Cómo hackear el algoritmo para que funcione a tu favor

En las comunidades rurales de Guatemala, un solo teléfono móvil suele conectar a toda la familia con el mundo digital. Pero lo que aparece en esa pantalla rara vez refleja su realidad. Con Algoritmo a mi ritmo, un proyecto de Comunicares, jóvenes y comunicadores comunitarios aprenden a reconocer los sesgos de las plataformas, entrenar sus algoritmos y defender su derecho a una información pertinente y sin estereotipos. El proyecto fue presentado en el Festival Expansiva 2025.

«¿Cómo se ve una persona feliz?», preguntó Oneida Rodas a Google en uno de los talleres que imparte. La respuesta que devolvió el buscador no sorprendió: cientos de resultados mostraban …

«¿Cómo se ve una persona feliz?», preguntó Oneida Rodas a Google en uno de los talleres que imparte. La respuesta que devolvió el buscador no sorprendió: cientos de resultados mostraban familias blancas, sonrientes, en casas de ensueño. 

Para Juanita, una joven indígena que vive en una zona rural de Guatemala, esa respuesta la descolocó. «Mi familia es feliz, pero no se ve así», pensó.

Juanita aprendió a manejar el único teléfono de su casa. No solo lo utiliza para entretenerse, sino también para informar y conectar a su familia con el espacio digital. Pero que el algoritmo la excluya la lleva a cuestionarse: ¿qué tan bien se está informando?

De escenas y preguntas como esas nació Algoritmo a mi ritmo, un estudio exploratorio con enfoque mixto que combinó encuestas, grupos focales y metodologías participativas para entender cómo los algoritmos moldean la vida en las comunidades rurales de Guatemala.

Este proyecto fue presentado en el Festival Expansiva 2025 de Agencia Ocote. Lo hizo Oneida Rodas, especialista en alfabetización mediática e informacional con más de veinte años de experiencia y directora de Comunicación Pro Mujer, Pro Niñez y Comunidades Apoyando la Responsabilidad Social (Comunicares).

De acuerdo con los datos de Comunicares, en el 98 % de los hogares rurales de Guatemala hay al menos un teléfono móvil, aunque casi siempre es un único aparato gestionado por los adolescentes o los miembros más jóvenes del hogar. 

Este dato es revelador, porque indica que se trata de la primera generación en la que padres preguntan a los hijos cómo funciona la tecnología. Son los jóvenes quienes median la conexión familiar con el mundo digital.

El estudio subraya que, en ese mundo digital, predomina un relato ajeno a la realidad de estas comunidades: cuerpos blancos, estándares de belleza inalcanzables y estereotipos que erosionan la autoestima.

«En TikTok —dice Juanita— los filtros me hacen ver más blanca, con ojos de otro color».

De AMI a la alfabetización algorítmica

La organización Comunicares trabajó durante años en Alfabetización Mediática e Informacional (AMI). Pero con este trabajo comunitario vieron que hacía falta ir más allá: la alfabetización algorítmica. 

Esto implica no solo aprender a verificar noticias o gestionar contraseñas, sino también entender cómo las plataformas priorizan contenidos y cómo entrenar los algoritmos en beneficio propio.

En la encuesta inicial realizada por Comunicares, el 70 % de los participantes creía que lo que aparece en sus redes sociales dependía de una persona que manejaba la información de internet, del gobierno, de la suerte o de una inteligencia artificial.

Según Rodas, abundaban percepciones como: «la información en internet es gratis», «los datos no importan» o «las contraseñas son irrelevantes».

El rol de los comunicadores locales

Uno de los hallazgos más potentes de la investigación fue el papel de los comunicadores comunitarios. En las zonas rurales son ellos quienes informan en su idioma y con cercanía, creando una relación de confianza. 

El problema surge si estos comunicadores no están alfabetizados: pueden llegar a reproducir desinformación, contenidos sesgados o incluso narrativas generadas por IA sin verificación.

De acuerdo con Rodas, en los departamentos de Guatemala fuera de la capital, Facebook sigue siendo la red social más usada y el medio predilecto para recibir información, junto con las radios locales. 

Por eso, formar a quienes informan es clave. El proyecto enseñó a los participantes a entender cómo funcionan los motores de búsqueda, identificar mitos y miedos y explorar cómo funciona la inteligencia artificial.

Uno de los resultados finales demostró que, posterior a la investigación, el 95 % de los comunicadores aseguró sentirse capaz de entrenar su propio algoritmo.

«Acorta la brecha más rápido que cualquier campaña masiva», afirma Rodas.

Con Algoritmo a mi ritmo, los participantes pasaron de ser consumidores pasivos a usuarios conscientes de que pueden entrenar sus algoritmos, auditar contenidos y tomar decisiones informadas. También comprendieron que, aunque no puedan cambiar a Google, sí pueden cambiar la manera en que se relacionan con lo que ven.

Lo que viene: Código Violeta

El proyecto tendrá continuidad con un nuevo componente: Código Violeta, un módulo enfocado en género. La idea es seguir reduciendo las brechas digitales y de autoestima, particularmente entre mujeres jóvenes, quienes son las más expuestas a los sesgos de las plataformas.


Si quisieras conocer más del proyecto, aquí puedes explorar los resultados del estudio y los aprendizajes.

¿No pudiste estar en Expansiva 2025 o sí, y quieres revivir las experiencias de estos días? Explora aquí las publicaciones del festival. También puedes dar una vuelta por nuestras redes sociales para ver los videos y fotografías.

Carmen Valeria Escobar

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