El drag Se apagan todas las luces e inicia el espectáculo. Por unos segundos, el sitio donde se realizan los shows de drag latinas en Vancouver, Canadá, se oscurece. Las …
El drag
Se apagan todas las luces e inicia el espectáculo. Por unos segundos, el sitio donde se realizan los shows de drag latinas en Vancouver, Canadá, se oscurece. Las pocas luces rojas, que son tenues, permiten ver que hay alguien en el escenario, solo se observa una figura, pero no un rostro.
Los reflectores solo enfocan a las mujeres del frente y aunque no se alcance a ver por dónde caminar, se sienten los olores del bar, que anuncian que la noche se ha convertido en una fiesta.
En los parlantes se escucha la letra de una canción de Daniela Romo, en la cual señala a un hombre de mentiroso y jura que nunca le dijo una sola verdad; en el escenario está Simone De Janeiro Dosantos, una mujer migrante que pondrá a cantar a al menos cincuenta personas un popurrí de baladas, con su show de drag queen.
Algunas veces, Simone sale con el cabello atado a ambos lados y en otras ocasiones con extensiones que le llegan a la cintura; unas veces con botas de cuero negro que le cubren las rodillas o a veces solo unos botines blancos que le llegan al tobillo. Siempre con los ojos delineados y rímel para engrosar la mirada.
Simone suele presentarse en la Noche Latina desde hace cuatro años, un show que organizan artistas de Brasil, Honduras, Chile, México, Guatemala, entre otras nacionalidades.
«Mi trabajo como drag lo empecé como una protesta… Recuerdo mi primer show en la discoteca Caché en la zona 3 de la Ciudad de Guatemala. Yo buscaba abrir puertas y demostrar que las mujeres trans tenemos talento y que existimos, resistimos y seguimos a pesar de la violencia», comparte Simone, desde su pequeño apartamento en Vancouver, y con ello explica cómo hizo del drag otro de sus territorios, esos que lleva atravesados en el cuerpo y que le han ayudado a sobrevivir y a enfrentar las fronteras.
El drag ha acompañado la vida de Simone por 35 años, de los cuales la mayoría fueron en Guatemala, su país de origen y del que tuvo que huir porque su identidad estuvo limitada con leyes restrictivas, falta de políticas en temas de salud, alces de violencia y amenazas contra su vida.
Huyó, migró, se exilió, se «sexilió». Simone identifica su salida de Guatemala como un abandono forzado debido al rechazo y a la violencia que viven las personas del colectivo LGBTIQ+. En su país, ser una persona con una orientación sexual diferente a la heterosexualidad significa vulnerabilidad y desprotección.
Guatemala se denuncian insultos, despidos, golpes y asesinatos a personas por formar parte de estos colectivos y muy pocos casos logran resoluciones judiciales en las que se garantiza protección.
En 2023 y 2024, el Observatorio de Derechos Humanos y Violencias por Orientación Sexual e Identidad de Género, de la organización de acompañamiento legal a personas LGBTIQ+ (Lambda), documentó 75 muertes violentas a personas por su orientación sexual, y desde 2021 hasta octubre de 2025, registró más de 1,000 casos de violencia por orientación sexual e identidad de género.
Carlos Valdez, director ejecutivo de Lambda, agrega que Guatemala parece tener retrocesos en el acceso a derechos de la población LGBTIQ+, como la prohibición del matrimonio igualitario que impulsó el Congreso en 2018.
Simone vivió esa violencia y esa exclusión desde su adolescencia en el departamento de Jutiapa, en donde fue expulsada de su casa por no mostrar rasgos relacionados con lo masculino. Su primera migración estuvo marcada por esas mismas agresiones y se mudó a la Ciudad de Guatemala en 1990.
Según registros de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), Jutiapa es uno de los departamentos donde más asesinatos se registran contra la población LGBTIQ+. En 2023, tres de los 23 asesinatos documentados en contra del colectivo sucedieron en Jutiapa.

