Leila Chun: «El anonimato da comodidad a los agresores de violencia digital»

Leila Chun forma parte del Comité de Guardianas Digitales, una iniciativa de la organización Fundación Oxlajuj N’oj para combatir la violencia digital.

Leila Chun forma parte del Comité de Guardianas Digitales, una iniciativa de la organización Fundación Oxlajuj N’oj para combatir la violencia digital.

Leila Chun
Christian Gutiérrez

Ante las carencias y la falta de interés estatal, en Guatemala varias iniciativas sociales acompañan casos de violencia digital. Lo hacen a través de redes de apoyo con capacitaciones, asesoría legal y psicológica. Una de ellas es Guardianas Digitales, que promueve la Fundación Oxlajuj N’oj.

Leila Chun forma parte de las «ciberguardianas», como se denominan, que además de brindar capacitaciones sobre seguridad digital, también demanda la aprobación de legislación específica para que el Estado asuma su responsabilidad en el tema. 

Chun señala que, igual que sucede con otros tipos de violencia contra las mujeres, en el caso de la violencia digital, a nivel social también se tiende a culpar y responsabilizar a las víctimas y no a los agresores.

En conversación con Agencia Ocote destaca que, a nivel nacional y territorial, en los departamentos del país, la violencia digital sigue siendo considerada un tabú.

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Leila Chun. Fotografía Christian Gutiérrez

¿Hasta qué punto la tecnología dejó de ser una herramienta de conexión para convertirse en una especie de arma para ejercer la violencia machista?

Hay que empezar a entender que el internet ahora mismo es todo un mundo que vino a quedarse y que también es un espacio muy cambiante. Creo que ahí empieza todo. No es lo mismo el internet de ayer, que el de hace 10 años o hace 20 años. 

Las violencias de género facilitadas por la tecnología son aquellas que ya habíamos visto dentro de los espacios físicos, pero se transforman, se acomodan y se viralizan dentro de las plataformas digitales, como por ejemplo, el racismo. 

Es una violencia estructural que ya la vimos en la presencialidad, pero se acomoda dentro de la digitalidad, ahora desde el anonimato. Creo que el anonimato da cierta comodidad para seguir repercutiendo en este tipo de agresiones. 

Los agresores que utilizan la violencia digital suelen intentar aislar y provocar miedo en la víctima, ¿cuáles son las principales estrategias que están implementando las mujeres y juventudes para enfrentar esa problemática?

Una de esas estrategias es la creación del Comité de Guardianas Digitales que nace en 2024 con un grupo articulado de mujeres convocadas por la Fundación Oxlajuj N’oj.

Estudiantes universitarias, lideresas, lideresas indígenas y también otras actoras de sociedad civil nos pusimos a investigar y ver ciertos patrones dentro de Guatemala, entre 2022 y 2023. La digitalidad estaba tomando muchísimo espacio en las conversaciones.

Mirábamos que si una mujer tenía la valentía de querer hablar de política nacional en el espacio digital, era bastante peligroso y creo que aún lo es. 

Entonces, nace esa necesidad de seguir hablando del tema, porque la violencia digital o la violencia de género facilitada por la tecnología es un tema tabú en Guatemala. Tenemos otros países vecinos como México u otros países de la región que incluso ya están legislando acciones para erradicar la violencia digital, cuando en Guatemala apenas es un tema que se está empezando a conversar.

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Leila Chun. Fotografía Christian Gutiérrez

Sobre esas conversaciones que menciona, la ciberseguridad tiene términos en inglés y conceptos pensados desde una visión occidental y urbana. ¿Cómo se logra traducir la educación sobre violencia digital en los contextos locales y territoriales de Guatemala?

Somos varias chicas en distintos puntos de la región de Guatemala y compañeras que tenemos en Chimaltenango, Quetzaltenango, en San Marcos y en las Verapaces, donde cada una toma la responsabilidad de no solo hablar únicamente de violencia digital o de violencia de género facilitada por la tecnología, sino que también nos tomamos el tiempo y la tarea de educar digitalmente a las personas.

Tratamos de trabajar y siempre adaptarlo al público. Porque trabajamos con niñez, con adolescencias, con juventud, también con autoridades indígenas… Porque claro, también es todavía un tema bastante tabú en los territorios.

Hemos hecho un glosario de palabras que están en inglés y los tratamos de apegar lo más posible al español. Tratamos de modificar las palabras con ejemplos también, porque funciona mucho con ejemplos y con experiencias para que las personas sientan más cercanía.

