La tarde transcurre con prisa en la sexta avenida del Centro Histórico de Ciudad de Guatemala. Decenas de personas la recorren mientras cargan bolsos en su brazos o mochilas sobre …
La tarde transcurre con prisa en la sexta avenida del Centro Histórico de Ciudad de Guatemala. Decenas de personas la recorren mientras cargan bolsos en su brazos o mochilas sobre sus hombros, como cada día. Son las cinco de la tarde de un viernes y los trabajadores recién salen rumbo a sus hogares.
Un hombre baila solitario frente al Portal del Comercio. Dos mujeres se empadronan en un puesto móvil del Tribunal Supremo Electoral (TSE). Solo la presencia de decenas de toldos, colocados uno al lado del otro al final de la sexta avenida, evidencian que hoy, 16 de enero de 2026, algo ocurre a un costado del Parque Central.

Cada toldo tiene el nombre de una secretaría o ministerio del gobierno. Sus trabajadores muestran, a quien quiera escuchar, sus principales proyectos.
Es la antesala a una actividad inédita en los gobiernos recientes de Guatemala: el presidente Bernardo Arévalo, que un par de días antes presentó su informe anual ante el Congreso de la República —como es habitual—, hoy hará lo mismo en público, en una actividad abierta para la ciudadanía.
Lee aquí las verificaciones del discurso presidencial
Los trabajadores del Ejecutivo entregan ediciones del Diario de Centroamérica dedicados al informe presidencial a las personas que encuentran. Alguien le dio algunas a unos hombres que descansan sobre el suelo de la sexta avenida y que hojean los ejemplares con atención.

«¡Vamos a ver esa nave!», dice un transeúnte a sus hijos. Se dirige a un vehículo tipo jeep, de pequeñas proporciones, del Ejército de Guatemala, al cual monta a los pequeños. A su lado, otro padre fotografía a un niño junto a un perro que obedece a las órdenes de un militar.
Quienes visitan los toldos probablemente no sepan que a esta hora, el presidente de la República, Bernardo Arévalo, había invitado a la ciudadanía a la Concha acústica, para escuchar los resultados de su segundo año de gobierno.
Mientras una decena de personas se forma en una fila para atravesar el cordón de seguridad e ingresar a la presentación, otras más toman asiento en los alrededores del lugar.
La espera a un informe de gobierno tardío
Bety, una mujer de 75 años que solicitó no citar su nombre completo, espera el discurso del presidente sentada en una de las jardineras. La acompaña su hermano de 79 años. Ambos se encontraron con la actividad por casualidad y decidieron quedarse.
«El señor se mira honesto, pero también a veces no lo dejan trabajar», dice Bety. Su mayor preocupación es el precio de la canasta básica, el cual urge al presidente disminuir. Pero hacerlo le parece una tarea imposible. «No lo han de dejar los propietarios de esos grandes latifundios», intuye.

Existen también otras fuerzas que impiden que el presidente gobierne como debería, a criterio de Bety. Al Ministerio Público (MP), dirigido por la fiscal general Consuelo Porras, lo considera «terrible», dice.
«Ya ha capturado a un montón de personas aunque uno tiene derecho a manifestar. La calle es de todos, ¿por qué puso presos a los líderes indígenas que ayudaron para que este señor subiera?», cuestiona.
Dentro de las instalaciones de la Concha acústica, personal del Ministerio de Cultura ubica al público en bancas de piedra. Aunque han transcurrido cuarenta minutos desde la hora prevista, el evento se encuentra lejos de comenzar.
El diputado José Carlos Sanabria, electo por el partido Movimiento Semilla, se para frente al escenario mientras habla por celular. Lo acompaña su compañero Duvalier Castañón, quien asiste con su familia.
Las primeras filas, reservadas para representantes del gobierno, aún se encuentran vacías.
Celebran los logros, pero esperan algo más
Llegan las seis de la tarde y la luz del sol comienza a desaparecer. Algunas personas, como Bety, regresaron ya a sus hogares.
Otras deciden quedarse afuera del recinto, por si el evento se retrasa aún más. Valeria García, una estudiante de fisioterapia de 23 años, está sentada en las gradas del monumento al bicentenario, junto a su madre, Sandra Cruz. Ambas son originarias de Santa Catarina Mita, un municipio de Jutiapa ubicado a unos 135 kilómetros de la capital.
Madre e hija desean escuchar al presidente, pero no lo lograrán porque García tiene una reunión de la universidad. Les gustaría conocer los avances de esta administración, dicen.

