El castigo al hombre que no detuvo el terror

Las víctimas sobrevivientes no pudieron ver el rostro del acusado y el acusado no pudo verlas a ellas. Es probable que los jueces y el condenado no se hayan visto a los ojos. Y, casi seguro, acusación y defensa no cruzaron miradas. La sala del palacio de justicia era un caos. Pasaron más de 30 años para que este momento llegara, las presiones mediáticas, los obstáculos legales, los saltos en el tiempo en el proceso. Las zancadillas que hicieron parecer que ese día no llegaría, llegó, llegó en una sala abarrotada, tensa, desorganizada. El tribunal leyó una sentencia construida con esmero para impedir caer en un laberinto de amparos, aunque la caída es casi inexorable. Mientras tanto, la historia ya ha sido marcada.