El activismo
La Ciudad de Guatemala no fue la excepción, ahí Simone enfrentó violencia física y verbal por su transición a mujer transexual. En la capital de Guatemala fue peluquera y trabajadora sexual, y cuenta que fue objeto de crímenes de odio por su identidad.
Le tiraron orines y heces, fue golpeada y atacada con balines en el centro histórico de esa ciudad, los cuales la dejaron muy herida.
A esta violencia física se sumó que en 2016, a Simone le fue negada la entrada al centro comercial donde funcionaba la peluquería donde trabajaba, y por consecuencia fue despedida. Al momento de su despido, la coordinadora del centro comercial le dijo explícitamente que ya no querían a “vestidos de mujer” allí.
Decidida a confrontar los abusos sistemáticos demandó al centro comercial, ubicado en la zona 1 de la ciudad sobre el paseo de La Sexta. Los denunció por discriminación y logró un acuerdo en el cual se repararon sus derechos vulnerados.
Parte del acuerdo fue que Simone debía retornar a su trabajo e ingresar al edificio comercial sin impedimentos por su identidad de género; además, la empresa tuvo que donar dinero a la organización por los derechos de las comunidades de la diversidad sexual y de género OASIS para el fomento de esos derechos.
OASIS fue quien acompañó legalmente a Simone en el proceso de demanda. Ese fue el inicio de su activismo por los derechos de la población LGBTIQ+, una lucha que sumó a su cuerpo, a su territorio.
Sin embargo, el logro obtenido en la demanda laboral desató una nueva ola de violencia en contra de ella a través de extorsiones. «Mandaron a una chica a decirme que si ya no salía a las calles como trabajadora sexual por mantener mi trabajo en el salón de belleza, tenía que dar una cuota semanal para que no me violentaran», cuenta.
Durante ese período, Simone vio de cerca el aumento de asesinatos hacia mujeres trans en Guatemala. Una de sus compañeras de activismo sufrió un brutal transfemicidio, lo que la llevó a plantearse su salida del país. “Si yo me quedaba en Guatemala, me podía pasar lo mismo”, dice.
En los marcos legales de Guatemala no existe el transfeminicidio, aunque desde 2008 existe la tipificación del feminicidio. Las organizaciones trans definen este crimen como el acto de quitarle la vida a una mujer a causa de su identidad de género y se constituye como la máxima expresión de la transfobia.
«Las personas LGBTIQ+ son víctimas de las maras (pandillas) y del crimen organizado, que sabe perfectamente que las personas LGBT no están protegidas por los gobiernos, ni están protegidas por sus familias», profundiza Raúl Caporal, activista fundador del refugio Casa Frida en México, quien destaca que la migración de mujeres transexuales está atravesada no solo por la violencia y la desprotección estatal, sino por la invisibilización de su existencia.

El sexilio
Con la ayuda de la organización Lambda, aliada de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el caso de Simone se consideró como «muy delicado» y en un término de dos días fue sacada de la Ciudad de Guatemala, o como ella lo nombra: fue sexiliada.
Su proceso de asilo la llevó a México, en donde permaneció en albergues para personas migrantes en Tenosique, después se fue a la Ciudad de México donde estuvo unos meses, hasta que finalmente le fue otorgado el refugio en Canadá. Esto sucedió en 2019 y fue en Canadá donde Simone asegura que por primera vez sintió que podía ser quien era y que no le harían daño por existir. Simone se sintió libre por primera vez.
«Fue una decisión muy triste abandonar Guatemala. Dejar a mi familia, todo lo que yo tenía… pero dejar mi país era una obligación para salvar mi vida», dice Simone para relatar cómo el sexilio se sumó a su cuerpo, ese único territorio que la ha defendido, protegido y le ha permitido transitar las fronteras diseñadas para no ser atravesadas.
Desde marzo de 2019, cuando aterrizó en Canadá como persona refugiada, ha podido tener acceso a salud pública gratuita y de calidad. En ese país pudo hacer finalmente el cambio de sexo y le ayudaron con un traductor para sus citas relacionadas a documentos migratorios.
Desde que llegó se ha involucrado más como activista por los derechos de las personas trans en Canadá y continúa con el drag, pero ahora más enfocado en que sea su formato de protesta.
«Nuestra existencia va más allá de la estigmatización y la violencia callejera. No sólo andamos en las calles, somos talentosas y queremos dejar de ser el blanco de ataques». Las palabras de Simone son parte de su postura ante el reconocimiento social de la comunidad trans.

Simone sueña con obtener la ciudadanía canadiense y continuar su activismo en el país norteamericano, en donde actualmente es voluntaria en la organización Rainbow Refugee, que otorga protección a personas perseguidas por su orientación sexual o identidad de género. Esto no quiere decir que dejará de pensar en cómo ayudar a su comunidad en Guatemala.
Dice que el aporte a los derechos de la población LGBTIQ+ en su país de origen son muy necesarios en la actualidad, ya que los programas que le ayudaron a buscar refugio en Canadá, que eran gestionados por Lambda, ACNUR y otras organizaciones de derechos humanos han perdido financiamiento a causa de políticas de cero cooperación del presidente estadounidense, Donald Trump.
Debido al cierre de las agencias de cooperación en Estados Unidos, se han cancelado la mayoría de proyectos de ayuda humanitaria en el mundo, así como el apoyo económico a organizaciones internacionales de Naciones Unidas. Estas políticas han tenido impacto en programas contra el VIH/Sida, la atención general en salud para personas del colectivo y la nulidad de programas para personas refugiadas, explica Carlos Valdez de Lambda.
«Ahora nos enfrentamos a que muchas personas retornadas a Guatemala por el gobierno de Estados Unidos vuelven con una expresión de género diferente a como se fueron, pero no hay programas de reasentamiento para esas personas, no existen programas para los retornados», agrega el activista.
En este contexto, Simone reafirma su convicción y cree que es importante construir a pesar de la tristeza y el desarraigo en el sexilio. «Ser transexual también es bailar, también es gozar», asegura, con la certeza de saber a dónde pertenece y dónde habitan sus territorios: su cuerpo.
Créditos
Texto: Angel Mazariegos Rivas
Edición: Cindy Espina
Fotos: Cortesía de Simone De Janeiro Dosantos.
Este reportaje fue realizado con el apoyo de la International Women’s Media Foundation (IWMF) como parte de su iniciativa de ¡Exprésate! en América Latina.