Celebra que el gobierno de Arévalo habilitara un Centro de Atención Primaria (CAP) y un centro de salud. «Han hecho cosas, tal vez no muy grandes, pero que sí se han notado en nuestro municipio que anteriormente, en otros períodos no se había notado», indica García.
Aun así, la estudiante considera que existe mucho por trabajar en materia de salud. Le preocupa la accesibilidad a los centros de salud y el poco personal y equipo médico.
En medio de la conversación, el sonido de la marimba inunda el lugar. La música solo se detiene cuando una voz recuerda, al micrófono, sobre la actividad. Invita a los transeúntes a ingresar y les promete una «sorpresa al final».
Arévalo aún no llega.
«Respondemos, cumplimos, cambiamos»
Dentro de la Concha acústica, unas 200 personas, entre funcionarios públicos y ciudadanía, se impacientan. Algunos abandonan el lugar. Han esperado por casi dos horas y el frío de enero se cuela dentro de sus chaquetas.
Samuel García y Román Castellanos, diputados electos por el Movimiento Semilla y fundadores de Raíces llegan al evento. Se sientan en una de las bancas ubicadas atrás.
Después de visitar los toldos que, horas antes, se encontraban llenos de trabajadores del gobierno, Arévalo llega a la Concha acústica. Recibe una ronda de aplausos. Más personas ingresan al lugar y ocupan los lugares de quienes se marcharon.
El presidente se sienta en la primera fila, entre Lucrecia Peinado, su esposa, y Karin Herrera, la vicepresidenta de la República.

Junto al público, observan la presentación de Poesía Viva, un grupo musical que canta y rapea en Tz’utujil, acompañados de un grupo de bailarinas garífunas:
Quítate la vergüenza,
No te escondas.
Vienen con ustedes,
Escúchennos.
Muevan el esqueleto con nosotros,
Somos Guatemala.

Algunas personas del grupo graban la presentación con el celular. El grupo termina la actuación repitiendo el estribillo: Respondemos, cumplimos, cambiamos.
La pantalla del escenario se llena de algunos de los logros que el gobierno celebra: 23,861 nuevos hogares con luz, 50 mil hogares con pisos dignos…
Finalmente, Arévalo toma el escenario. Ocupa su lugar, detrás de un podio transparente. A su derecha, un par de metros atrás, Herrera se sienta en una silla alta. Detrás de ambos se ubica la cúpula de su gobierno: los ministros y secretarios de esta administración.

El presidente agradece al público que lo acompaña. «Estoy aquí para rendir cuentas ante ustedes, para contarles lo que hicimos durante el año 2025 y para poner en común las metas y los desafíos que guiarán nuestro trabajo durante el presente año», dice.
Entre el público, alguien grita: «¡Viva Arévalo!», esa frase que, más de dos años atrás, se convirtió en consigna, canción y esperanza durante la campaña política que lo llevó a la presidencia.
Es la misma frase que cientos de personas corearon el 14 de enero de 2024, mientras esperaban en el Parque Central el momento en el que Bernardo Arévalo podría saludar al pueblo desde el balcón del Palacio Nacional.
Esta noche, los gritos suenan distintos. Fuera del perímetro de la Concha acústica, alguien vocea frases inentendibles que acompañan y cuestionan cada enunciado del presidente.
El reconocimiento a los líderes indígenas
En su discurso, Arévalo también recuerda la «larga travesía» para hacer que se respetara la voluntad popular y que le permitiría tomar posesión. Esos 106 días de paro nacional liderado por las autoridades ancestrales.
«Fue gracias a la acción decidida de los cuatro pueblos con el liderazgo de las autoridades ancestrales de nuestro país que se abrió el camino para que nuestro gobierno iniciara. El anhelo del futuro, de lo nuevo es lo que nos inspiraba entonces y desde entonces nos inspira para reforzar para movilizarnos y para defender lo que es nuestro», dice el presidente.
Sus palabras hacen eco en la cárcel donde Luis Pacheco y Héctor Chaclán, exdirigentes de los 48 Cantones de Totonicapán guardan prisión preventiva por su liderazgo en las movilizaciones de 2023.
También alcanzan la Torre de Tribunales, donde Basilio Puac exvicepresidente de 48 Cantones fue hoy ligado a proceso por el mismo motivo.
En la Concha acústica, Arévalo continúa con su discurso.

