La Constitución Política de Guatemala está vigente desde 1985. Aunque ha experimentado algunos cambios —como las reformas constitucionales de 1993—, sus bases continúan sin alteración. Agrupaciones como Poder Ciudadano han …
La Constitución Política de Guatemala está vigente desde 1985. Aunque ha experimentado algunos cambios —como las reformas constitucionales de 1993—, sus bases continúan sin alteración. Agrupaciones como Poder Ciudadano han propuesto reformas, pero otros sectores de la sociedad consideran que no son suficientes y proponen una asamblea nacional constituyente.
La propuesta, que implica construir un nuevo Estado, es liderada por el Movimiento por una Guatemala Plurinacional, una alianza entre las Mujeres con Poder Constituyente, el Comité de Desarrollo Campesino (Codeca) y el Consejo del Pueblo Maya que trabaja junto a la asociación Comisión Paz y Ecología (Copae).
Por medio de la asamblea nacional constituyente, el movimiento plurinacional busca eliminar lo que identifican como «nudos estructurales» del país. Así nombran a las ideas fundantes que sustentan y permiten el funcionamiento del Estado actual, pero también perpetúan la violencia hacia los otros y la naturaleza.
En entrevista con Agencia Ocote, Udiel Miranda, director de Copae, explica la propuesta del Movimiento por una Guatemala Plurinacional y analiza el momento político y social que Guatemala atraviesa.
¿Cuáles son los «nudos estructurales» que identifican en el Estado actual?
Uno es la exclusión. Cuando se construyó el Estado actual, ya habían pasado 300 años desde la invasión y la colonización. Ya habían destruido las instituciones, la filosofía, la ciencia del pueblo maya y habían matado a sus dirigentes, a sus intelectuales.
Entonces, desde allí hay una idea fundante del actual Estado: la exclusión al otro, al pueblo maya. Por otro lado, también subyace en el Estado actual la idea del racismo.
Otro nudo estructural es la idea de poner al ser humano al centro, lo que se conoce como una visión antropogénica. Es decir, es el ser humano y todo lo demás —la naturaleza o la Madre Tierra, como se dicen las culturas del sur global—, gira alrededor.
El antropocentrismo es clave en el diseño del modelo económico vigente en la actualidad.
Y el cuarto nudo estructural es el patriarcado en el sentido de que la cultura occidental implementada en Guatemala es la cultura del poder de lo masculino, del hombre blanco y todo lo demás de menor jerarquía, está a su servicio.
¿Cómo se manifiestan estos nudos estructurales en la actual Constitución Política?
En Guatemala, los pueblos indígenas están reconocidos en la actual Constitución de 1985 como «grupos étnicos». ¿Qué mejor forma de entender esa exclusión, el racismo, en la actual Constitución?
Otro ejemplo es el sistema de justicia. La Constitución establece que los tribunales de justicia de Guatemala tienen la facultad exclusiva de administrar justicia, excluyendo el sistema jurídico de los pueblos indígenas. Pero es gracias a ese sistema —de alcaldías y autoridades indígenas—, que la «seguridad» y la llamada «justicia» no ha colapsado.
La «soberanía del Estado», está en singular. Es decir, no está la soberanía del pueblo Maya, del pueblo de Garífuna, del pueblo de Xinka. Sigue habiendo ese nudo estructural de ver a los pueblos indígenas como minorías, inferiores, incapaces de pensar por sí mismo y por lo tanto alguien más tiene que pensar por ellos, alguien más tiene que representarlos.
¿Qué plantean como movimiento, una vez se logren erradicar estos nudos?
Hay que sustituirlos con otros principios fundamentados en la cosmovisión y la filosofía de los pueblos indígenas por un lado, pero también en otras culturas.
Estos principios son la inclusión y la libre determinación de los pueblos indígenas. También incorporar esa noción de la interdependencia del ser humano con la Madre Tierra, de tal manera que podamos asegurar que los bienes comunes y naturales están al servicio de las generaciones presentes, futuras y que tengamos compromisos éticos de cuidado.
El plurinacionalismo, es un paradigma de teoría constitucional que lo que busca es sustituir estos principios fundantes, arrancar o desestructurar los nudos estructurales para establecer una nueva finalidad del Estado, nuevas instituciones y nuevas ideas fundantes.
¿Entonces plantean que el pluralismo es el camino para lograrlo?
