Juan Francisco Solórzano Foppa y una sociedad silenciada

Juan Francisco Solórzano Foppa fue asesinado el 17 de octubre. En ese recuento de violencia histórica también destacan Alaíde Foppa, abuela de Juan Francisco; Manuel Colom Argueta, Irma Flaquer, y muchos más. En su columna, el GAM aborda la importancia de cuestionar el silencio y el olvido que se impone sobre esos casos.

No fue un sábado cualquiera. El 17 de octubre de 2026 quedará grabado en la memoria colectiva como uno de los más recientes atentados contra la democracia; y más aún, …

Opinión GAM
Diseño Sofia Cabrera

No fue un sábado cualquiera. El 17 de octubre de 2026 quedará grabado en la memoria colectiva como uno de los más recientes atentados contra la democracia; y más aún, contra el derecho a la libertad de expresión de los ciudadanos guatemaltecos. 

Cuando sonaron las decenas de disparos, ese fatídico día no solo terminaron con la vida de Juan Francisco Solórzano Foppa, sino que dieron un terrible mensaje de horror y violencia: En Guatemala denunciar y ejercer el derecho humano a la libre expresión se paga con la vida.

Ese día asesinaron a un abogado guatemalteco comprometido con el servicio a Guatemala y la construcción de un mejor país. En su trayectoria destacan logros en el combate a la criminalidad y la corrupción. Esto último quizá fue lo que le generó mayores enemigos. 

Su trabajo al frente de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT) logró algo histórico: demandó el pago de tributos a grandes empresas que, a través de la evasión de impuestos, aumentan sus ingresos en perjuicio de la sociedad guatemalteca. 

Posteriormente, su estirpe política lo llevó a activarse en diversos espacios en los que su actuar no pasaba desapercibido. Lamentablemente, en los oscuros tiempos de la criminalización impulsada por el Ministerio Público de la Fiscal General Consuelo Porras, fue detenido y encarcelado en uno de los procesos más irregulares de esa administración. 

Lejos de callarlo, encendieron en él una vocación heredada por su abuela, la escritora y poeta Alaíde Foppa, en quien probablemente encontró inspiración. 

Juan Francisco usó las redes sociales para denunciar todo tipo de abusos que se dan en los gobiernos de turno. A su crítica no escapó el gobierno de Bernardo Arévalo, con quien a distancia, se encontraba relacionado a nivel familiar. 

Han transcurrido los días desde su asesinato y a todos quienes le conocimos nos queda hacer un examen de conciencia sobre lo sucedido. La voz temeraria de Juan Francisco representa la de aquellos que no nacieron para callar, aquellos que ante las injusticias levantan la voz, actúan; y lamentablemente en este país, también sufren las consecuencias. 

Para Juan Francisco fueron varias: la descalificación, la prisión arbitraria y la privación del derecho a la vida. 

Hoy, nos queda recordar los muchos como Juan Francisco, que han pasado por el ajusticiamiento, por el simple hecho de hablar; lo cual es sorprendente en un país que conmemora 30 años de firma de la paz, que cada año queda más lejos de consolidarse. 

La sociedad guatemalteca es una sociedad acostumbrada a la implementación del silencio como norma. Y lo que es aún más grave, una sociedad condenada al olvido. 

Hoy fue Juan Francisco, pero en nuestros ayeres están Alaíde Foppa, Manuel Colom Argueta, Irma Flaquer, y muchos más, que a lo mejor ya hemos olvidado, como consecuencia de esa enseñanza eterna de silenciar a quienes alzan la voz.

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GAM

La Fundación Grupo de Apoyo Mutuo (GAM) es una organización de derechos humanos fundada por familiares de víctimas de desaparición forzada en 1984. GAM acompaña a víctimas de violaciones a derechos humanos, promueve la justicia transicional y resguarda archivos históricos, fomentando así la memoria histórica. El compromiso de GAM es la búsqueda de la verdad y la dignificación de las víctimas.

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