Volver a cuando «lo orgánico era lo normal»

En San Lucas Tolimán, Sololá, el Instituto Mesoamericano de Permacultura (Imap) impulsa, desde hace 25 años, la recuperación de prácticas agrícolas ancestrales. Lo hace para promover una agricultura sostenible basada en el uso de semillas nativas y el cuidado del suelo, el agua y la biodiversidad. A través de la formación y el trabajo comunitario, este espacio liderado por personas kaqchikeles busca garantizar la soberanía alimentaria y reconectar a las nuevas generaciones con la Madre Tierra.

El Instituto Mesoamericano de Permacultura (Imap) es un oasis en San Lucas Tolimán, en el departamento de Sololá. El calor, provocado por el sol de mediodía, es imperceptible en este …

El Imap promueve los cultivos ancestrales en Atitlán
Fotos: Christian Gutiérrez, Agencia Ocote

El Instituto Mesoamericano de Permacultura (Imap) es un oasis en San Lucas Tolimán, en el departamento de Sololá. El calor, provocado por el sol de mediodía, es imperceptible en este lugar, ubicado en la cuenca del lago de Atitlán. Aquí el viento fluye, las piedras permanecen húmedas y el aroma de las flores inunda el lugar. Aquí lo orgánico se siente, se vive.

Patrik Mucia conversa sentado en un petate, en el área que el Imap destina para las ceremonias mayas. Tan solo unos minutos antes, atendía a un grupo de visitantes. Es permacultor y el responsable de la Casa de Semillas de la institución. 

Esta institución fue fundada en 2000 por un grupo de personas kaqchikeles. Su objetivo es conservar y mantener la agricultura ancestral al regresar a las semillas nativas. 

El Imap promueve los cultivos ancestrales en Atitlán
El Imap promueve los cultivos ancestrales y con semillas orgánicas.

Las semillas transgénicas 

Las semillas nativas son aquellas que provienen de plantas que crecen naturalmente en la región. En Guatemala, la agricultura tenía un sistema basado en ellas: el Milpa, conformado por maíz, frijol y ayote. También suele acompañarse con chiles y yerbas alimentarias o medicinales. 

«En el agroecosistema Milpa, todo es un círculo, todo tiene una función, cada elemento aporta. El frijol (familia de las fabáceas), aporta nitrógeno al suelo, mientras se apoya de la caña del maíz para crecer. Uno ayudando al otro», explica la agrónoma Eliane Hauri Fuentes en su columna de opinión

Este sistema fue reemplazado por con la llegada de semillas híbridas (o transgénicas), aquellas alteradas por medio de procesos químicos. Estas alcanzaron popularidad entre 1961 y 2001, cuando se utilizaron para duplicar la producción de alimentos por persona en Asia Sudeste y Meridional y Latinoamérica y el Caribe.  

Esto se logró por medio del «cultivo de variedades de alto rendimiento en monocultivos sumamente especializados e irrigados, que utilizan grandes cantidades de pesticidas y fertilizantes sintéticos», según la publicación Atlas del Agronegocio: Datos y hechos sobre la industria agrícola y de alimentos

Te puede interesar:

«El uso de estos agroquímicos no solo daña el suelo, sino toda la biodiversidad y la vida que existe alrededor. Pero claro, esos detalles no nos lo mencionan (las empresas y productores) cuando compramos este tipo de semillas», explica Mucia.

Los pesticidas, utilizados de manera intensiva, también implican grandes riesgos para la productividad a largo plazo. Las plagas se vuelven tolerantes a los herbicidas y se adaptan a las sustancias fabricadas para combatirlas. 

La utilización de las semillas híbridas no es el único problema en la agricultura de San Lucas Tolimán. Los productores comenzaron también a reemplazar el sistema Milpa por monocultivos de maíz. 