Por supuesto. Es decir, el plurinacionalismo en Guatemala está siendo impulsado, promovido por varios movimientos y organizaciones, pero principalmente CODECA, Mujeres con Poder Constituyente, la Convergencia Maya, el Consejo del Pueblo Maya y otros actores que sin que tengan un planteamiento por escrito, tienen claridad en que para arrancar estos nudos estructurales, el camino es un proceso constituyente donde los actores con poder constituyente en un proceso tiene que ser los pueblos. Es decir, un proceso de trabajo (de abajo) para arriba.
Es la forma más clara, más contundente para sustituir el pacto oligárquico, elitista, que es la Constitución política de República de Guatemala.
Esto no quiere decir expulsar o atacar al sector empresarial. No, quiere decir que, por primera vez , el mercado tiene que estar regulado por el derecho, tienen que estar sometido al imperio de la Constitución, porque en la actualidad, a nivel mundial, las empresas están fuera del derecho.
Lo que planteamos los plurinacionalistas es que los pueblos y las empresas, deben diseñar y llegar a nuevos pactos en lo político, en lo económico, en lo jurídico y en lo social para acabar y extirpar de sus raíces los nodos estructurales que hemos mencionado.La ruta para llegar a ello es un proceso constitutivo, es decir, una asamblea popular.
Es plurinacional porque es la manera de darle intervención a los pueblos excluidos sin que tengan que renunciar a su identidad histórica como un pueblo originario.
Eso plantea no solo revitalizar la democracia liberal burguesa, sino principalmente incorporar la democracia comunitaria, que es una democracia permanente, articularlo a la representativa efectivamente, estableciendo mecanismos constitucionales de participación y de control con carácter vinculante a las instituciones del Estado.
¿Qué reformas concretas se plantean desde el Movimiento por una Guatemala Plurinacional, en términos de derechos de los pueblos indígenas, el ambiente y la justicia, los ejes de trabajo de su organización?
Las propuestas deben discutirse entre las organizaciones, líderes y autoridades de los cuatro pueblos (Maya, Garífuna, Xinka y mestizo/ladino que se reconocen oficialmente en el Acuerdo sobre Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas) porque la idea de pactar es eso. Son los pueblos que pactan y llegan a acuerdos sobre temas en lo económico, en lo político y en lo social previo a iniciar ya la asamblea constituyente.
Una de las ideas fundantes que deben quedar en la nueva Constitución es la incorporación de los cuatro pueblos como los que configuran la soberanía de un nuevo modelo de Estado. A eso se le denomina la soberanía pluricultural. Ya no está en singular, está en plural.
En segundo lugar, establecer mecanismos para asegurar el equilibrio ecológico en toda la actividad económica del país. Eso tendría que ver con reconocer derechos por un lado a la Madre Tierra, pero también establecer obligaciones de las instituciones del Estado para garantizar ese equilibrio siempre en toda actividad humana.
La tercera idea clave es el pluralismo jurídico. No podemos permitir que sigan criminalizando y encarcelando a las autoridades indígenas por el simple hecho de ejercer autoridad y aplicar su sistema de justicia en su territorio, de acuerdo a sus principios y a sus elementos de la justicia.
Y un cuarto elemento, es que la economía tiene que servir para mejorar la vida de la gente en armonía con la Madre Tierra. Es decir, primero se satisfacen las necesidades básicas. Desde esa lógica y claro, también el empresariado va a tener su campo de interacción, pero equilibrando «mi desarrollo empresarial individual» en armonía con el desarrollo colectivo de la sociedad en su conjunto.
El Estado plurinacional también propone un principio que se llama el poder obediencial, que quiere decir que el funcionariado público sí tiene que responder al soberano que, en este caso, son los cuatro pueblos. Entonces hay que institucionalizar en la Constitución la revocatoria de mandato. Solo de esa manera el servidor público sabrá de entrada que ante cualquier acto, decisión, conducta que vaya en contra del bien común y de los intereses de la mayoría, hay mecanismos vinculantes para su destitución.
Y por el contrario, ¿qué ideas de la actual institucionalidad definitivamente no deberían de replicarse en una nueva?
Son estas ideas fundantes o nudos estructurales. Eso hay que acabarlo, arrancarlo a la raíz.
¿Existen otras reformas necesarias específicamente para el sistema de justicia?
Actualmente hay una agrupación que lo está promoviendo: Poder ciudadano. De entrada son dos enfoques diferentes con el proceso constituyente que nosotros estamos proponiendo, pero tienen puntos coincidentes.
Uno de los puntos coincidentes es efectivamente asegurar la carrera judicial. Se deben superar las comisiones de postulación y sacar el Colegio de Abogados y las universidades en este tema de decisiones.
