Merecemos apostar por vivir en territorios gozosos, ciudades donde aprendamos a practicar el ocio y el disfrute como práctica política.
De la ciudad de Guatemala se pueden contar muchas historias. Historias de alegrías, sueños, destierros y dolores. Historias de algunas de las personas que más amamos; de cerros y lagunas; de trabajo honesto; de amores y de cuidados vecinales. Hay personas, espacios, barrios y momentos importantes de nuestra existencia que han sucedido en este territorio.
Y a pesar de ello, la vida aquí nos resulta muchas veces pesada. Entre la inmediatez y rapidez que nos exigen las «grandes ciudades», la rutina de todos los días, los problemas barriales y las angustias propias, sobrevivir en la ciudad de Guatemala es, en ocasiones, una tarea más en el calendario. El cansancio, la pesadez y la desesperación en medio de la cotidianidad se apoderan de nosotras; y el cuerpo habla con razón.
Y es que, aunque esta realidad es difícil de sostener, si algo hace que las jornadas y la vida valgan la pena, es la colectividad, la alegría, la fe y la esperanza de quienes aquí habitamos. Porque forman parte de nuestras rutinas, cotidianidades y vidas comunes. Es el café con pan de las tardes; el atol de haba que cocina la vecina todos los sábados; los personajes del barrio; el consejo del vecino abuelo; el perro callejero que está presente en todas las celebraciones. También la marimba, la piñata, los rezos, los tamales y las conversaciones en las puertas de las casas, antes de que caiga el sol.
La vida en comunidad es la que nos sostiene en este mundo que nos es difícil de transitar. Merecemos apostar por vivir en territorios gozosos, ciudades donde aprendamos a practicar el ocio y el disfrute como práctica política. Ante la tristeza, el encuentro; ante la frustración, una conversación; ante el dolor, la fiesta. No es una alegría vacía, sino una llena de significado por lo que en estos territorios ha sucedido y por quienes aquí viven: el ocio como resistencia, como memoria y como poder colectivo para la transformación de nuestros espacios, cuerpos y vidas en común.




