Históricamente, los Estados del norte de Centroamérica han evitado poner los cuidados en el centro de sus políticas públicas. Sin ayuda para cuidar a personas dependientes, sin asistencia hospitalaria a domicilio, residencias, centros especializados o pensiones generales para adultos mayores, el trabajo de cuidados queda en manos de familias, la iniciativa privada o instituciones no lucrativas, donde las mujeres asumen el trabajo. Pero esas tareas pocas veces son reconocidas y mucho menos remuneradas.
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