La diversidad también habla en idiomas mayas

¿Quién decidió qué cuerpos eran aceptables y cuáles debían permanecer invisibles? En su columna mensual, Visibles expone cómo el colonialismo no solo invadió territorios y cuerpos, sino también impuso una visión única sobre el género, la sexualidad y las formas «correctas» de existir.

El silencio de las personas mayas LGBTIQ+ no significa que nunca hayan existido. Significa que, durante siglos, otras personas decidieron qué cuerpos eran aceptables y cuáles debían permanecer invisibles. Desde …

Columna Visibles
Óscar Donado
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El silencio de las personas mayas LGBTIQ+ no significa que nunca hayan existido. Significa que, durante siglos, otras personas decidieron qué cuerpos eran aceptables y cuáles debían permanecer invisibles. Desde la colonización hasta las gobernanzas actuales, que están dando apertura a la recesión de derechos humanos, volviendo cuerpos en campo de disputa.

Por eso, la discusión no se limita únicamente al reconocimiento de derechos. También es una disputa por quiénes tienen derecho a ser visibles, a participar en la vida pública y a nombrarse desde sus propias identidades sin que ello implique poner en riesgo su integridad, su seguridad o su propia existencia.

En los últimos años han cobrado fuerza discursos que representan a la diversidad sexual y de género como una supuesta amenaza para la familia, la cultura o los valores nacionales. Estas narrativas no solo alimentan el prejuicio y la discriminación, sino que también buscan restringir derechos, deslegitimar nuestras identidades y reducir los espacios de participación de las personas LGBTIQ+ en la vida social y política.

Dentro de ese escenario también persiste una idea profundamente arraigada, donde también dentro de los pueblos, la diversidad sexual y de género es una imposición occidental que amenaza las tradiciones de los pueblos originarios. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a preguntarnos si esa afirmación no forma parte, precisamente, del imaginario impuesto colonial.

Porque el colonialismo no solo invadió territorios y cuerpos, sino también impuso una visión única sobre el género, la sexualidad y las formas «correctas» de existir, relegando a la marginalización de otras formas de vida y percibir la vida que ya formaban parte las mismas personas queer dentro de las comunidades.

Reconocer esta historia implica comprender que la diversidad sexual y de género no llegó con la modernidad ni con occidente. Lo que sí llegó fue un sistema que clasifica, castiga y está borrando todo aquello que escapa de la norma cisheteronormado. 

Frente a los intentos de invisibilización, organizarnos también es una forma de defender los derechos humanos. Cada espacio comunitario, cada organización, cada palabra pronunciada en idiomas maternos y cada historia recuperada afirma que siempre estuvimos aquí.

Comprender nuestra historia es reconocer que no partimos de cero. Somos parte de un camino construido por quienes nos precedieron. Desde los caseríos y comunidades rurales hasta las aulas; oficinas donde muchas personas abrieron espacios para que hoy podamos nombrarnos con mayor libertad. Elles, quienes verdaderamente acompañaron y velaron por todes para dejar un legado de resiliencia, lucha y amor colectivo que sostiene nuestras luchas presentes.

Por: Mely Sanic, integrante del equipo de Visibles.

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