Pero hay un punto irreconciliable con la reforma. Y es que ellos (Poder Ciudadano), al plantear el cambio desde la lógica de la reforma, están aportando como premisa que el actual Estado funciona y, por lo tanto, la Constitución. Entonces, dicen ellos, «solo es de hacer algo, algunos pequeños cambios, unos cambios concretos».
Las reformas que propone el Poder Ciudadano desconocen, otra vez más, el pluralismo jurídico, porque vuelve a copiar tal cual está el artículo 203 de la Constitución, donde los únicos que tienen potestad de administrar justicia en Guatemala solo son los tribunales establecidos por el sistema de la justicia occidental.
Entonces, ¿qué va a pasar? Pues sigue la criminalización, se sigue declarando «terroristas» a las autoridades de los pueblos indígenas en el ejercicio bien sea de su función política o en el ejercicio de la administración de justicia dentro de sus comunidades.
¿Cree que en la coyuntura actual es un buen momento para comenzar a impulsar, con más fuerza, una asamblea constituyente?
Sí, yo veo que en la coyuntura actual los actores tienen un poco más de estrategia y de mapeo de poderes y mejor lectura de la cultura política actual. Este es el momento propicio para iniciar un proceso constituyente.
Y es aquí (en la etapa preconstituyente) donde deben intervenir todos los sectores, movimientos sociales, autoridades indígenas y empresarios —porque hay empresarios que no están de acuerdo con el modelo actual, porque un nuevo diseño también asegura mayor certeza jurídica de la inversión—.
Entonces, el proceso constituyente es el mecanismo para que haya intervención, participación, libertad de discutir, de debatir y de consensuar y de acoger. Ya esto se lleva a la Asamblea Nacional Constituyente, pues ya tendría al menos los consensos sobre los puntos medulares de un nuevo Estado con un nuevo sistema económico, político, jurídico y social.
¿Y qué elementos puntuales de la coyuntura actual considera ventajosos para impulsar una constituyente?
Que hemos llevado al gobierno a candidatos y partidos que no venían de los tradicionales, no venían de los grupos económicamente poderosos, pero que, al final, va terminando el mandato y las expectativas generadas durante el proceso electoral y cuando asumieron los cargos, tanto el Ejecutivo como en el Congreso, están por debajo de la realidad.
Porque hay una institucionalidad que no permite incorporar todos los cambios que todo proyecto político puede llevar. Entonces, no es suficiente cambiar personas ni partidos, porque otra vez llegan al sistema y el sistema los va a absorber y aunque terminen haciendo cambios, no son lo que la sociedad guatemalteca y sobre todo, los más empobrecidos por el sistema, necesitan.
No creo que sea por incapacidad. Sencillamente porque hay una arquitectura institucional, política y jurídica que no les permite hacer los cambios.
Y justo retomando este punto, ¿considera que el gobierno actual podría podría ser un aliado para el proceso?
Pues debería ser un aliado. Él (presidente Bernardo Arévalo) nunca ofreció una nueva Constitución ni un nuevo Estado, ni siquiera un Estado provisional. De eso estamos nosotros conscientes. Pero sí planteó que, por lo menos, su legado al finalizar los cuatro años sería haber propiciado un diálogo nacional con todos los actores para iniciar un proceso de discusión de cambios estructurales en el país. Nosotros hemos estado esperando ese llamado y no ha venido.
Y en segundo lugar, debería ser un aliado porque él mismo ha experimentado la voltereta del actual sistema. Él mismo sabe y «está atado de manos», como se dice coloquialmente, para impulsar las reformas. Hay una institucionalidad que no le permite hacer esos cambios que como socialdemócrata planteó en su plan de gobierno.
¿Y considera que la propuesta de asamblea constituyente cuenta con aliados en el Congreso?
En el Congreso hay diputados que no están en sintonía con la idea de un Estado diferente, pero están de acuerdo con hacer algunos cambios estructurales al Estado, algunos en el sistema político, otros se ubican más en el sistema judicial, pocos se ubican en el sistema económico.
Algunos han dicho que si no se democratizan los sujetos de la economía de Guatemala, pues la pobreza, la destrucción, la migración va a seguir aumentando y tienen toda la razón porque no se puede resolver los problemas si no transformamos el modelo económico del país. Entonces, sí son aliados que sin duda hay que tener. Pero va a depender mucho de la capacidad de las organizaciones que promueven el proceso constituyente para fundar un Estado multinacional con los cambios en cada ámbito que he explicado.
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Lee aquí la propuesta de los cuatro pactos necesarios para la construcción de un Estado plurinacional en Guatemala del CPO.
Créditos:
Texto: Kristhal Figueroa
Edición: Lourdes Álvarez Nájera
Fotografías y video: Luis González




