Casa Revoltosa: un espacio para conectar con el arte y los feminismos

Entre el bullicio y trajín del corazón del Centro Histórico, en la zona 1 de la Ciudad de Guatemala, sobresale una casa, pero no por su fachada o estructura. En su interior guarda libros, ofrece talleres y promueve el arte hecho por mujeres y disidencias. La Casa Revoltosa es el centro de operaciones de la colectiva feminista La Revuelta.

En la 5ta. Avenida y 2da. Calle de la zona 1, de la Ciudad de Guatemala, entre cemento y el tráfico del sector, detrás de un portón común, está la …

Christian Gutiérrez

En la 5ta. Avenida y 2da. Calle de la zona 1, de la Ciudad de Guatemala, entre cemento y el tráfico del sector, detrás de un portón común, está la Casa Revoltosa. Ese espacio se ha convertido en una especie de oasis para la creatividad de mujeres y disidencias. 

Al ingresar, un pasillo largo con un jardín al lado, te da la bienvenida. Al subir las gradas para el segundo nivel, puedes ver estantes y mesas llenas de libros sobre arte.

La luz natural que entra con facilidad por las ventanas ilumina cuadros coloridos, grandes y pequeños con fotografías, prints, dibujos y grabados hechos por mujeres. 

La Casa Revoltosa se trasladó de su antigua ubicación, por un incidente que vulneró su seguridad, según cuenta Maya Juracán, cofundadora y gestora de proyectos, al dar detalles sobre el nuevo espacio de la colectiva feministas.

La Revuelta es una colectiva feminista que trabaja para reducir las brechas de género en el arte latinoamericano. Foto: Christian Gutiérrez

La audacia feminista en el arte

La Revuelta, nace como una colectiva feminista que trabaja para reducir las brechas de género en el arte latinoamericano a partir del 2020, durante la pandemia. Toma su nombre de la idea de cambiar las estructuras y el sistema del arte. 

Sus encuentros comenzaron como conversaciones semanales, «Nos reuníamos todos los miércoles por la noche para platicar sobre arte», recuerda Jimena Dary, curadora en jefe de La Revuelta. 

En el mundo del arte, una curadora es la que se encarga de investigar, seleccionar, organizar y gestionar colecciones de arte o exposiciones culturales.

La primera reunión presencial de La Revuelta fue en el Museo de Arte Moderno «Carlos Mérida», donde trataron de ubicar y contar a todas las mujeres que estaban expuestas en el museo.

«Recuerdo que encontramos a unas 25 mujeres expuestas, entre un montón de obras, más de 700 tal vez», dice Juracán.

Esas conversaciones y hallazgos, las llevaron a confrontar una afirmación que se repite en la narrativa general del arte en Guatemala: «No hay mujeres artistas en el país». 

A través de la investigación, el archivo de otras mujeres y más conversaciones, desde La Revuelta, sus creadoras se propusieron desmontar esa idea y narrativa.

La Revuelta es una colectiva feminista que trabaja para reducir las brechas de género en el arte latinoamericano. Foto: Christian Gutiérrez

Juracán lo resume como un gesto de audacia feminista: aunque el sistema diga lo contrario, ellas podían crear su propio espacio de producción y encuentro. 

Esa determinación tomó forma en su primera gran convocatoria y en la primera exposición curada por La Revuelta: Recontarnos, que se expuso de forma virtual también en el año 2020. 

La respuesta de la comunidad de artistas las desbordó, recibieron 87 postulaciones de mujeres y seleccionaron 26 para esa primera muestra.

Aquel evento también funcionó como un primer intento de volver a mirar la historia del arte desde voces de mujeres y disidencias que no suelen estar representadas en otros espacios.

El impulso de esa exposición después cruzó fronteras y, en 2022, el proyecto llegó a Nueva York, Estados Unidos, con Rewriting Us

Antes de cualquier viaje, ese primer ejercicio ya había hecho algo crucial para La Revuelta: demostrar que el «espacio» podía existir sin paredes; una especie de casa simbólica que, con los años, ellas volverían tangible.

La Revuelta: un hogar que necesitaba casa

La Revuelta llevaba años construyendo su hogar sin paredes e imaginando cómo podría ser. Querían un espacio para que las artistas expusieran, en dónde pudieran reunirse a crear, compartir y sentirse seguras haciéndolo.

Juracán retoma una frase que cuenta, repetía Crista Krings, una de las primeras integrantes  de La Revuelta: «Ya teníamos un hogar, solo necesitábamos una casa. Una casa para guardar el cariño, el amor y las cosas del colectivo». 

Pero tener casa no era solo alquilar, era cambiar la lógica de las herramientas a las que las artistas podían acceder. 

