Mercedes Pedrero Nieto «Mientras a los cuidados no le pongamos el significado en dinero, no nos van a hacer caso»

Mercedes Pedrero Nieto lleva décadas midiendo lo que muchos no quieren contar: las horas que las personas —sobre todo las mujeres— invierten en sostener la vida de otros. En esta entrevista, la investigadora explica por qué ningún país de la región ha logrado construir un sistema de cuidados serio; cómo el «cuidado pasivo» —estar alerta aunque no se esté haciendo nada— desaparece de las estadísticas oficiales; y por qué, mientras el cuidado no tenga un precio, seguirá sin tener valor.

En Guatemala, aún no existe un sistema integral de cuidados. Algunos programas aislados —entre ellos, los que tiene a cargo la Secretaria de Obras Sociales de la Esposa del Presidente …

Mercedes Pedrero Nieto
Mercedes Pedrero

En Guatemala, aún no existe un sistema integral de cuidados. Algunos programas aislados —entre ellos, los que tiene a cargo la Secretaria de Obras Sociales de la Esposa del Presidente (SOSEP)— atienden puntualmente la demanda de guarderías, asilos o programas para personas con discapacidad; pero no se dan abasto. 

Mientras, los temas de fondo siguen sin avances. La iniciativa de ley de lactancia materna cuenta con distintas versiones pero ninguna se ha aprobado; La ratificación del Convenio 169 de la Organización del Trabajo para el reconocimiento del trabajo doméstico lleva unos nueve años estancada en el Congreso de la República. 

https://www.agenciaocote.com/blog/2026/08/17/guatemala-sin-avances-para-construir-un-sistema-integral-de-cuidados/

Mercedes Pedrero Nieto es una investigadora mexicana, cuyo trabajo en América Latina ha destacado en el estudio de la economía del cuidado, el mercado de trabajo y las encuestas sobre el uso del tiempo.

En esta entrevista, la experta profundiza en la complejidad de los cuidados a nivel regional, en qué implica realizar trabajo no remunerado en estos contextos y en la importancia de las políticas públicas y de equidad de género.

En su análisis, Pedrero Nieto también cita ejemplos sobre acciones concretas que pueden impulsarse —desde la ciudadanía o los gobiernos— para resolver problemas específicos.

Para la especialista, implementar un «método sistemático para  poner focos rojos en donde está lo urgente» puede ser un buen primer paso.

¿Desde su experiencia en elaboración de encuestas, con datos específicos, qué tipo de información considera que es importante tomar en cuenta para la caracterización del trabajo no remunerado y también de cuidados?

En primer lugar, el tiempo exclusivo que se le dedica a cada una de las actividades; y también el tiempo «pasivo». Es decir, estar pendiente, quizás realizar otras actividades, pero no alejarse de la persona cuidada.

Se debe captar la información de todos los miembros del hogar (tanto de los tiempos en las actividades como de su perfil socio-demográfico), para poder ver cómo se reparten los trabajos entre ellos. 

También es necesario captar las transferencias de trabajo que se reciben de otros hogares y las que se donan.  

¿Cuál sería su recomendación para medir el uso del tiempo, trabajo no remunerado y así visibilizar también los cuidados?

He trabajado en las encuestas de uso del tiempo e incluso tuve la suerte de estar en Guatemala, en algunos seminarios. Evidentemente salía el tema de cuidados de personas dependientes, desde niños, menores, personas con discapacidad, con alguna discapacidad, adultos mayores dependientes. En estos casos, los diferenciamos en las encuestas de uso del tiempo.

En los países de América Latina que he trabajado, es muy difícil usar el «tipo diario».

(En la medición estadística, el formato tipo diario o diario de actividades es el instrumento metodológico más riguroso y preciso que existe para capturar cómo las personas gastan su tiempo en un lapso de 24 horas)

Hicimos un cuestionario analítico donde preguntamos por ocupaciones específicas. Ahí incluí una parte que le llamé cuidado pasivo: cuando una persona tiene que estar alerta, aunque no esté permanentemente. 

Por ejemplo, en el cuidado de un bebé. Si se le está dando de comer, bañando, estás tiempo ahí: es un cuidado exclusivo. No se puede hacer otra cosa, porque no se puede dejar al niño solo en la tina. 

Si –el bebé– está durmiendo, puedes hacer alguna otra cosa, pero no un trabajo asalariado. Sí era importante captar esa situación, porque obliga a la persona responsable de ese cuidado a estar ahí.

Después de las encuestas de uso del tiempo, vas a buscar un valor económico de ese trabajo no remunerado. Mientras no le pongamos el significado en dinero, no nos van a hacer caso.

Diseñé una metodología para hacer esa valoración y más o menos le puedo decir que en todos los países que he trabajado, sobrepasa el 20% el valor del trabajo no remunerado, si se compara con el Producto Interno Bruto (PIB) 

Sobre encuestas de cuidados como tal, nada más se han localizado cinco a nivel global: una en Singapur, Gran Bretaña, Canadá, Estados Unidos y México. Pero en México mezclan un montón de cosas y quisieron meter todo. 

Tenemos que empezar a plantearnos seriamente cómo hacer una encuesta sobre necesidades de cuidados y cómo se atiende. Yo espero lo que me resta de vida laboral,  dedicarle a esto, porque es un tema muy complejo. Hay que hacerlo muy sistemático para ir poniendo por lo menos focos rojos en donde está lo urgente para que paso a paso se vayan cubriendo necesidades.

¿Qué debemos tomar en cuenta cuando hablemos sobre corresponsabilidad, género y cuidados?

