En una sala con bancas de madera y sillas de plástico, la luz está concentrada en el escenario. Ahí, sobre el tablado, hay un saco, del que sale un pájaro …
En una sala con bancas de madera y sillas de plástico, la luz está concentrada en el escenario. Ahí, sobre el tablado, hay un saco, del que sale un pájaro que emprende el vuelo.
El saco se mueve. Adentro aún queda algo. Pronto se sabrá qué es. Se trata de un niño de marioneta, que cuando logra salir del cautiverio se encuentra a más niños y niñas. No recuerda qué pasó, solo escucha voces y, de pronto, ladridos.

Son las mascotas del niño. Lo reconocen, pero él sigue sin recordar. Lo hará poco a poco, mientras, en paralelo la gente lo busca, se manifiesta por su desaparición y ayuda a reconstruir su memoria. La memoria de Marco Antonio Molina Theissen.
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La escena forma parte de la obra de teatro Yaxché y el pájaro corazón, basada en Viaje a la verdad, una historieta que escribió la familia Molina Theissen sobre el caso de desaparición forzada de Marco Antonio. Tras algunas adaptaciones, se transformó en una obra dirigida a la niñez, a cargo del artista Guillermo Santillana.
Hoy se pone en escena en el Teatro de Marco Antonio, un espacio dentro del Parque Intercultural en la zona 3 de Quetzaltenango. La iniciativa nació de una alianza entre el Parque, la familia Molina Theissen, el grupo de teatro Armadillo y el colectivo de artistas Sona Encendida, para exponer piezas de teatro y memoria.

Desde abril de 2026, Yaxché y el pájaro corazón se presentó gratis a 1,200 niños, niñas y adolescentes de centros educativos públicos. La producción se sostuvo con la colaboración de la familia Molina Theissen, presentaciones públicas con un donativo de Q25 por persona, la venta de artículos de promoción y el apoyo de cooperación internacional.
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El 6 de octubre de 2026 en la primera fila del teatro, hay unas invitadas especiales: Emma Theissen y sus hijas Emma, María Eugenia y Lucrecia. La madre y las hermanas de Marco Antonio Molina Theissen, desaparecido por el Ejército durante la guerra en Guatemala, cuando apenas tenía 14 años. Este día se cumplen 45 años de su secuestro.
El Estado, dirigido en ese entonces por Romeo Lucas García, se había llevado primero a su hermana Emma. Cuando ella logró escapar de la violencia, de la tortura y del cautiverio al que la sometieron en la base militar Manuel Lisandro Barillas de Quetzaltenango; hombres armados entraron a su hogar, tomaron a su hermano y se lo llevaron en un carro con placas oficiales. Su familia no lo ha vuelto a ver.
La antigua base militar se transformó en un parque cultural, un museo de la memoria y un teatro. Es el mismo espacio donde hoy se pone en escena la obra que relata la historia de Marco Antonio.

Emma Molina Theissen sobreviviente de la guerra en Guatemala, explica la intención de que 45 años después la historia de Marco Antonio se haya convertido en arte. Una suerte de justicia poética para su hermano y para los más de 5 mil niños y niñas desaparecidos en la guerra.
¿Qué significado tiene para usted estar hoy, 6 de octubre, en el Parque Intercultural?
Es una fecha tremendamente dolorosa. Marco Antonio fue secuestrado un martes 6 de octubre de 1981 y nunca más supimos de él. Es una fecha que marca un antes y un después.
Su desaparición destruyó a la familia y conmemorar hoy en este espacio junto a tantas personas que nos quieren, que nos apoyan, tiene un significado muy especial. En 1981 aquí se originó la tragedia, la peor tragedia de mi familia.
Hoy justamente ya es un lugar transformado en un espacio para la paz, para los derechos humanos, para la democracia, para la protección de la vida y para otras oportunidades para las personas en este país.
Son fechas contradictorias y en este momento es más contradictorio porque estamos acá, pero este espacio es un espacio que nos llena de esperanza.
Hoy su familia estuvo en el Museo de la Memoria, ¿cómo fue caminar por el Parque Intercultural?
Mis hermanas, mi mamá y mi esposo hicieron el recorrido. Mi mamá solo estuvo en una estación del Museo de la Memoria, que es la que guarda la memoria de mi secuestro, mi cautiverio y mi fuga.
Fue fuerte, fue duro, pero mi madre es como una ceiba, como un yaxché (ceiba, en idioma maya Kaqchiquel ), que es muy difícil quebrar. Pasó y se entristeció, se condolió por lo que le pasó a su hija, o sea a mí.
Es parte de ir sanando, ir enfrentando aquellas cosas que nos asustan, que nos aterrorizan, que nos representan tanto dolor. Pero que son parte de nuestra historia y que hay que dejarnos atravesar por esos espacios, recuerdos y experiencias que marcaron tanto nuestra vida y la siguen marcando.
El dolor jamás se va a ir, pero la angustia la podemos mitigar enfrentando todo aquello que pasó.