Solución al problema

Como solución, el trabajo del Imap inició a partir de la socialización de la permacultura, una «alternativa de vida» enfocada en la integración de sistemas, desde la agricultura y la tenencia de la tierra, hasta la salud y la biodiversidad. 

Este trabajo responde también a la lucha histórica de los pueblos originarios. En 2022, por ejemplo, Red Nacional por la Defensa de la Soberanía Alimentaria en Guatemala (REDSAG) se pronunció en contra de la modificación y edición genética de las semillas de maiz. 

«Para nosotros y nosotras las semillas ancestrales y el maíz son sagradas, representan la vida y son elementos importantes de la cultura e identidad de los pueblos», indican en el pronunciamiento. 

El Imap promueve los cultivos ancestrales en Atitlán
La capacitación y la comprensión de la necesidad de volver a lo ancestral es necesario.

Un «banco vivo» de semillas 

Detrás del área administrativa, en el corazón del Imap, se ubica un cuarto de unos cuatro por cuatro metros. Dos de sus paredes se encuentran cubiertas por estanterías, que cargan decenas de recipientes de barro. En ellos, se guardan unos 40 tipos de semillas de distintas plantas, las cuales se encuentran en estado de hibernación.  

La Casa Comunitaria de Semilla funciona como un centro de acopio a donde productores y productoras, que siembran todo tipo de hortalizas, plantas medicinales y algunos arbustos, venden sus semillas nativas excedentes. 

El Imap se encarga de empaquetarlas y venderlas por sobre, libras, kilos o quintales. Cualquier agricultor, de cualquier lugar del país, puede pedir el catálogo, por medio incluso de redes sociales, hacer un pedido y recibirlo hasta la puerta de su casa. 

El Imap promueve los cultivos ancestrales en Atitlán
Patrik Mucia es permacultor y el responsable de la Casa de Semillas del Imap. 

La mayoría de los productores  que participan en el proyecto son mujeres. El Imap ha descubierto que la mayoría de huertos medicinales, familiares y comunitarios, son trabajados por ellas, indica Mucia. 

Además de vender el excedente, las productoras también pueden acceder a otras semillas por medio de intercambios o de créditos. Se les entrega gratuitamente, por ejemplo, una libra de semilla de amaranto y cuando la cosecha termine, deben  entregar dos. 

En 2024, el Imap vendió unos seis quintales de semillas de distintas variedades. En otros años, ha llegado incluso a ocho. 

Este es el objetivo de la casa de semillas: ser un «banco vivo», que se mantenga a partir de la compra, venta y el intercambio entre productores.

Otros ejes de trabajo 

El sistema del Imap está conformado por cuatro ejes: educación ambiental, biodiversidad, soberanía alimentaria, y fortalecimiento institucional. Como parte del primero, la institución brinda formaciones, como un certificado en permacultura y talleres para el procesamiento de los alimentos. 

«Hasta la fecha, más de 25 mil personas se han podido formar. Más o menos, pasan entre 900 y 1,300 personas por año. Dentro de ellos están jóvenes, incluso universitarios, de nivel básico, diversificado y primaria… madres de familia y agricultores», indica Mucia.

Además, ocho personas son ya permacultoras certificadas. 

El Imap promueve los cultivos ancestrales en Atitlán
La permacultura deja más beneficios a las comunidades que los monocultivos.

El Imap también se ha dedicado a la reforestación y regeneración de un área en la cuenca de Atitlán, la cual han convertido en un santuario de aves. Hasta el momento, han contabilizado más de 160 especies migratorias que se resguardan en ese hábitat. 

Por otro lado, el eje de soberanía alimentaria se enfoca en la producción de semillas de amaranto. 

La entidad procesa la cosecha de esta semilla en un «superatol». Luego lo entrega a organizaciones de sociedad civil y estas lo llevan a diversas comunidades para combatir la desnutrición. 

Esta iniciativa ha beneficiado a más de 1,100 niños, con la ayuda de la organización 32 Volcanes y el Hospitalito Atitlán, ubicado en Santiago Atitlán. 

