De Bad Bunny y otros demonios que tampoco les gustaban a ciertas personas

Hubo un tiempo en que escuchar un disco al revés parecía prueba suficiente para desatar cruzadas morales, campañas de censura y hasta procesos judiciales. Décadas después, el blanco ya no es el rock, sino artistas como Bad Bunny. En esta columna, Edgar Zamora conecta los viejos pánicos satánicos y las nuevas batallas contra la música popular.

Allá por la década de los ochenta del siglo pasado, un grupo de fanáticos religiosos armó la revolución luego de descubrir supuestos mensajes ocultos en la música de los grupos …

BAD BUNNY
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Allá por la década de los ochenta del siglo pasado, un grupo de fanáticos religiosos armó la revolución luego de descubrir supuestos mensajes ocultos en la música de los grupos de rock más prominentes de las dos décadas anteriores. Spoiler alert: todo era mentira.

El argumento era que, a través de una técnica llamada backmasking en la grabación, la música ocultaba mensajes que solo eran accesibles tocando el disco (en ese momento de vinilo) al revés. De esta forma, estos grupos supuestamente impulsaban una agenda satánica, pero también promovían el uso de drogas, el sexo y la homosexualidad. 

Bandas como The Beatles, Led Zeppelin, AC/DC y Queen, entre muchos otros, fueron acusados de querer modificar la conducta de las personas a través de sus grabaciones. El temor fue tanto que no solo llegó al congreso de Estados Unidos con una propuesta de ley para que los discos fueran rotulados como contenedores de mensajes subliminales, sino que, además, la banda Judas Priest y su disquera fueron llevadas a tribunales bajo la acusación de que los supuestos mensajes ocultos en su música habían llevado al suicidio de dos jóvenes. Por cierto, el proyecto de ley nunca pasó. Y Rob Halford y compañía fueron exonerados de todos los cargos.

«Better by you, Better than me» de Judas Priest, fue una de las canciones que grupos conservadores señalaron de tener mensajes ocultos.

El pánico satánico también llegó a América Latina a través de un documental que se presentó en iglesias y escuelas cristianas. Por supuesto, Guatemala no fue la excepción, seguro quienes hayan estudiado en un colegio evangélico en los ochenta o noventas, recuerdan el documental. 

Como toda desinformación, crítica destructiva, descalificación y censura, esta campaña en contra del rock y de sus «mensajes al revés» también respondía a intereses particulares y a una ideología y forma de entender la realidad que, en ese momento, no tenía mejores argumentos para tratar de silenciar un tipo de música que no necesariamente compartía sus valores.

Y aunque toda esta locura de los ochenta parece ser algo del pasado, hoy la histeria alrededor de Bad Bunny y su presentación en el Super Bowl tiene, como se diría en lenguaje de Internet, same vibes

Y claro, la crítica destructiva, descalificación e intento de censura en contra del cantante puertorriqueño responde a una forma de ver el mundo que no es necesariamente la del artista. 

Voceros y líderes de opinión de esta ideología crearon toda una campaña en contra de Benito y lo que éste representa culturalmente. A la histeria se sumaron los enemigos perpetuos del reguetón, religiosos, conservadores y cualquiera que tuviera ganas de ver las redes sociales arder. 

Pero al final, con toda la bilis, la energía y los recursos gastados, Bad Bunny igual se impuso y no solo se presentó en el evento, también ganó todos los Grammys, fue el artista más escuchado en Spotify a nivel global en 2025 (el quinto en Estados Unidos) y sigue siendo el mayor representante del zeitgeist musical que estamos viviendo. Aun así, otra vez spoiler alert, el mundo sigue girando: ¡Que no cunda el pánico!

Anuncio de Bad Bunny en el Superbowl 2026

Esto da pistas de que, como sociedad, no hemos evolucionado tanto. La idea de la censura cultural por motivos tan débiles como las convicciones ideológicas sigue tan fresca como la primera vez que a alguien se le ocurrió escuchar un disco al revés e interpretar esos sonidos monosílabos extraños como un mensaje satánico; un mensaje que respondía perfectamente a sus propios sesgos y convicciones. 

Claro que la música puede abrir la mente de las personas, puede invitar a explorar ideas y caminos que de otra forma no se hubieran descubierto, pero tampoco es verdad que tenga el suficiente poder como para pensar que todos los que vieron a Bad Bunny en el Super Bowl van a cambiar de opinión política. 

Más bien todos esos recursos y conversaciones desperdiciadas en criticar y tratar de descalificar y silenciar expresiones artísticas, podrían haberse invertido en discutir sobre cómo acabar con el racismo, la desigualdad, la violencia,  la crueldad y la falta de empatía de un mundo que sigue girando a pesar de la música que escuchamos.

En todo caso: alraibmac o alragapa sedeup erpmeis acisúm ed opit nu atsug et on iS

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Edgar Zamora Orpinel

Soy un buscador nato de tesoros musicales, un impaciente coleccionista de discos y un oído siempre dispuesto a escuchar música chilera. A veces hago el podcast Superorganismo y casi siempre soy comunicador social.

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