Para La Revuelta, los escritorios, las mesas y las sillas no eran solo un adorno, sino una estructura real que le permitiera a todas las artistas que visitaran la casa condiciones para crear y organizarse. 

La Revuelta promueve distintos espacios para la participación de mujeres y disidencias. Foto: Christian Gutiérrez

También fue una decisión de seguridad. En sus búsquedas iniciales se toparon con una realidad incómoda: descubrieron que muchos espacios culturales están administrados o ligados a personas que son asociadas a diversos tipos de violencias y han sido denunciadas en espacios feministas. 

Dary lo plantea como una línea ética que no estaban dispuestas a cruzar: «no vamos a hacer una exposición sobre el bienestar de las mujeres, violentando a las mujeres que van a llegar a este espacio», explica.

Esa certeza, dice, también la confirmó la comunidad. Otras colectivas feministas han solicitado espacio en la casa porque se sienten seguras ahí, y porque el espacio ya no sirve solo a La Revuelta, sino a una red más amplia. 

Elizabeth Arévalo, voluntaria en La Revuelta, recuerda que a los talleres llegaban chicas nuevas, a veces sin compañía, «yo veía que algunas chicas venían solas y se notaba que no sentían miedo por estar solas y se formaba una red de cuidado, aunque no se conocieran de antes».

Próximamente la casa también contará con un espacio que funcionará como taller residencial, para que por temporadas, una artista seleccionada tenga un lugar de trabajo fijo dentro de Casa Revoltosa. 

La colectiva plantea que pocas artistas cuentan con un taller propio para producir con continuidad. Por eso, contar con condiciones reales para crear es necesario; un espacio seguro al que se pueda llegar con regularidad, con materiales, acceso a la biblioteca para consultar, y lo básico para trabajar: agua, baño, tiempo y calma.

La Revuelta promueve distintos espacios para la participación de mujeres y disidencias. Foto: Christian Gutiérrez

El arte como herramienta para buscar la dignidad 

Para La Revuelta el arte no es únicamente algo bonito que puede colgarse en una pared, si no una herramienta a partir de la que se pueden generar diálogos y preguntas sobre el mundo y las sociedades. 

Sobre esos planteamientos han construido una biblioteca y una escuela de artivismo.

Sobre la biblioteca, Vekis Morales, la directora de comunicación y diseño, recuerda que la crítica de arte y curadora guatemalteca Rosina Cazali, les escribió para ofrecerles una «pequeña donación», cuatro o cinco cajas llenas de libros de su  biblioteca personal.  

Esa donación terminó dándole nombre a la biblioteca Rosina Cazali y empujó el crecimiento del acervo, que fue sumando libros poco a poco. Hoy ya suman 700 y contando.

Pero la biblioteca no se entiende solo por la cantidad, sino por la lógica con la que la han catalogado y la forma en que dialoga con el proyecto general de La Revuelta.

Susana Alvarado, coordinadora de ese espacio, explica que comenzaron a revisar qué temas había, quiénes escribían y cómo querían romper la idea de que las mujeres solo escriben de amor o poesía. 

En la biblioteca se pueden leer ensayos políticos, análisis de la realidad guatemalteca, pensamiento sobre arte contemporáneo y debates sobre pueblos originarios. 

Maya Juracán es directora de proyectos y cofundadora de La Revuelta. Foto: Christian Gutiérrez

La escuela de artivismo, otro de los proyectos de La Revuelta, busca fortalecer capacidades en las personas para que el arte se use como herramienta política. 

El pensum que se imparte toma en cuenta lo que las participantes dicen que necesitan aprender, a partir de una metodología de «conocimiento situado», porque reconocen que hacer arte en Centroamérica implica otros recursos, limitaciones y preguntas. 

Sobre el financiamiento, todos los proyectos y procesos que impulsa La Revuelta  se sostienen desde la autogestión. 

La colectiva constantemente aplica a fondos internacionales para cubrir lo que determinan lo que casi nunca se ve cuando se habla de arte: «el tiempo de trabajo y el costo de mantener un espacio».

La Revuelta, como su nombre evoca, apuesta por sacudir, remover y no permanecer inmovil. Eso también implica sostener su propuesta en el tiempo, sin romantizar la precariedad del sector cultural.

Por esa razón, concluyen e insisten en que el arte es trabajo, que se debe nombrar, reconocer y pagar como tal.

La Revuelta promueve distintos espacios para la participación de mujeres y disidencias. Foto: Christian Gutiérrez

¿Te interesa apoyar a La Revuelta? Visita su página web www.larevueltaarte.com para hacer un donativo o comprar su mercadería. También puedes agendar una visita a la Casa Revoltosa a través de sus redes sociales @larevuelta.arte 

María Olga Domínguez Ogaldes

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