Lo orgánico «era lo normal»

«Lo orgánico ahora es solo para la gente que tiene posibilidades económicas», dice Mucia. Pero, «para nuestros abuelos, lo orgánico era lo normal», agrega. 

El impacto de la socialización del conocimiento que realiza el instituto se evidencia de distintas maneras en San Lucas Tolimán. Las familias, por ejemplo, ahora conocen y consumen el amaranto y han establecido huertos en sus hogares. 

En San Andrés, una comunidad del municipio, una escuela tiene ya su propio huerto. Los niños han cosechado múltiples veces y procesado las verduras, para luego alimentarse de ellas. 

«Lo que hace el Imap es compartir los conocimientos que nuestras abuelas y abuelos desarrollaron para que tengamos la capacidad de producir nuestros propios alimentos», dice Mucia. 

***

Concepción Ajtujal trabaja entre plantas de amaranto. Hincada entre el pasto y la tierra, cosecha las diminutas semillas de esta planta ancestral nativa de Mesoamérica que era parte de la dieta de la cultura maya por su alto valor nutricional. Lo hace en compañía de su loro, que se posa en su hombro. 

Junto a su esposo, esta agricultora de 27 años cultivaba tomate, jocotes y milpa. Solo podían cosecharlos una o dos veces al año. Como abono, utilizaban cerdaza (una mezcla de estiércol, orina de cerdo con alimentos no digeridos), el cual aplicaban debajo de los árboles sin tratamiento.

El Imap promueve los cultivos ancestrales en Atitlán
Concepción Ajtujal adoptó la permacultura y asegura que es más rentable para la subsistencia de su familia.

Los problemas llegaron hace poco más de un año. El suelo dejó de producir con la misma eficacia. Además, la cerdaza, al no experimentar ningún tratamiento, comenzó a generar hongos. 

Ante esto, Ajtujal y su esposo decidieron aceptar la asesoría de sus vecinos: el Imap hace un año y dos meses. Junto a ellos, rediseñaron su parcela, desde un enfoque de permacultura. Establecieron huertos con diseño de mandala. En comparación con los lineales, esta forma permite mejorar la conservación del agua y una menor degradación del suelo. 

Con las semillas que les brindaronlograron una producción aceptable de maíz, frijol y amaranto. Luego, introdujeron semillas criollas, las cuales no son propias de la región, pero tampoco han sido alteradas químicamente. 

En la parcela se cosecha hoy cilantro, repollo, brócoli, coliflor, remolacha, frijol, pepino, tomate, chile, amaranto, jocote, aguacate y maíz.

A diferencia de los monocultivos, que únicamente pueden ser cosechados una o dos veces al año, la agricultura ancestral permite cosechar distintas plantas y productos en cada temporada. Esto les garantiza una alimentación nutritiva. 

Esa diversidad también genera balance y permite que los insectos se distribuyan. 

El Imap promueve los cultivos ancestrales en Atitlán
El Imap busca ampliar la enseñanza de la permacultura para mejorar las condiciones de vida de las familias.

Ahora, la pareja ya no depende solo del tomate, dice Ajtujal con una sonrisa. Las nuevas cosechas permiten que se alimenten todo el año. El excedente es vendido a otras personas. 

El Imap también les enseñó a producir abono orgánico. Hasta el momento, han generado hasta 70 toneladas. Su uso ha transformado la condición de los frutos. Dice que los jocotes, por ejemplo, son más jugosos. 

Ajtujal es hoy una permacultora certificada. Este enfoque, dice, cambió por completo la forma en la que trabaja la tierra y produce para vivir. Las modificaciones que realizó a su parcela le han permitido producir todo el año y alimentarse de forma nutritiva. 


Te puede interesar cómo el pueblo Tz’utujil logró remover al alcalde de Santiago Atitlán, Sololá por actos de corrupción.

Kristhal Figueroa

También te puede interesar