de los muros.
Al centro, en el corazón de esta casa, hay una puerta de vidrio que lleva a una pequeña terraza. Desde ahí se abre la vista al barranco de la zona 2, a su vegetación cambiante, al sonido del viento y el trino de los pájaros, que terminan de definir la atmósfera del lugar.
Esta es Casa Guardabarranco.

Un espacio híbrido
En 2020 Daniela Ruíz y Rodrigo Asturias se percataron que muchos de sus amigos artistas se quedaron sin estudios o espacios para trabajar debido a la pandemia por COVID-19.
Ambos tomaron la decisión de habilitar un espacio de la casa para que funcionara como taller, esa fue la idea inicial.
Ruíz recuerda que compartir su casa con los artistas visuales, que además eran sus amigos, se sintió muy natural, eso los llevó a pensar en un proyecto más concreto y sostenido en el tiempo. Así, con un fondo económico propio, decidieron crear un programa de residencias artísticas.
A través de una residencia artística se brinda a los artistas espacio y recursos para enfocarse en la creación de nuevos proyectos fuera de su rutina habitual. En Casa Guardabarranco las residencias funcionan desde otra lógica. El artista no solo utiliza el espacio, sino que convive en la casa que también es el hogar de Ruiz y Asturias.
Actualmente el modelo de sostenibilidad del proyecto es diverso y se fundamenta en alianzas interinstitucionales con museos, artistas y embajadas. Además, los fondos que se generan a través de cenas y talleres que el público paga, se destinan a los proyectos educativos.

Desde el 2022 la casa no ha recibido únicamente a artistas visuales, sino también a chefs y músicos. El proyecto cuenta con un componente gastronómico que busca hacer residencias gastronómicas, cenas temáticas y experiencias culinarias con la presencia de chefs nacionales e internacionales, un ejemplo es la iniciativa La Mesa del Chef, desarrollada junto al restaurante Diacá.
Casa Guardabarranco también tiene una vertiente sonora en Sonidos del barranco, un proyecto que se concibe como un espacio de escucha, exploración y encuentro a través de conciertos, sesiones sonoras y experiencias de escucha colectiva. Han participado artistas como Casa de Kello, Dina Ramírez, Marlov Barrios y Mena Guerrero.
Ruíz insiste en que la singularidad del espacio en el que los artistas, chefs y músicos desarrollan sus proyectos está en la intimidad. «Este espacio no es ajeno, no se alquila solo para algunas actividades culturales, este espacio es literalmente mi hogar», dice.
Esa condición marca la experiencia de quienes llegan a este espacio híbrido. Si llega un chef, cocina en la cocina de la casa. Si llega un artista, trabaja en un espacio atravesado por la vida de Daniela y Rodrigo. El resultado de quienes hacen la residencia nace de esa cotidianidad compartida.

Días hondos, arte que se inunda
Los rincones de la Casa Guardabarranco han albergado piezas de artistas como Juan Ramón Meza, con su residencia Testimonio Manifestos donde utilizó las paredes de la casa para plasmar y exponer su obra con carboncillo.
También la obra de Marlov Barrios con Mundo Silenciado: La data de lo eterno y la experiencia inmersiva que creó con sus obras; Katia Miranda quién hizo su residencia Percepción de lo que no somos en el 2024 en la que las piezas permitían a los visitantes ser parte de la obra.
Actualmente Jose Wolff, artista guatemalteco, realiza su residencia artística Días hondos.

Wolff es un artista multidisciplinario, que en su práctica cruza el video, la fotografía, el arte digital, la instalación, el dibujo y la pintura. En esa trayectoria, ha mantenido un interés por traducir problemáticas contemporáneas a experiencias sensoriales e imaginativas, algo que también está presente en la muestra.
La exposición parte de una reflexión sobre la saturación de imágenes, pantallas y tecnologías que atraviesan la vida contemporánea, pero lo hace desde un registro más íntimo. Para el artista, en estas piezas, sus lienzos son diferentes tipos de televisores y proyectores.
Hay una instalación con televisores viejos que proyectan una imagen creada por inteligencia artificial de una mujer, dividida en varias partes, que está navegando en su celular. También, a través de un proyector, se visualiza otra de las obras en unas telas colgadas desde el techo. Otra instalación que se proyecta en el cielo de una habitación, invita a los visitantes a recostarse en el suelo para apreciarla.
«Sí me emocionaba esto de adentrarse tanto en el espacio donde uno va a exhibir, porque es un lugar completamente diferente a mi estudio. Me emocionó ver cómo este lugar moldea las ideas», explica Wolff.
El diálogo con el espacio forma parte de la experiencia de la exhibición. Algunas piezas se integran a rincones que, en otro contexto, no serían lugares para colocar una pieza. Una de ellas, por ejemplo, está instalada en un baño y se refleja la silueta de una persona en el agua de la tina.
Durante la entrevista con Agencia Ocote la dinámica de interacción con la pieza se activó. Mientras Wolff hablaba sobre el proceso de la instalación, olvidó cerrar la llave de la tina donde estaba la pieza y el agua se desbordó.
Asturias y Ruiz corrieron para ayudarle a secar el piso. Esta pequeña escena explica muy bien Casa Guardabarranco, porque la obra no está separada de la vida cotidiana de quien la habita y la visita, van de la mano.

Una casa para la comunidad
Así como las obras de los artistas forman parte de la casa, la casa también forma parte de algo más grande. Para Casa Guardabarranco la relación con su comunidad también es importante.
Han creado alianzas con el Parque Ciudad Nueva y la Fundación Calmecac para apoyar el cuidado del ambiente.
Junto a los artistas residentes y los niños y jóvenes que participan de talleres artísticos, han organizado visitas guiadas al barranco de Ciudad Nueva para conocer más el territorio y aprender a convivir con la flora y fauna local.
En esa misma línea de aportar y convivir a la comunidad, para Casa Guardabarranco el componente educativo es clave.
Aprender no está separado del arte porque, para el proyecto es un proceso colectivo construido desde la cultura, el intercambio de saberes y la experimentación.
En 3 años el proyecto ha impactado a 632 niños, niñas, adolescentes y a 386 jóvenes, que han podido participar de talleres y visitas guiadas a las residencias de Casa Guardabarranco. Así se ha creado un diálogo permanente entre el arte, la comunidad y el ambiente.

Conoce este espacio híbrido contactando a guardabarrancogt@gmail.com o a través de sus redes sociales. Puedes visitar la residencia artística de Jose Wolff, Días Hondos, hasta el 30 de abril.