«Volví a ocupar la oficina que hace 80 años usó mi padre (el expresidente Juan José Arévalo) en una de esas esquinas de este Palacio Nacional. Ustedes se podrán imaginar que cuando entré a ese despacho, habiendo asumido ya la presidencia, sentí su compañía», dice el presidente.
Fue este parentesco el que llevó a personas como Bety a votar por él en las elecciones de 2023. Ella es originaria de Taxisco, el mismo lugar de nacimiento del expresidente Juan José Arévalo.
«Nosotros siempre tuvimos buenas referencias de él (Arévalo padre). Por eso, aunque me tocó votar bien lejos, fui a votar por él (Arévalo hijo). Hasta le dije a un montón de mis amigas que votaran por él», narró horas antes.
El discurso del presidente es una versión simplificada del que presentó tres días antes frente a los diputados. Entre sus logros, menciona los indicadores de éxito de los principales proyectos de su administración: 50 mil familias beneficiadas por el programa Mano a Mano del Ministerio de Desarrollo (Mides), 23 mil escuelas remozadas, 600 créditos aprobados en la iniciativa Mi Primera Casa, 500 créditos a pequeños productores agrícolas…
Cada uno de ellos recibe un aplauso del público. Al finalizar, el presidente plantea ocho metas para el siguiente año. Todas ellas implican incrementar el impacto de estos programas.
Después de las promesas, el discurso avanza hacia la recuperación del sistema de justicia, un asunto que el presidente considera «una decisión de vida o muerte». Para ello, el presidente invita a la población a informarse sobre los procesos.
El desencanto que alcanzó a la gente
«No se dejen engañar por mentiras y no permitan que les gane el desencanto», dice Arévalo, como una de sus últimas frases.
Pero, fuera de los barrotes de la Concha acústica, el desencanto llegó ya a la población.
«No hay algo que él vaya a decir que a nosotros como ciudadanos nos sirva. Ya no, porque hay un sistema ya establecido que va a mantener siempre al país dividido entre los que quieren estar arriba y los que tienen que estar abajo», decía, una hora antes, Juan José Hernández, un comerciante de Santa Cruz del Quiché.
Hernández evita ver noticias. Ya no le interesan. «A él (el presidente) lo evalúo como normal. Si tuviera que darle un número del uno al diez, sería un cinco. Él no tiene la culpa porque es un sistema», exponía.

El discurso de Arévalo termina minutos después de las ocho de la noche. Afuera en la calle, es retransmitido en una gran pantalla, sin espectadores. En la sexta avenida, la vida continúa. Los negocios cierran, las personas caminan y los vendedores de fruta descansan junto a sus carretas.
Tan solo el eco de los fuegos artificiales que se queman detrás de la Concha acústica recuerdan que dos años pasaron ya desde el inicio de la «Nueva Primavera».
Redacción: Kristhal Figueroa
Edición: Carmen Quintela
Fotografías: Christian Gutiérrez
¿Quieres leer las verificaciones del informe presidencial que el equipo de Agencia Ocote trabajó en vivo durante la presentación el 14 de enero? Aquí puedes leer lo que publicamos.
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