Mecano: la banda que me quitó lo roquerito

¿Qué canciones y grupos marcaron un antes y un después en tu vida? En esta columna, Edgar Zamora nos cuenta cómo un viaje a la casa de sus abuelos le mostró que la música no empieza y termina con lo que uno siempre escucha.

En mi juventud, me las llevaba de roquerito. Y claro, el rock sigue siendo mi género favorito. Pero en aquel entonces estaba en un círculo tóxico que me hacía pensar …

Edgar Zamora
Óscar Donado

En mi juventud, me las llevaba de roquerito. Y claro, el rock sigue siendo mi género favorito. Pero en aquel entonces estaba en un círculo tóxico que me hacía pensar que, si la canción no tenía un mínimo de distorsión en la guitarra, entonces no era más que basura; algo que no valía la pena escuchar y que no podía ser tomado en serio. Algo que ni siquiera merecía la pena ser llamado música. Pero un viaje a la casa de mis abuelos, que no vivían en Guatemala, lo cambió todo.

Tonto de mí. Para aquel viaje llevé mi discman pero olvidé mi carpeta de CDs y para alguien que escuchaba música todo el día, todos los días, eso era en verdad una tragedia. Desesperado empecé a buscar entre los discos de mi abuela. Boleros, no; Daniela, claro que no; Lupita, Luismi, Rocío, Mariah, no; bandas sonoras de películas, no; rancheras, por supuesto que no. Y cuando estaba a punto de perder la esperanza apareció el Descanso Dominical (1988), del grupo español Mecano. 

Puse el disco y le di play. De inmediato la percusión electrónica, el teclado y un «uuuh». El inicio me sonó algo oscuro, hasta que empezó la batería y el sintetizador tipo Kraftwerk y todo pasó a ser quizá un poco más «juguetón». Luego la primera línea del disco con la delicada voz de Ana Torroja: «La cola de esta noche no tiene final; dos horas confiando que no colgarán el dichoso cartelito de “completo está el local”» y así sigue la canción que describe de una forma muy poética la experiencia de ir al cine. 

Segunda canción, un saxofón y Ana que canta: «es una ocasión singular la de que el dólar esté devaluado». Tercera canción: un piano y Ana: «Nada tienen de especial dos mujeres que se dan la mano; el matiz viene después cuando lo hacen por debajo del mantel». Para este momento, sin una sola distorsión roquera, ya Mecano me había volado la cabeza. 

El disco sigue con canciones que van desde tributos al artista surrealista Salvador Dalí; a la primera perrita que llegó al espacio; hasta una oda al sol y a la luna y la bitácora de un viaje a la Antártida; pasando por una canción que como ninguna, captura la nostalgia del fin de año. Todo un deleite. 

Escuché dos veces el disco y me hice fan del grupo. ¿Y cómo no?, si Mecano era —y sigue siendo— una rareza que parece irrepetible: la combinación de melodías atractivas y el carisma, personalidad y bella voz de Ana Torroja, con la intelectualidad, sensibilidad y genialidad de los hermanos José María y Nacho Cano. Escribían sobre temas sociales como las drogas, el sida, el suicidio y la diversidad sexual; pero también sobre cosas divertidas como el amor, el sexo, el maquillaje o el simple hecho de ir al cine y disfrutarlo. Además, contaban historias completas sobre asesinatos, amores imposibles y dioses mitológicos, todo con los ganchos propios del pop y abordado desde el humor, la crítica, la ingenuidad y la reflexión profunda. 

Un par de años después de que descubrí aquel disco en el armario de mi abuela, Mecano tuvo una reunión (llevaban casi siete años sin estar juntos) y lanzó la compilación Ana, José y Nacho (1998) que además incluía algunas canciones inéditas. Soñé por un momento que podría verlos en vivo, pero ese reencuentro no duró más que el tiempo que invirtieron en grabar la música nueva.

Hace unas semanas, en Instagram hubo una tendencia para compartir tu canción favorita de Mecano. De inmediato me llevó a ese momento adolescente, en el que un grupo español de pop me quitó lo roquerito, invitándome a escuchar más allá de la distorsión, enseñándome que la música no empieza y termina con lo que uno siempre escucha. Por eso, por siempre, estaré agradecido con mi abuela, por su buen gusto musical y claro, con Mecano. Ojalá los dioses del pop nos traigan pronto otra rareza como esta. 

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Edgar Zamora Orpinel

Soy un buscador nato de tesoros musicales, un impaciente coleccionista de discos y un oído siempre dispuesto a escuchar música chilera. A veces hago el podcast Superorganismo y casi siempre soy comunicador social.

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