Me parece que, en parejas jóvenes y de estratos medios con cierta escolaridad, se está dando un poco la cooperación de la pareja, pero todavía es «cooperación».

No son roles definitivos, a menos de que exista una situación laboral muy específica. Por ejemplo, que ella tenga horarios muy fijos en el trabajo y él tenga libertad para hacer su trabajo en distintos horarios. 

Pero todavía es muy marginal la participación masculina en cuidados.

En familias de edades avanzadas sí se ve. Les toca porque no hay de otra. A veces la pareja masculina entra a cuidar a la esposa que queda en alguna situación de discapacidad. 

En un contexto regional, ¿cuáles son los principales retos pendientes y urgentes sobre el trabajo no remunerado y sobre los cuidados?

Es necesario reconocer que el modelo «familista», tanto del trabajo no remunerado de labores domésticas (cuidado indirecto) como el de los cuidados directos (cara a cara) no puede realizarse únicamente en el seno de la familia.

Las razones son el envejecimiento de la población, sobre todo por la caída drástica de la fecundidad, pero también por el incremento en la esperanza de vida.

Además, la incorporación masiva y permanente de las mujeres al mercado de trabajo. Debido por una parte, a la necesidad de más de un ingreso por familia y la incorporación a mayor edad de los jóvenes quienes permanecen más en el sistema escolar.

Y el cambio de las estructuras familiares. De convivencia de varias generaciones en familias extensas a familias nucleares de sólo progenitores e hijos.

¿Considera que a nivel regional existen países que van por una buena ruta en esa caracterización y abordaje?

Creo que sólo Uruguay. Costa Rica tiene algo.

A nivel local y desde su país, ¿Qué opina sobre la Ley del Sistema Público de Cuidados que se aprobó en la Ciudad de México en julio de 2026?

Es un tema muy comercial y muy político. Se habló de que en los 47 renglones –47 programas presupuestarios de distintas instituciones federales y locales que integran el Anexo Transversal 31 para la Consolidación de una Sociedad de Cuidados en México– estaban hasta los caminos de mano de obra artesanales. 

(Son obras viales, donde el gobierno local entrega los recursos económicos de forma directa para que las mismas personas administradoras del pueblo ejecuten el trabajo).

Yo hice los cálculos de esos 47 renglones. Seis sí se podría decir que son de cuidados, porque también ahí incluían las pensiones que se están dando a las personas adultas mayores.

Claro que ayudan, pero lo que a mí me interesa destacar es que cuando hablamos de cuidados, hay que hacer un énfasis en que estamos hablando de trabajo, no de subsidios. 

No tengo una imagen de que en México se esté trabajando en serio el tema de cuidados.

¿Cree que existe alguna estrategia exitosa que nos pueda ejemplificar el reconocimiento y el valor del trabajo no remunerado y de cuidados?

Primero, encontrar la valoración del trabajo no remunerado. De ahí, dividirlo: cuánto se debe a cuidados y cuánto no. Además, cuánto es el aporte de las mujeres y de los hombres. 

No se habla del diamante de los cuidados: el Estado, la familia, el mercado y la comunidad.

Por ejemplo, en algunas zonas rurales de México veo que lo que sí funciona es la comunidad.

Una persona que ha trabajado conmigo mucho tiempo decía que, por ejemplo, en el caso de doña Petrita, que se quedó viuda y sola, todos los días uno de los vecinos cercanos tiene asignado un día para pasar a ver si amaneció bien, y quién se va a encargar de llevarles su comida. 

Sí hay una solidaridad más cercana entre la población rural y, sobre todo, indígena. 

Sobre la parte cultural, no tener miedo a las instituciones. Yo he sabido de casos en los que la persona que cuida finalmente acaba totalmente deshecha por el peso tan excesivo que es el cuidar a otra persona.

Hasta ahora hay pocos ejemplos de residencias donde la pasen bien las personas, donde se les cuide bien y se les respete. Entonces también hay cierto temor a eso. Pero yo creo que tenemos que trabajar muy duro para ver cuáles son los protocolos de atención, de comunicación.

¿Cuáles son sus recomendaciones sobre las acciones que deben tomar el Estado y la sociedad para visibilizar y valorar el trabajo de cuidados?

Lo primero es que el trabajo reconozca. No se puede valorar económicamente porque no hay con qué pagarlo, pero sí por lo menos el respeto a la gente y saber que la persona que lo realiza también tiene necesidades materiales, anímicas y también de reconocimiento.

Sobre el trabajo en colectivo, si es una cooperativa, en qué medida uniéndose se pueden ahorrar tiempos. Por ejemplo, hace mucho tiempo que empezamos a trabajar en unos ejidos acá en México. La gran diferencia entre un pueblo y otro es que se habían juntado para comprar un molino mecánico, una tortilladora. Con eso se liberaba muchísimo tiempo a la gente.

En Ecuador, cuando estaba Rafael Correa de presidente, gracias a la encuesta de uso del tiempo se decidió que se metiera el agua entubada a una comunidad. No es posible que las mujeres se pasen gastando su vida cargando botes de agua.

Ir detectando problemas muy concretos, que puede ser un ahorro para toda la comunidad, en términos de tiempo y de trabajo.


Puedes conocer más del tema de cuidados en el especial «El trabajo invisible».

Y si quieres profundizar en los cuidados no remunerados y su relación con el trabajo remunerado en el caso de México, te recomendamos esta publicación


Redacción: Lourdes Álvarez Nájera

Edición: Carmen Quintela

Fotografías: Mercedes Pedrero

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Lourdes Álvarez Nájera

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