En octubre de 2026, en el Congreso de la República sigue estancanda la iniciativa 6280 que pretende reformar el Código Penal para tipificar la violencia sexual digital. ¿Cuál es su evaluación sobre esa iniciativa?

Es una iniciativa que parece que no tiene interés dentro de la agenda legislativa del Congreso.

Nos damos cuenta que no solo es un problema que nos afecta a nivel de sociedad civil, sino que también afecta a los legisladores, a los gobernadores, a las gobernadoras, a las activistas, pero pese a que es un problema que sabemos que está ahí, ni los diputados ni nadie hace nada al respecto.

Cuando se hacen iniciativas (de ley) a favor de la juventud, de las mujeres o a favor de los pueblos indígenas, parece ser un espacio que no les interesa o no están listos para hablar de esta conversación. 

Nos damos cuenta que son problemas que pueden tener soluciones, pero no está la voluntad política de querer legislar a favor de nosotras.

Puede pensarse que la violencia digital se queda únicamente en las pantallas. Desde su experiencia, ¿han detectado si esta violencia trasciende y afecta de otra manera a las víctimas?

Sí, precisamente también hay que recalcar que solo porque la violencia se ejerza vía espacio digital no significa que no tenga repercusiones en el espacio físico, en la vida personal y también en la persona. Específicamente en las mujeres, porque somos las que tenemos más probabilidades de sufrir una violencia digital.

La víctima puede que se aísle socialmente por los prejuicios que hay a nivel sociedad después de haber pasado por esta violencia. También puede no saber cómo gestionar sus emociones y procede a autolesionarse o tener tendencias suicidas. Son varias las consecuencias, pero también dependiendo de qué tipo de violencia digital sea. 

Después de haber pasado por una violencia sexual digital, puede que incluso a una mujer se le despida de su trabajo por tener este antecedente.

Vemos otras conductas que pasan al nivel sociedad y creo que no solo pasa únicamente cuando se habla de violencia digital, sino que también cualquier tipo de violencia contra la mujer, que siempre se tacha o se le culpabiliza más a la víctima y no al agresor. 

Ante la ausencia de legislación específica en Guatemala, hay iniciativas de sociedad civil que entran a llenar los vacíos. ¿Qué papel juegan para quienes sufren algún tipo de violencia digital?

Las redes de apoyo juegan un papel muy clave donde se les acompaña, se les escucha, se les acuerpa… Porque también hay que respetar la decisión de la víctima, si quiere o no denunciar este hecho. Precisamente el acompañar es algo muy clave.

Las redes de apoyo nacen de la ausencia estatal y de las normativas que no tenemos acá en Guatemala para legislar y para hacer justicia de una situación de violencia digital.

De por sí, el sistema de justicia es deficiente. Son trámites muy burocráticos que al final no dejan nada, no hacen justicia… Prácticamente es una ausencia.

Junto con el Comité de Guardianas Digitales también nació la creación de un protocolo de violencia digital y también de un chatbot digital para saber qué podemos hacer después de ver a una amiga o amigo pasar por una situación. También hay recomendaciones para instituciones estatales de cómo podrían mejorar los protocolos de ayuda y tenemos un catálogo de números de ayuda que también podrían utilizar con organizaciones clave.

Como sociedad civil también cumplimos con un papel bastante importante para seguir denunciando, para seguir hablando, para seguir articulando.

¿Qué cambios considera que son urgentes a nivel Estado para combatir la violencia de género a través de la tecnología?

Me gustaría primero tener un Congreso donde haya mayoría de mujeres; mujeres indígenas, mujeres jóvenes… Pero no solo por ser mujeres, sino que sean mujeres que aprueben iniciativas a favor de las mujeres. No me sirve de nada tener una diputada, pero que ella también se articule con el sector conservador de derecha que tenemos.

Siempre es necesario apelar por personas que sepamos y nos aseguren que también pueden velar por iniciativas, que pueden fiscalizar y que pueden seguir la agenda de las de las luchas sociales que tenemos a nivel sociedad civil. A nivel mujeres, a nivel juventud, porque son sectores que tristemente estamos olvidados a pesar de que somos la mayoría de la población de Guatemala.


En este link puedes conocer Digicuida, el chatbot donde puedes recibir apoyo sobre casos de violencia digital. También puedes seguir las redes sociales oficiales de Fundación Oxlajuj N’oj para más recursos.


Texto: Lourdes Álvarez Nájera

Edición: Carmen Quintela

Fotografías: Christian Gutiérrez

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Lourdes Álvarez Nájera

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