¿Siguen en la búsqueda de Marco Antonio?
Seguimos en la búsqueda de sus restos. Ahora lo estamos haciendo por medio del Teatro de Marco Antonio, que es un proyecto de memoria tanto del caso de Marco Antonio, de su desaparición, como de la desaparición forzada de los más de 5 mil niños y niñas que fueron desaparecidos durante el conflicto armado interno.
Estamos dirigiéndonos a niños, niñas, adolescentes, estudiantes en general. Porque son ellos los que tienen que crecer con esa convicción de que la niñez merece una protección y un cuidado especial por parte del Estado y de la sociedad.
Se debe procurar todo su bienestar. La sociedad de cualquier país, incluyendo la guatemalteca, debería preocuparse porque ellos tengan lo mejor de lo mejor en esos años de formación.
Esa es la pequeña semilla que estamos tratando de sembrar, que ellos pueden cambiar el país en función de su propia vida. Que sueñen con llegar a ser adultos, profesionales, ciudadanos y políticos que puedan hacer cambios para que este país proteja a los niños y las niñas del futuro.

¿Cómo describiría la obra Yaxché y el pájaro corazón?
La obra se basa en una revista que hicimos en 2023. Es una ficción que se mezcla con la ternura que deben inspirarnos estos niños y niñas desaparecidas. Es una obra que conecta directamente con los sentimientos del público en general.
Pretende mostrar que el genocidio tiene un rostro humano. Personas que no están con nosotros, que fueron asesinadas, que están desaparecidas. Que a Guatemala le fue cercenada parte de esa generación de jóvenes, de niños, de niñas, de personas valiosas en la sociedad que podían hacer esos cambios que el país necesita.
Tratamos de que reflexionen acerca de la obra. Qué es lo que sienten por esos niños, por esas niñas. Lo que les despierta es empatía, ternura, tristeza por lo que les pasó. Eso es lo que queremos, que todo eso que los hace sentir, los transforme.
¿Cambió algo en usted a partir de la obra?
La obra la conozco desde que fue creada. La revista y la historia original son parte de lo que hizo la familia, lo escribí yo. Luego se transformó, se introdujo el pájaro corazón, tuvo una revisión cultural y unos pequeños cambios. Se llevó a un formato que es más accesible que una lectura.

Necesitábamos convertir la historia en algo que pudiera presentarse a niños, niñas, a todo el público, pero que pudiera abrir diálogos. Es algo que no se puede hacer con la revista, porque la revista se lee en soledad. La idea fue empezar a abrir los diálogos, las conversaciones, las reflexiones del público a partir de haber visto la obra.
Observo una niñez sensible, una niñez que entiende más de lo que yo pensaba que iba a entender, que empatiza inmediatamente con los niños y las niñas y con las personas desaparecidas. Que quieren sumarse a esa reflexión del futuro.
Me ha sorprendido la madurez y capacidad de reflexionar con la profundidad de sus sentimientos y el compromiso.
Simplemente es ir forjando convicciones que van a permitirles desarrollar una vida adulta en medio de esas reflexiones, de esos sueños, de esos proyectos para sí mismos y para el país.
Me siento muy esperanzada de que en Guatemala aún podamos hacer cosas para construir el país que todas y todos merecemos.
¿Qué país sería ese?
Un país donde se respeten los derechos humanos, donde los niños y las niñas tengan la oportunidad primero de vivir, que se sobrepongan a las terribles condiciones en que crece la niñez, en desnutrición y pobreza.
La posibilidad de construir un país donde los niños y las niñas sean el centro de la protección del Estado. Procurarles educación, salud, bienestar, una vida sin violencia, que eso sea verdaderamente algo con lo que podamos soñar.
Si un niño o una niña es tocado por estas historias y de verdad desarrolla a lo largo de su vida una conciencia basada en esa memoria, puede llegar a proponer proyectos, cambios… A cambiar incluso su relación con el entorno y a demandar que el país cambie su relación con la niñez guatemalteca.
Eso es lo que queremos que ellos vayan aprendiendo, que tienen la posibilidad de soñar, pero que también van a tener en algún momento la posibilidad de realizar.

Para conocer la cartelera de presentaciones del Teatro de Marco Antonio puedes revisar las redes sociales de la iniciativa.
Entrevista y fotografías: María José Longo Bautista
Edición: Carmen Quintela




